Así nos fue de mal

El genio, encerrado en el interior, estuvo espeando a que ella frotara la lámpara la mitad de su vida. Yo, que había sobornado al genio para que le hablara de mí como uno de sus tres deseos – si no los tres -esperé la otra mitad…

Ella pasó mitad y mitad de su vida deambulando alrededor, creyendo que nuestra lámpara maravillosa no era sino un adorno más, y el genio y yo morimos poco a poco de aburrimiento.

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