Desamores

Si uno de los dos cortó el hilo rojo fue porque, aunque en un principio todo fuera precioso y el hilo pareciera una prolongación más de su dedo, últimamente estaba demasiado tirante, e incluso dolía más de la cuenta. Últimamente el hilo ya no le seguía por donde quería ir, sino al contrario: era la fuerza del hilo quien decidía por donde se podía ir, y – quizás lo peor – por donde estaba prohibido hacerlo. Por eso, un día, al ver las tijeras…

Y pronto encontró otro hilo. Es verdad que aún no era del mismo tono rojo, pero con el tiempo…

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