¿cuáles son tus libros favoritos, papá?

¡Mira que es difícil elegir tus favoritos en cualquier cosa! Mi hija me preguntó ayer que cuáles eran mis libros favoritos y no le supe contestar. Después me puse a pensar,  y me acordé de esos con los que, sin duda, mejor me lo he pasado (cada uno en una época de mi vida)

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Y, por su puesto:

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INFUSIONES DE INVIERNO

No, no me gusta el frío, ni el invierno. Tampoco me gusta el interior.

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¿Qué te parece si cambiamos el rumbo natural de las cosas y del tiempo?
¿Qué tal si damos una vuelta a nuestros propios pasos y lo intentamos al revés?
¿Qué te parece si hacemos que este tiempo que vivimos, con hastío a veces, corra más rápido?
O, mejor aún ¿qué tal si hacemos que corra hacia atrás, o que se detenga?
¿Qué te parece si tú y yo olvidamos que llevamos mangas y abrigo?
¿Qué tal si dejamos esta aburrida tranquilidad de hoy y nos ponemos nerviosos?
¿Qué tal si borramos años de nuestro pelo, de nuestra piel, y de nuestros ojos?
¿Qué tal si recorremos el mundo entero sin necesidad de salir de nuestros abrazos?
¿Qué tal si nos vamos juntos? ¿Dónde? Pues no sé…
¿Qué te parece al parque más cercano? ¿qué te parece a una cafetería? ¿Qué te parece si al mismo cuarto de la plancha? ¡Mientras sea juntos…!
¿Qué tal si reescribimos una tragedia en forma de comedia romántica?
¿Qué te parece si nos descalzamos y recorremos la playa juntos?
¿Qué te parece si cogemos este frío invierno, y nos hacemos una infusión de verano con él?
¿Que si se puede? ¡Claro que se puede!
Solo necesitamos una taza, agua, tus labios y los míos…

pdta: la taza y el agua son optativos.

DON ANTONIO LIROLA, OTRO ARTISTA QUE, AUNQUE LO PAREZCA, NO NOS DEJA.

Don Antonio, aquel hombre que pintaba cine  y que vivía cerca de mi tío – así le conocía de niño – ha muerto. D.E.P.

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“Los días para Antonio Esteban Lirola, no tienen 24 horas, sino que discurren a 24 fotogramas por segundo. La vida de este motrileño de 69 años, de pelo cano y sonrisa afable, ha estado siempre dividida entre el cine y la pintura o, como él mismo bromea, “ha corrido a caballo entre el caballete y el jamelgo de John Wayne”. Durante treinta años fue el encargado de pintar los cartelones que anunciaban los estrenos en las dos salas de proyección de Motril. Ahora, su pasión por el séptimo arte y el amor platónico por Imperio Argentina le han llevado a exponer 42 carteles de películas protagonizadas por la actriz española. La carrera cinematográfica de El loco del pelo planco -apodo otorgado por algunos de sus amigos- comenzó en el Teatro Calderón de Motril a los trece años de edad. Y, como no podía ser de otra forma, empezó de la mano del pincel y del papel: falsificando entradas. “Yo estudiaba en la Escuela Nacional La Graduada, justo frente al teatro. Y cerca de ambos estaba la imprenta donde se hacían los tiques. Aprovechaba los recortes de cartulina que tiraban tras imprimirlas para, con mucho esmero, dibujar entradas de general, porque de butaca, que eran más caras, no me atrevía”, evoca Lirola. De esta manera pudo ver varios cientos de películas, hasta que un día pasó lo inevitable: “Recuerdo que proyectaban El misterio de Mr. Bond, de Boris Karloff, y aquello no hacia presagiar nada bueno. Un amiguete de La Graduada se había chivado y me esperaban en la puerta. Me trincaron y me llevaron al despacho del empresario. Tuve que cantar hasta la marca de tinta china. ” Aquel incidente supuso el inicio de una vida de cine. El propietario del Teatro Calderón se apiadó de Lirolilla y decidió que la mejor represalia para semejante rapaz era la condena a trabajos forzados en la sala de proyección. “Más que un castigo, aquello fue una bendición”, rememora emocionado Antonio Esteban. Durante seis años no falló ni un día en su trabajo de ayudante del proyector y escribió el guión de su particular Cinema Paradiso, película con la que se siente enormemente identificado. “Incluso la plaza de Motril se parecía a la del pueblo italiano. Cada día había un estreno y en la primera lata de películas venía una indicación ministerial de las escenas que había que censurar”, recuerda el motrileño, que guarda en su memoria miles de besos prohibidos que sólo él pudo ver en aquellos años. Entre comedias y westerns, Lirola hizo sus primeros pinitos con los bastidores. “Comencé con carteles pequeños, hasta que un día el empresario me dijo que quería un cartelón de cuatro por dos metros -explica-. Recuerdo perfectamente la película: El beso de la muerte, de Henry Hataway, y no debió de salirme muy mal cuando lo colgaron”. Al primero siguieron más de 2.700, entre 1952 y 1980. Fue el momento de esplendor del cine en toda España. “Gary Cooper y John Wayne me salían que ni bordados, aunque mis favoritos eran Yul Brynner y Sara Montiel”, comenta. Luego llegó la televisión en color y el vídeo, y los dos cines de la ciudad cerraron sus puertas. Las tres exposiciones que Lirola ha estrenado son el fruto del trabajo desarrollado desde entonces. La actual, que podrá volver a verse en septiembre en Motril, recoge cuarenta y dos carteles sobre la filmografía de Imperio Argentina, a la que Lirola considera su auténtica musa.”

Noticia de prensa del año 1995

OBRAS QUE NO HAY QUE PERDERSE DEL PRADO: LA PERLA Y LA OLA (1862)

A lo largo de la historia pocos han sido los grandes artistas que se han privado de pintar la belleza femenina. A algunos parece molestarle a que a otros nos gusten tanto esos retratos, pero es que algunos no podemos evitarlo (ni queremos)

Pintar un cuerpo con esos detalles, darle movimiento, y hacer que parezca que esté vivo varios siglos, años, o simples meses después, es digno de admiración.


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Esta obra, uno de los desnudos más apreciados en el París del II Imperio, fue una de las más destacadas en el Salón de 1863, donde el artista la expuso bajo el título La perle et la vague (fable persane). En una carta a su amigo Olivier Merson, fechada en mayo de 1863, Baudry exponía que había pensado al principio en sugerir lo femenino a través de la ola, pero luego le pareció demasiado abstracto y prefirió mostrar la figura como una perla en su joyero, de modo que la composición se relacionara con el nacimiento de Venus.

La disposición del desnudo de perfil hace muy visibles las sucesivas curvas convexas de brazo, seno y caderas, separadas por las concavidades, éstas cada vez más abiertas, de la axila, el talle y tobillo, como si el desnudo se desplegase en líneas cada vez más amplias desde la cabeza hasta los pies, acompañando al sentido de lectura de izquierda a derecha. Debido a ese carácter sinuoso hubo críticos que vieron en el desnudo la alusión directa a la ola, y no sólo a la perla. En la obra destacan las delicadas carnaciones del desnudo, en el que algunas reseñas reprocharon la ausencia de modelado. La figura aparece radiante de luz en sus calidades nacaradas, rodeadas por un azul claro en un acorde muy del gusto del II Imperio. El esfuerzo del artista por dar una expresión de intensa sensualidad al rostro se plasma sobre todo en la mirada, de reojo, al espectador y en los labios, entreabiertos.

Si no te quedas solo en el color de la piel de Venus, y te acercas a la ola, comprenderás que el arte en movimiento es algo que muy pocos artistas pueden conseguir.

LA PERLA Y LA OLA, DE PAUL BAUDRY (1862)

ROCK DE AHORA: WHILE SHE SLEEPS

Ya sé que esto de la música es como todo (algo muy particular. Son gustos) pero me gusta el gusto musical de mis hijas. ¡Siempre se aprende algo de la juventud!

 

Para mi sobri Marina (con su Oliver Sykes)