OBRAS QUE NO HAY QUE PERDERSE DEL PRADO: LA PERLA Y LA OLA (1862)

A lo largo de la historia pocos han sido los grandes artistas que se han privado de pintar la belleza femenina. A algunos parece molestarle a que a otros nos gusten tanto esos retratos, pero es que algunos no podemos evitarlo (ni queremos)

Pintar un cuerpo con esos detalles, darle movimiento, y hacer que parezca que esté vivo varios siglos, años, o simples meses después, es digno de admiración.


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Esta obra, uno de los desnudos más apreciados en el París del II Imperio, fue una de las más destacadas en el Salón de 1863, donde el artista la expuso bajo el título La perle et la vague (fable persane). En una carta a su amigo Olivier Merson, fechada en mayo de 1863, Baudry exponía que había pensado al principio en sugerir lo femenino a través de la ola, pero luego le pareció demasiado abstracto y prefirió mostrar la figura como una perla en su joyero, de modo que la composición se relacionara con el nacimiento de Venus.

La disposición del desnudo de perfil hace muy visibles las sucesivas curvas convexas de brazo, seno y caderas, separadas por las concavidades, éstas cada vez más abiertas, de la axila, el talle y tobillo, como si el desnudo se desplegase en líneas cada vez más amplias desde la cabeza hasta los pies, acompañando al sentido de lectura de izquierda a derecha. Debido a ese carácter sinuoso hubo críticos que vieron en el desnudo la alusión directa a la ola, y no sólo a la perla. En la obra destacan las delicadas carnaciones del desnudo, en el que algunas reseñas reprocharon la ausencia de modelado. La figura aparece radiante de luz en sus calidades nacaradas, rodeadas por un azul claro en un acorde muy del gusto del II Imperio. El esfuerzo del artista por dar una expresión de intensa sensualidad al rostro se plasma sobre todo en la mirada, de reojo, al espectador y en los labios, entreabiertos.

Si no te quedas solo en el color de la piel de Venus, y te acercas a la ola, comprenderás que el arte en movimiento es algo que muy pocos artistas pueden conseguir.

LA PERLA Y LA OLA, DE PAUL BAUDRY (1862)

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