Anécdota de Mahler

Gustav Malher dejaba que su esposa se ocupase de todas sus cosas. Cuando una vez fue al dentista con un fuerte dolor de muelas, su mujer se quedó en la sala de espera. De repente, se abrió la puerta de la consulta, Mahler salió a toda prisa y le preguntó: “cariño ¿Qué muela es la que me duele?”

EL LADRÓN DE LUNARES

JOSA Y SUS CUENTOS

Cuando no podía dormir él se ponía a contar todos los lunares que dormían en la espalda desnuda de su esposa… Y lo mejor de todo era que lo hacía mientras ella sí dormía, sin despertarla nunca de su bello espectáculo durmiente. Curiosamente, y aunque tenía un cuidado casi exquisito, el resultado de la cuenta casi siempre era el mismo… Y eso le hacía sentir bien. Había veces que se despistaba, y en lugar de contar cuarenta y tres, contaba cuarenta y dos, o alguno menos…. ¡Y eso no le hacía sentir bien! Y repetía la cuenta.
Aun así, casi siempre eran los mismos… ¡Sus lunares! – los de él. A él pertenecían… ¡A él y a ella!
Y esos, sus lunares, le hacían dormir y vivir mejor. Eran como su tesoro, su cuenta esperada durante todo un día en el que apenas se veían por culpa del trabajo. Ella cada día llegaba más tarde… Y cada día más cansada… Cada día un poco más por culpa de ese ascenso tan deseado.
Una noche, sin saber cómo, apareció un lunar nuevo en esa espalda manchada de trozos de cielo.
¿Cuarenta y cuatro? ¡No podía ser! Era la primera vez que le pasaba. Y volvió a contarlos a la noche siguiente. ¡Esa vez fueron cuarenta y cinco? ¡Dios! ¿De dónde vendrían? ¡Cuarenta y seis! ¿Quién los habría puesto allí? ¡Cuarente y siete ya!¿Quién los ponía allí? ¿Habría sido ella como regalo, sabedora de esa cuenta secreta…? Eso quiso pensar.
Los lunares siguieron siendo más en esa ladera de piel trigueña… Todos los días había uno más, hasta que un día contó un lunar menos. Otro día otro. Otro día otro más… ¿Qué estaba pasando? Alguien se estaba llevando los lunares, ya no solo los de más, sino los que siempre fueron solo suyos? ¿Quién se los fue llevando todo?
¿Quién se llevó con ellos las sonrisas?
¿Quién le robó la complicidad?
Y, finalmente ¿quién terminó por dejarle solo en esa cama, sin su mujer?

Clotilde García Castillo

 

Resultado de imagen de clotilde desnuda sorollaNacida el 5 de enero 1865 – Valencia, Comunidad Valenciana, España

Fallecida el 5 de enero 1929 – Madrid, España , a la edad de 64 años

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Se conocieron cuando él todavía era un estudiante y empezó a trabajar en el estudio de fotografía de Antonio García, en Valencia. Allí iluminaba las fotos en blanco y negro, las coloreaba.  Allí encontró a la hija del fotógrafo y ya no se separaron más.

Clotilde García Castillo se casó con Joaquín Sorolla a los 23 años y juntos acabaron sus días. El pintor murió seis años antes que ella, en 1923. Clotilde donó todos sus bienes al Estado para la fundación de un museo en homenaje de la obra de su marido (la casa familiar en la que se levanta hoy el Museo Sorolla).

Fue la albacea de la memoria del trabajo del pintor, guardó todos los testimonios de su vida en común. Las cartas y las fotos, las cuentas y las ventas. La archivera de una vida doble protagonizada por el éxito de él. Sin Clotilde, a la que su esposo llama “mi ministro de Hacienda”, hoy no sabríamos quién fue Joaquín.

Repite a lo largo de los años que las noches sin Clotilde son la peor experiencia de sus ausencias. “Estoy imposible y prefiero acostarme a ver si duermo, no pienso tonterías; adiós”. En 1900 le escribe que el calor es horrible. Le aniquila. “Sudo de modo feroz, la noche pasada no pude dormir, si al menos te hubiese tenido…” De Valencia a Madrid, le da buenas noches y recado: “¡Qué sola está mi cama!”. Otro día: “Querida mía, buenas noches, me voy a la cama, solito y triste por no poderte abrazar”.

Sorolla está a la altura de las palabras de su amada, a quien le reconoce que sería un desgraciado si no ella no existiera. “¡Qué ratos tan tristes cuando no pintase!”, le dice. “La misma pintura no creo que me compensase si tú no me hicieras feliz, Dios en todo me atiende, muchos y apasionados besos. Pintar y amarte, eso es todo. ¿Te parece poco?”, escribe a su mujer en 1908, desde Sevilla, recordando lo mucho que le cuesta estar separado de ella.

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TALLO DE ALAMBRADA (cuadro de Mar Aragón)

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Érase una vez, en un jardín muy grande, unas flores extraordinarias a las que el ritmo de la vida intentó hacer algo ordinario, algo del montón, algo más entre otras muchas… ¡No lo consiguió!
Ella – la mejor de esas cinco flores – apuntaba a sobrevivir a base de evitar accidentes seguros, a derrapajes provocados, a deshielos inevitables, a cortes intencionados, a caídas ayudadas, y a zancadillas podadoras, pero nada de eso pudo con ella. Una flor con esos pétalos no puede caer nunca, y menos si ella misma se recubre con ese tallo metálico con el que repeler ataques que ningún poder tienen sobre ella.
Ella no solo era hermosa por sí misma – que lo era – sino que, además, tenía una fuerza que muy pocos supieron calibrar- sobre todo aquel que osó intentar cortar su tallo.
Cuando el animal lo intentó – e incluso lo hizo – comprendió que aquella hermosa rosa no solo tenía pétalos floridos y coloreados, mágicas esencias y floridos aromas, y estambres y pistilos dulces, sino que su tallo, otrora verde y tierno, se había ido recubriendo de la tela de una alambrada para que nadie – y él menos – pudiera cortarla con facilidad… ¡Y si alguna vez lo intentara que se llevara mayor daño del que quisiera perpetrar!
Ya te digo que la vida, o la naturaleza, o dios, o como quieras llamarlo, intentó hacer de ella una flor más, una flor ordinaria…¡Pero ni la vida, ni lo peor que en ella había, pudo jamás doblegarla, o hacerla no ser simplemente extraordinaria!

Es lo que tiene cuando eres una flor hecha con tela de alambrada, o cuando eres una alambrada de la que ha salido la más bella de las flores.

Para las seis, pero sobre todo para una (la extraordinaria)

Acuarela: Mar Aragón

Texto : Josamotril.

LOS ESPAÑOLES Y SU BIPOLARIDAD

No es bueno generalizar, pero tiene su gracia, y su punto de verdad (también de no verdad):

“COMUNISTAS HASTA QUE SE ENRIQUECEN.
FEMINISTAS HASTA QUE SE CASAN.
ATEOS HASTA QUE EL AVIÓN EMPIEZA A CAER.
FACHAS HASTA QUE EMPIEZA LA CAMPAÑA ELECTORAL”

y aquí un cartelito de un comerciante español, totalmente asfixiado:

Saliendo por la puerta grande