COSAS DEL AMOR

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Él la persiguió por todo el paseo Balduino de la Playa De Poniente, hasta que reunió el valor suficiente para bajar de su bicicleta y esperarla. Al pasar a su lado se miraron, y él la detuvo. Ella no supo qué decir. Parecía tan nerviosa como él. Puede que más. Luchando contra todos sus miedos y sus vergüenzas consiguió hacer que ella se detuviera y le escuchará. Antes de decir nada le pidió perdón, cosa que ella no entendió bien. Después, sin darle tiempo a reaccionar, añadió un “te amo desde el día que te vi” a esa disculpa tan sincera y nerviosa. Ella se quedó petrificada y no supo qué decir. Tan solo sonrió, preguntándole si le estaba hablando en serio. Él le dijo que sí, que sabía que ella estaba casada, pero que era algo que tenía que decirle porque llevaba sintiéndolo muchos años…
Cuando él terminó de hablar ella no supo qué decir. Creo que le dio las gracias. No estoy muy seguro. De lo que sí que estoy seguro es de que, después, cuando él insistió, ella lo mandó a la mierda.  En sus ojos – al mandarlo a la mierda – él vio miedo en ella, rubor, y algo de dolor. Lo que no vio fue convencimiento en sus palabras, y ella se marchó.
Él, observando cómo se marchaba, siguió mirándola mientras susurraba para sí mismo: “si se vuelve es que yo también le gusto” y ella, mientras caminaba, giró su cabeza para mirarle por última vez. Él sonrió… ¡Fue muy bonito!

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