MIRAR UN CUADRO Y ESCRIBIR LO QUE SALGA(Cuadro de Ed Gordeev)

Hacía mucho tiempo que no se lo pasaba tan bien. La idea de volver a quedar con las amigas de siempre, ir al cine, comer palomitas, y después ir a ese mexicano tan chulo… – – – ¡Dios, qué feliz me siento otra vez! – se repetía a sí misma, observando las gotas de agua cayendo sobre la acera, y evitando los charcos para no deteriorar sus nuevas botas. Hasta la lluvia le gustaba cuando, como pasaba esa noche, venía sin la compañía del viento… Sonríe al recordar a su amiga Susi diciéndole que está más guapa que nunca, y que se le ve la felicidad en la cara…
– Qué silenciosa está la calle… ¿Las tres ya? ¡joder, qué tarde! ¿Quién es ese que me sigue en la oscuridad…? Sí, me está siguiendo… ¡Y no tengo batería en el móvil! ¡Hay otro en la otra acera! ¡Dios!
De pronto hasta la lluvia se detiene, como pasa con el sonido de la vida, cuando nota cómo le tiran del pelo con violencia. El paraguas queda tendido en el suelo, como un plato, y el agua entra. No oye nada, pero sabe que esos labios agrietados y sucios le están diciendo cosas poco agradables. ¿Qué está pasando? ¿Por qué no reacciona mi cuerpo?Dos tipos me desnudan con violencia, como si no hubiera un mañana para ellos, y destejen las ropas que tanto trabajo me costó ponerme. Ellos no cesan en su empeño y golpean, magullan, arañan, haciéndome daño, pero yo… ¡Yo no hago nada por defenderme! Y allí me quedo, expuesta a ellos, dejándome perder en el infierno de mi futuro. Es, como si en ese momento, supiera el feroz destino que me espera en la vida… Pero ¿por qué no lucho? ¿Por qué no soy como ellos y envilezco para darles su  merecido?
Ella no lo sabe, pero es que ella no es como ellos, y no sabe luchar contra el miedo.  A ellos les hace más valientes, pero a ella no… A ella le paraliza. Y cae al suelo como el agua, de igual manera, sin nada que hacer o evitar, salvo el golpe final, y tiene miedo, pero no por lo que le están haciendo – que es atroz, pero será pasajero – sino por no ser capaz de soportar ya aquello que sabe que le acompañará ya durante el resto de su vida… Es verdad que no sabe ponerle nombre – o no quiere hacerlo – pero también es verdad que empieza a doler antes de nombrarlo siquiera.

 

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