Vagando por la eternidad: La noche de halloween

image

Tras una eternidad vagando por este ya aburrido y monótono mundo fue en el año del 2018 – o eso creo recordar -cuando todo empezó a tener sentido otra vez. Jamás esperé encontrarlo en aquel pequeño pueblo en el que estaba de paso, como tantos otros, pero fue allí donde vi a aquella mujer tras aquella ventana, oculta entre sus cortinas, mientras se despojaba de esas ropas tan modernas. Verla desnudándose fue como volver a sentirme vivo otra vez… ¡Vivo! ¡Yo! Alguien que llevaba muerto ya más de dos siglos, justo desde que Electra decidiera poner fin a su eternidad.

Durante todos esos años había sufrido una más que aguda falta de emoción que se tradujo en una profunda crisis de identidad que mantenía mi pensamiento en suspensión de ideas y de deseos, y que flotaba por las noches al igual que mi cuerpo: sin ningún sentido, ni dirección concreta… Podía decirse que volaba por no estar parado… Nada más.
Aquella mujer me hizo izar de nuevo las alas, y frente a su ventana esperé hasta que el sueño se hiciera dueño de su alma. Juro que quería seguir de largo, como hacía todas las noches, deambulando por pueblos que aún no había visto, pero aquello me llamó tanto la atención que no pude resistirme… ¿Qué tenía que perder? ¿Tiempo?
Juro que sólo me colé en su alcoba para, mirarla, acariciarla, y, si acaso, con suerte suprema, para despertarla y besarla…

Ella dormía ajena a mí, y a todo lo que no fuera esa plácida noche de octubre que parecía casi de verano. Ella parecía un ángel, con el cabello caído sobre la almohada adrede, formando extrañas figuras circulares. Su cuello parecía de mármol, pero era caliente, como el resto de su cuerpo, que invitaba al deleite de la fiesta. No pude dejar de mirarla en ningún momento, hasta que mi dedo se acercó a su mejilla y la desperté.
Yo solo quería admirarla… Lo juro. Lo que no quería era matarla de esa forma tan violenta. Pero ya se sabe… Una cosa lleva a la otra.
Primero intenté besarla, pero ella no quiso recibir mi beso.
Después intenté calmarla, y la abracé, pero tampoco quiso recibir mi abrazo.
Entonces pensé en algo que sí recibiría – quisiera o no – y por eso saqué ese terrible y dulce cuchillo que tengo en mi boca y… ¡La tuve que besar sin compasión!
En total, recibió tres puñaladas en su cuello: una por el beso, otra por el abrazo, y otra, la tercera y definitiva, para que no sufriera más, para que dejara de gritar, y, sobre todo, para que dejara de mirarme con esa cara de miedo…

3 comentarios

DEJA TU COMENTARIO (bueno o malo)

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .