CUANDO UN “SÍ” ACABA CON MIL “NOES”

Acababa de cumplir los nueve años cuando nos fuimos de acampada con el novio de mi hermana, un joven atlético que, la verdad, hacía todo lo posible por agradar a toda la familia. El chico era encantador. Esa noche yo dormía en la tienda de al lado, con la hermana de él, que tenía más o menos mi edad. También era encantadora. Después de montar las tiendas cenamos unos bocadillos de jamón, acompañados de refrescos, y cantamos canciones alrededor de un pequeño fuego. ¡Lo pasamos genial! El problema empezó cuando nos fuimos a dormir. Mi hermana y su novio nos engañaron y se fueron juntos a una de las tiendas, mientras que las dos pequeñas nos quedamos solas, en aquel bosque oscuro… ¡Creo que nunca había oído tantos ruidos en medio de tanto silencio! Lo reconozco: Me asusté, y no fui capaz de conciliar el sueño como mi compañera de tienda, que apenas tardó un minuto en caer en la trampa de la noche. Le di mil vueltas a mi colchón, y otras mil di yo dentro de aquel saco tan incómodo, pero no pude conciliar el sueño. 
A media noche salí de la tienda alertada por los ruidos de fuera… No estaba segura pero desde mi tienda me pareció escuchar a mi hermana gimiendo o llorando. Al salir pude verla peleando con él. Allí estaban sus sombras, dibujadas sobre la lona de la tienda de campaña. Ellos no me podían ver a mí, pero yo les veía a ellos como aquellas figuras de los teatros de sombras que nos hacía papá cuando éramos más crías.
Pero… ¿Qué estaba pasando allí? Ese tipo que creía tan simpático y bonachón estaba sometiendo a mi pobre hermana, golpeándola, maltratándola, y ella no podía hacer otra cosa que pedirle que desistiera… Pero no, él no hacía caso, y seguía empujándola, y embistiendo sobre ella como una fiera. Asustada comprendí que tenía que hacer algo, y rápido, porque ese animal le estaba haciendo daño a mi pobre hermana. Ella gritaba y gemía, y le decía “no” constantemente. Recuerdo todos y cada uno de esos noes, y cómo su sombra se retorcía, y cómo la de él se apretaba contra ella sin hacer caso a su dolor…
Quise ayudar a mi hermana, y separar aquella sombra siniestra de detrás suya, pero era tan niña y tan cobarde que no supe reaccionar. Ella seguía gritando, y él le pedía que no gritara, que contuviera sus gritos…
– Nooooooo…. Nooooooo… Noooooooo – gritaba ella. Entonces, cansada de tanto sufrimiento, cogí un tronco que había en el suelo y me acerqué hasta la tienda. Iba a golpear su sombra cuando… todos los “noes” de mi hermana se convirtieron en el “sí” más largo y grande que había escuchado nunca.
– ¡siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií
-Te quierooooo – le dijo después, cayendo los dos sobre el suelo, susurrando, haciéndome comprender que lo que allí estaba pasando era algo que aún escapaba a mi escasa edad.
Con cuidado volví a mi tienda, me embutí en mi saco, y recordé aquel sí que salió de los labios de mi hermana…¡Dios, cuánto placer sentí a través de ella!



– ¡siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií

– ¡siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiií

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