ejemplo de respeto de un ministro hacia la institución que representa, que es, precisamente, la de todos sus compatriotas.

Podrá parecer exagerado – y más en un país como el nuestro donde nadie pide perdón, y mucho menos se atreve a dimitir – pero es espectacular la manera que tiene de disculparse, ya no ante su adversaria política, sino ante la cámara que representa, a la que debe todo su respeto y su honor.

¡Eso debería de ser la política!

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