LA MÚSICA NO SOLO SE OYE. TAMBIÉN HUELE.

image

Hoy en día vivimos de otra manera. Ni mejor, ni peor… ¡Diferente! Ahora todo parece mucho más fácil que antes, aunque no lo sea; y también más rápido, incluso ¿más barato?… Y también parece todo más impersonal.

Por eso me siguen gustando los vinilos, y por eso se los inculqué a mis hijas. Cuando los abres aún huelen a música antigua, a artesanía… y, sobre todo, a aquellas personas que te rodeaban cuando los escuchabas. Y es que, antes, la música, se oía casi siempre en compañía, y en torno, o alrededor, de un disco.
Si tuviera que identificar la música con un olor sería, sin duda alguna, con la del color negro brillante de un vinilo cuando lo sacas de su carátula y de la funda de plástico con el que lo proteges dentro.

Por eso mis hijas saben que la música no solo se oye, sino que también se ve, y, sobre todo, huele… ¡La buena música huele a vinilo!

la musa fue siempre la verdadera artista

La imagen puede contener: 10 personas, personas sonriendo, interior

Muchos piensan que es injusto que sea precisamente la musa la que siempre tenga que estar desnuda frente al artista… ¡Y les parece mal! Incluso lo critican abiertamente… ¡ Y en su derecho estarán!
Pero son pocos los que saben que no es ella, la musa, la que se desnuda, sino que es realmente el artista el que se desnuda ante ella cada vez que la pinta, la esculpe, o la describe…
Y si la pinta es precisamente para vestirla, para que no le falte de nada, y para que, de paso, le sobre de todo.

SONRISAS CON CONTAGIO

image

Los hay que para sonreír no necesitan otra cosa que no sea encontrar otra sonrisa que admirar, amar, e imitar…
Y entonces no le queda más remedio que sonreír si ella le sonríe…
Y entonces no le queda más remedio que soñar si esa sonrisa le invita a soñar…
Y, sobre todo, no le queda más remedio que besar si esa maravillosa sonrisa quiere ser besada…

Queridas hijas DOS PUNTOS

FB_IMG_1421715182137

¿Te has parado a pensar que esa persona estúpida, que nunca te sonríe, a lo mejor no lo hace porque no es capaz de encontrar un verdadero motivo? ¿Y si no hay nadie que la haga feliz? Prueba a sonreírle, a decirle algo amable. A lo mejor su actitud cambia, como debería cambiar el mundo.

¡Hagamos de este mundo algo más humano, más animal… Menos impersonal!

Como decía alguien muy especial: “toquémonos más. Sonriamos y… ¡Contagiemos el mundo!”