COMPARTIR PUERTA

Y así fue como empezaron a gustarme… Como tienen que gustar las cosas: sin sentido alguno.

Ella estaba en aquel allí. Él estaba en el otro aquel allí. Cada uno era de una puerta diferente, pero los dos morían por compartir la misma, al menos un momento… ¡Su momento!

¡Y eso hicieron! Estuvieron en esa puerta todo el tiempo que pudieron, disfrutando de algo único, viviendo un momento irrepetible… Hasta que tuvieron que volver a sus puertas por el bien de todo el mundo.

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