FLAMBEarte

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¿Que qué era lo que más me gustaba de ella? ¿Y solo puedo elegir una cosa? ¡No puedo quedarme solo con una! Es imposible.

De ella me gustaba casi todo… Y no es una frase hecha. Me gustaba de ella su cálida textura a su paso por la yema de mis ojos; me gustaba su tersa frescura que hacía que pareciera siempre bañada en rocío de verano; me gustaba su suave sabor a vainilla dulce, ese sabor que me devolvía a aquellas tardes veraniegas de mi infancia; me gustaba su claro color de enigmática oscuridad; me gutaba ese caramelo líquido que siempre llevaba escanciado por encima, rodeándola; y, sobre todo, me gustaban esas terribles ganas de clavar mi cuchara en su cuerpo “flambeante”…

Y es que, era ella, sin duda, el flan preferido de todas mis sensaciones… Nada era parecido a aquel elegante deseo de flambearla con el fuego de mis dedos, y hacer de ese flan que era ella puro arte.