NO TENEMOS PERDÓN DE DIOS

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No han perdido el móvil, ni han suspendido un examen. Tampoco le han dejado sin su paga… Ayer mismo perdieron a su madre en el mar.

¡No tenemos vergüenza!

LA ÚNICA PALABRA QUE TIENE TODAS LAS VOCALES

Resultado de imagen de MURCIÉLAGO

DICE TODO EL MUNDO QUE LA ÚNICA PALABRA QUE CONTIENE TODAS LAS VOCALES ES MURCIÉLAGO. NO ES VERDAD. HAY MÁS:

ESCUÁLIDO, PELIAGUDO, MENSTRUACIÓN, EDUCACIÓN, COMUNICANTE… Y SEGURO QUE HAY MÁS.

el verano

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El verano es – o debería ser – algo así ¿no crees?

Si eres hombre quieres verlo así.

Si eres mujer te mueres por sentirlo así.

MI CANCIÓN

“800 streets by feet” ¿Es esa mi canción? Difícil de decir. ¡Ha habido tanta música en mi vida! En realidad no recuerdo una época de ella en la que la música no haya sido la protagonista… De niño con aquellos discos del Círculo de Lectores, de joven con aquellos comprados en Discoplay por correo, y luego en aquella maravillosa tienda de Sánchez – ¿te acuerdas primo Luís? – y hasta ahora. Lo que sí puedo asegurar es que llevo escuchándola  a diario, y no exagero ¿cuánto? ¿Seis o siete años ya? Me la sé de memoria, sí, nota tras nota. Siempre sabes la que va a venir a continuación, e incluso el sonido del dedo golpeando en el teclado, pero siempre que la oigo es como si fuera la primera vez. Nunca deja de sorprenderme. Me sé cada movimiento del dedo sobre la tecla, cada golpe de dedo sobre la pesada cuerda del contrabajo, y hasta cada roce del palillo con el platillo de la batería… Pero no me canso de oírla.¿Sabes por qué? Porque esta canción ha logrado lo que nada,  ni nadie, ha hecho antes. Esta canción ha sido capaz de borrarte de mi mente, hacer que, durante el tiempo que dura su música, tú no existas, y, lo que es mejor, hacer que ni siquiera yo exista. Allí dentro nada existe salvo la música. Ni el mundo, ni nada, aunque solo sean los 18 minutos que dura, o los 36, si la repito… Es esta canción el rincón donde puedo alejarme del mundo, y donde tú no eres mas que lo que eras antes de aparecer en mi vida: una simple palabra.

Durante ese tiempo el universo se hace oscuro – a veces es blanco – y como si fueran satélites, o estrellas flotando sobre ese manto de ningún color, veo un piano, un contrabajo y una batería, pero nadie los toca. Hay veces que incluso veo las teclas del piano, separadas, flotando, y van brillando conforme debieran sonar, para que yo las siga y las pise. Otras veces sí que veo un hombre calvo, moviendo su cabeza, sudando sobre las teclas, y agachado con su chepa y con camiseta de rayas blancas y negras… No tiene rostro, pero me sonríe mientras suda sobre el teclado, añorando una vida que dejó olvidada. Después le veo sumergirse en un lago del que ya nunca más saldrá.

Es esta la canción que solo es ella, sin nada más, sin una imagen asociada a cada nota, sin un sentimiento – cada día es diferente – sin un nombre tatuado o gritado entre el compás, sin un lugar determinado, sin mar ni cielo, sin olores ni colores… Una canción que es sólo ella y yo. Es más, ni siquiera soy yo… Es sólo ella… Sólo un contrabajo, una batería y un piano…Torrentes y cascadas de agua de piano donde nadie puede entrar y donde me baño libremente, desnudo, sin miedo, sin prisa, sin ¡nada! Y donde me convierto, al son de la música, en uno más de los vagos recuerdos de mi deseo, ese que siempre desaparece cuando tú despiertas a mi lado… Es esa música ese deseo que sólo sé vencer  mientras las febriles notas acompasadas por ese pianista se adentran por mis oídos para llevarme al sueño deseado, ese que sólo consigo cuando soy capaz de alejarme del halo que desprenden tu aliento y tu piel cuando estás tan cerca como la canción que oigo. Inmerso en ese vaivén de caderas musicales que escapan de un piano que llora, consigo disfrazarme con el nuevo traje del olvido, aquel que me permite lo no permitido, y me alejo de mí, y me alejo de ti, y me alejo de todos… Y me alejo de todo, y se dibujan curvas luminosas que quiero seguir mientras olvido el descaro del cuerpo desnudo y dormido de la mujer que también me has intentado robar.

Y, de repente, me baño entre cielos de felicidad pintada porque, por fin, me siento libre hasta de mí, y vuelo y me alejo, y vuelo más alto, y más… En realidad no soy capaz de ver la altura a la que lo hago porque el suelo dejó de existir tiempo atrás. Allí, con el sueño casi vencedor por fin, el universo de la canción se hace eterno, pero cerrado, y donde a nadie puedo meter… Ni siquiera a ti. 

El otro día lo intentaste otra vez. Intentaste meterte en la canción… No lo sabes, pero siempre te veo intentarlo. Y siempre sonrío. ¿Sabes por qué? Porque allí estoy a salvo de ti. Allí nada puedes hacer, y, mientras volvía a verte intentarlo, sonó el piano, lento, triste, “melancohólico”, y aprovechando el momento en el que el contrabajo se adentraba, intentaste colarte por una puerta inventada. Por una vez quise que entraras en ese universo, y que flotaras entre los instrumentos, y rodear tu cuello como si fuera el piano, pero no me dejó. ¡Fue imposible! La puerta se cerró, después desapareció, y tú volviste a tu lado de la cama, y yo, a mi canción, donde después también desaparecí.Y volví a disfrutarla… Pero esa vez supe algo nuevo: te estaba venciendo al fin.

Por eso me gusta tanto oírla… Porque ya, de una manera u otra, suena a ti. Sí, es verdad que me robaste muchas cosas, que me robaste hasta mi rincón de aquella playa, pero, a cambio, has hecho que todo sea más hermoso de lo que ya era… ¡Y más mío!

Adiós querida. Nos vemos en la canción… En esta canción prohibida a la puta ansiedad.