Compartir belleza

De pronto llega a uno la paz veraniega, esa que a veces se escapa por eso que llaman “el paso de los años” o eso otro de “hacerse mayor”, y esa paz que quisiera compartir con el mundo si fuera artista para saber hacerlo…Y ahí, sin saber cómo, ni buscarlo, uno descubre que tiene toda la tarde para sí, y toda la arena, y todo el mar, y todas las olas, y toda esa brisa con aromas salados, y todo ese sol que baña su trópico y su piel… Y, por primera vez en unos días complicados todo se descomplica con el sonido del arrastre de esas piedras multicolor, y vuelve a ser aquel niño enclenque y negruzco…

Y allí, frente a su cosa favorita, recuerda cómo es capaz de vencer a las propias reglas matemáticas… Allí recuerda que ellos fueron siempre dos lineas paralelas, pero que, aún siéndolo, siempre acababan uniéndose justo en el punto en el que ellos deciden que suceda… Y allí todo le pertenece otra vez, sin posibilidad de que se lo quiten… Pero él quiere compartirlo… Y eso hace…

Feliz tarde a todos los que no puedan sentirse así… A veces es complicado.

Un comentario

  1. Que suerte la mia, leer el texto y comprenderte a la perfección, este lugar mejor dicho este paraiso lo cura todo. Incluso hoy con el nublaillo y la playa casi totalmente vacia es genial, poder disfrutar de ella, el mar, el agua caliente, la arena.
    Yo precisamente ahora mismo me encuentro en este fenomenal momento y lugar

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