EL PENÚLTIMO TREN

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Él siempre fue un hombre feliz precisamente por culpa de eso que tan infeliz hacía a tantos otros. Mientras los demás se quedaban llorando por perder el que pensaban que era su último tren, él siempre seguía esperándolo… Aunque hubiera partido ya.

Él siempre sospechó que el último tren nunca podía ser realmente el último si él no quisiera que lo fuera. ¿Acaso cerraban todas las vías? ¿Acaso no había más andenes? ¿Acaso podían impedirle el esperar un poco más? ¿Acaso estaba obligado a darse la vuelta y llorar la pérdida? ¿Acaso no tenía derecho a decidir por sí mismo cuál era el último tren? ¿Acaso el que para los demás era el último tren no podía ser el primero para él?

Él siempre sospechó que, tarde o temprano, aparecería otro tren si permanecía en la estación… Y si esperaba el debido tiempo, y sin perder el juicio, ni los nervios, podría aparecer el mismo, ese que parecía el último, convirtiéndolo simplemente en el penúltimo, lo que lo hacía más especial aún.

PARA “LA CONSU”

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