¿Imaginas…?

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¿Imaginas que tú y ho hubieramos podido escribir en nuestras bocas, solo con la pluma de los labios y la tinta de la saliva, lo que solo fuimos capaces de escribir en estos emocionantemente tristes diarios? ¿Imaginas nuestras pieles esparcidas en ese papel en blanco que nunca jamás podremos volver a escribir yo, y a leer tú ?

¿Imaginas?

MI CABREO

Espero no tener que oír luego a los “lideruchos” se los partidos que pueden formar gobierno eso de: “hemos perdido por culpa de la gente, que no ha salido a votar” .

¡No vamos a ir a votaros otra vez! ¿Hay que repetirlo otra vez?

Firmado: uno que no se ha perdido un solo día de urnas desde que tiene 18. Si me obligais a ir otra vez votaré en blanco por primera vez en mi vida… Porque ni vosotros me vais a quitar mis ganas de democracia, so cabr…

El nombre del insomnio

De día vas a casa de un amigo y envidias su casa, lo bonita que la tiene, lo espaciosa que es, ese jardín… Una casa que tú nunca tendrás. Otro amigo te habla de su maravilloso trabajo, de lo bien que se lo pasa, de lo mucho que gana, y le envidias también. Ves el cochazo de otro tipo y dices: “¡Cómo molaría tener uno así”! Y es que, a lo largo del día ves muchas cosas que no tienes – ni puedes tener – y eso te hace sentir un tanto infeliz…

¡Menos mal que luego llega la noche!

Por la noche, en tu cama, antes de cerrar los ojos sonríes porque te sientes lleno, porque crees – y sabes – tenerlo todo. Al cerrar los ojos duermes tranquilo, y en mitad de la noche aparece ese aliado tuyo, ese al que otros llaman insomnio, y que tú reconoces como lo mejor que te pasa a lo largo del día y de la noche… Y miras a ese insomnio, y lo acaricias suavemente para que no despierte, y lo besas en silencio para que no desaparezca, y ya no puedes volverte a dormir mientras esa sonrisa sigue dibujada en tu cara, en tus dedos, y pronto – si dios quiere – en tus labios…

Ese insomnio lleva su nombre, el nombre de la persona con la que compartes la noche, ese lugar donde sabes que tienes todo lo que necesitas para sonreír y para saber que serán los demás los que, al día siguiente, deberían envidiarte a ti.