¿En qué se parecen los problemas y aquellos que viajan?

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Los problemas y los que viajan tienen algo en común…

¡¡¡Ambos son pasajeros!!!

Así que, ¡a viajar más, y a llorar menos!

FRENTE AL ARMARIO

ilustraciones, animaciones y dibujos de la Bea: tinta china y acuarela, modelo vivo

Esa mujer que ves dibujada ahí frente al armario eres tú que, como cada mañana, estás pensando qué ropa ponerte…

Este que lees aquí soy yo que, como en cada momento del día, está pensando cómo quitártela.

“La doncella y la muerte” (Relato corto finalista premio. Temática: muerte y juventud)

La idea del pequeño concurso era escribir algo para la juventud, algo que les hiciera ver la muerte de otra manera. Ni mejor, ni peor porque la muerte es lo que es. Al ver este cuadro de Marianne Stokes, llamado “la doncella y la muerte” he pensado en su posible conversación.

la doncella y la muerte. Cuadro de Marianne Stokes (1800)

– ¿Quién eres? – preguntó la joven despertando de otro angustioso sueño provocado por la reciente muerto de su abuelo, una de las personas más importantes de su vida. Nadie con catorce años puede entender algo así. Ella menos. Nerviosa se incorporó, y, muy asustada al ver esa… ¿esa oscuridad con forma humana?, se tapó con su manta como hacía cuando era una cría – ¿quién eres? – volvió a inquirir

-digamos que soy alguien a quien tenías que conocer ya – le contestó intentando sonreír, para tranquilizar ese miedo que veía a través de sus ojos casi infantiles – sé que te doy miedo. Asusto a todo el mundo, pero, por favor, no te asustes de mí. Llevas mucho tiempo preguntándote por mí, y aquí me tienes

– ¿eres…? – la pobre niña no era capaz de pronunciar su nombre – ¿eres la…?

– ¿soy…? – preguntó esa sombra, sonriendo macabramente, como solo puede sonreír alguien como ella

– ¿eres la…?

– Sí, lo soy – dijo bajando su cabeza, como con vergüenza

– ¿ha llegado mi hora?

– Sí, ha llegado la hora…

– Pero ¿por qué? – le interrumpió, menos asustada, y más enfadada ante el hecho de tener que morir tan pronto – Hace una semana que murió mi abuelo… ¿Por qué yo?

– Porque sé que estás sufriendo, porque sé que no entiendes nada, y quiero que sepas por qué existo, y, sobre todo, por qué soy tan necesaria, aunque no lo creas

– ¿necesaria? Solo traes dolor a las personas

– No creas… Ese dolor que yo os provoco siempre termináis venciéndolo… ¡Todos!

– ¿eso crees? ¿crees que he superado la muerte de mi abuelo?

-aún no. Ya lo sé, pero lo superarás

-¿eso crees de verdad?

– no lo creo. Lo sé. Créeme tú a mí. Llevo aquí mucho más tiempo que tú

– ¿crees que mis padres superarán esto?

– Claro. Todo se supera. Es cuestión de tiempo

Y tú mandas en él

– ¿en el tiempo? No. Yo solo soy la llave que cierra la puerta, o el mando que apaga la luz, pero durante todo el tiempo que vivís yo no puedo hacer nada… Ahí no tengo ningún poder porque esa llave es vuestra

– ¿Y es por eso que es mi hora? ¿Lo decides tú?

– Esta vez sí. Tengo que hacerlo. Te he estado observando desde que murió tu abuelo… Tienes que entender qué soy para que dejes de temerme

– No puedo dejar de temerte, y menos teniéndote a los pies de mi cama. ¿Estás aquí de verdad por mi? ¿De veras es mi hora?

– Sí, estoy aquí por ti

– ¿Y qué quieres?

– Quiero que me oigas, preciosa. ¿Lo harás?

– ¿me queda otro remedio?

– sí, siempre queda otro remdio… A veces incluso conmigo – dijo intentando acariciar su mejilla para limpiar esa lágrima que caía por entre su nariz

– ¡No me toques! Di lo que tengas que decir y acabemos con esto ¿Qué quieres?

– Quiero que sepas qué soy

– ¿y qué eres?

– Soy la que hace que el mundo pueda segur adelante. En realidad no soy mas que una enviada de eso que vosotros llamáis Dios. Soy una parte más del engranaje de esto que es la vida… Soy el último escalón. Soy la puerta de salida. Soy lo inevitable… Y no creas que me siento bien por ello, pero, como te pasa a ti, no puedo hacer nada contra mi destino

todos podemos hacerlo

¿Sabes? Llevo vagando por la tierra desde que existe, equilibrando, arreglando vuestros propios desarreglos, ejecutando un castigo que no puedo evitar, y que, lo creas o no, la mayoría de las veces no quisiera hacer…

– Todo se puede evitar ¿no crees? ¿No puedes evitar las muertes?

– No cariño. Yo no soy el juez como tú piensas. Ni siquiera soy la sentencia. Yo, en realidad soy la guillotina, la horca, o el fusil… Y ni siquiera es mi dedo el que aprieta el arma

– ¿y qué eres entonces?

– Soy una parte más de vuestra vida: la última parte, pero también soy parte de vosotros desde que nacéis. Soy yo también quien abre la puerta para que entréis a la vida. Por eso cuando nacéis, justo en ese momento, ya estoy esperando, e incluso velando por vosotros para llegar lo mas tarde posible

– ¿lo estás diciendo en serio?

– Claro. No te mentiría con algo así… ¿Qué ganaría con ello?

– ¿y por qué vienes a llevarme a mí con la de cosas que tengo que hacer?

– ¿llevarte?

– Has dicho que es la hora, que es mi hora…

– Sí cariño, pero me refería a

– ¿me vas a llevar contigo tan pronto?

– No, cariño – dijo sonriendo – lo que digo es que ha llegado tu hora de que me conozcas, de que sepas quién soy, porque ya no eres una niña, y sé que me odias por haberme llevado a tu abuelito, pero yo no he sido quien se lo ha llevado… Yo no tengo nada que ver en eso. Te repito que yo no soy el juez, sino el verdugo

– Entonces ¿no voy a morir?

– Ahora no, al menos hasta donde yo sé

– ¿y tú sabes cuándo me tocará la hora?

– Aunque no te lo creas, tampoco lo sé. Yo, como ya te he dicho, espero órdenes de vuestro dios, que, por cierto, deberíais escribir con minúscula, porque, aunque es tan todopoderoso como pensáis, no sabéis hablarle al oído

– ¿le conoces? ¿le has visto alguna vez?

– Muchas

– ¿y cómo es?

– cambia de aspecto constantemente

– ¿y cómo era la última vez que le has visto?

– ¿la última vez? Es rubia, blanca de piel, y tiene cara de miedo

– Pero esa soy yo

– ¿Ahora lo entiendes?

– no

– Dios, con mayúsculas, eres tú. Tú eres el Dios de tu vida. Solo tú. Y es justo todo eso que hay en tu interior, o a veces lo que viene de fuera, lo que me llamará un día y me dirá que ya es tu hora. Así que…

– Asi que ¿qué?

– Así que vive, cariño… Y no me tengas miedo. Soy tan evitable como inevitable- no entiendo eso- pues que puedes hacer que tarde en volver a verte, o quizás no puedas… ¡Nunca se sabe! Por esto te digo que vivas sin miedo… ¡Vive! – dijo levantándose para marcharse por entre la oscuridad mientras la joven la miraba menos nerviosa.

¿POR QUÉ SE PONE EL ARTÍCULO MASCULINO DELANTE DE ALGUNAS PALABRAS FEMENINAS?

Usemos el ejemplo de la palabra “agua”. Es de género femenino, pero tiene la particularidad de comenzar por /a/ tónica (la vocal tónica de una palabra es aquella en la que recae el acento de intensidad: [água]). Si ese es el caso hay que poner delante el artículo masculino (el agua).

Esta regla solo opera cuando el artículo antecede inmediatamente al sustantivo, de ahí que digamos el agua, el área, el hacha; pero si entre el artículo y el sustantivo se interpone otra palabra, la regla queda sin efecto, de ahí que digamos la misma agua, la extensa área, la afilada hacha. 

Puesto que estas palabras son femeninas, los adjetivos deben concordar siempre en femenino: el agua clara, el área extensa, el hacha afilada (y no el agua claro, el área extenso, el hacha afilado).

Por su parte, el indefinido una toma generalmente la forma un cuando antecede inmediatamente a sustantivos femeninos que comienzan por /a/ tónica: un área, un hacha, un águila (si bien no es incorrecto, aunque sí poco frecuente, utilizar la forma plena una: una área, una hacha, una águila). A

Al tratarse de sustantivos femeninos, con los demostrativos este, ese, aquel o con cualquier otro adjetivo determinativo, como todo, mucho, poco, otro, etc., deben usarse las formas femeninas correspondientes: esta hacha, aquella misma arma, toda el agua, mucha hambre, etc. (y no este hacha, aquel mismo arma, todo el agua, mucho hambre, etc.)