SUPER MARÍA

Érase una vez una nueva superhéroe llamada Súper María.
María soñó siempre con ser alguien especial. Lo que no sabía la pobre María era que ella siempre lo fue…. Desde que nació. Si ya todos somos especiales al nacer, ni te
cuento lo que sucede cuando, un día, te conviertes en el protagonista de esa maravillosa historia que otros muchos leen, y hacen suya también. Por eso nuestra querida María tuvo la suerte que muchos otros con más de treinta, cuarenta, o cincuenta, no habían podido tener aún. Y es que nuestra amiga María había sido capaz del mayor milagro que se puede tener en este mundo en
el que vivimos: el milagro del “desaprendizaje”.
Mientras los demás seguían aprendiendo cosas erróneas de la vida, esas cosas que solo quieren que sepamos, y que, al aprenderlas y asimilarlas, nos convierten en gente normal, en gente del montón, nuestra amiga María había sido capaz de desaprenderlas, alejándose de ese cuento inventado, para poder ver lo que realmente importaba en la vida, que no era otra cosa que saber que uno es especial independientemente de donde, cómo y con quién esté.

Y no solo ella era especial, sino también su mamá, sus hermanas, y hasta su amigo, ese que ya le había demostrado que la familia no es solo esa con la que te toca vivir.
María, en muy poco tiempo, consiguió desaprender todo ese aprendizaje de los demás. Y, con ello, aprendió a soñar de verdad, a hacer realidad sus sueños ya, y no esperar al día de mañana. Nuestra María fue capaz de dejar de soñar con convertirse en alguien especial el día de mañana, cuando se hiciera mayor, como esos superhéroes de los comics y de las películas… ¡Ella lo era ya!

Nuestra heroina María, a la vez que desaprendía, empezaba a entender que,
efectivamente, el día de mañana sería alguien especial: ¡precisamente
ese mismo ser especial que ya era hoy!

¡Nadie puede ser tan especial como tú, María! Bueno sí. De hecho también pueden serlo tus hermanas. De hecho lo son, pero ellas son especiales en esa otra novela en
la que tú también eres coprotagonista: la de su vida. No olvides nunca
que Elena y Ángela también son protagonistas de otra maravillosa historia.
Querida María, agárrate fuerte a tu globo de helio, lleva a pasear a
tu amigo Marcos, cierra allí arriba los ojos, y sigue luchando… Ya
mismo estarás caminando sobre tu adorado arcoiris, porque tú no te vas
a conformar ya con solo caminar sobre este suelo que pisamos los
demás, ¿verdad?

Tú no. Ya no. Tú ya sabes que eres especial… ¡Lo has desaprendido!

Y colorín, colorado, este cuento recién ha empezado…

LA LUZ QUE LLEVAS DENTRO

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CUADRO DE IRENE SHERI

Ella no lo sabía aún pero, poco a poco, empezaba a entenderlo… Ella empezaba a comprender que el incendio que había sacudido su interior, aunque parecía haber quedado todo, en realidad había dado más luz a tanta oscuridad. Y ese incendio le estaba gritando que era tan poderosa como él, como el mismo fuego que, a veces, le quemaba por dentro.

Y si no era tan poderosa como él sí que podía hacer que ese fuego no le quemara, llegando incluso a apagarlo a su antojo sin que se extinguiera.

Y es que ella estaba aprendiendo a apagar su luz interior, a dominarla, a sacarla fuera cuando quemara, y volverla a encender allí para admirarla, analizarla, y volverla a meter en su interior, que era donde tenía que estar, siempre encendida para que siguiera iluminándola a ella, y a todos esos que de ella ya dependían…

¿Que quiénes eran esos que de ella dependían? ¿No lo sabes? Ellos eran precisamente las llamas de ese fuego, o de esa luz, que a veces quemaba tanto, pero que tanto necesitaba también para seguir viviendo… Sin esa luz ella ya no podría vivir.

Para “la Consu”

¡Qué aburrido! en motrileño

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“aneazo” viene de la palabra enea, que es una planta muy típica de allí. A sus terminaciones marrones se les llamaba pabilos

En Motril si algo no te gusta (una canción, una película, un libro, o un discurso) no dices “¡Qué aburrido!”. Allí, das un soplido, acompañado de su onomatopeya, y dices: “¡puffff… vaya aneazo!” o “¡puffff… qué aneazo!”

Si tienes mucha prisa por acabar pronto también puedes decir simplemente: “¡ca´neazo!

LA MASIÁN

La imagen puede contener: 1 persona, sentado, tabla e interiorNatalia Masián no es solo una modista, ni una patronista, ni una costurera. Ella no solo cose, o hace vestidos de flamenca… Ella se dedica a soñar despierta, y, mientras lo hace, teje movimientos alegres y flamencos, y los viste con palabras que se pueden leer al ritmo de cada paso dado.

Es por eso, y por su talento natural, por lo que sus trajes son auténticos poemas flamencos que se recitan solos a cada movimiento de una pulsera sobre una muñeca,  a cada giro del mantón sobre la cadera, o a cada taconeo del pie flotando sobre un tacón hecho de lunares… Como sus sueños.

Ahora que su sueño se ha hecho ya realidad solo falta que tú, flamenca “agitaná”, hagas realidad el tuyo: el de vestirte con ese traje hecho a tu imagen y semejanza, y que los demás puedan leer tu poema bailado sobre un tablao.

Suerte a los dos.