MORIR A DIARIO… CON ELLA

Elizabeth Becker Drawing / Watercolor Painting - Jess No. 4 Painting Watercolor On Paper 2019 Contemporary

Era verdad que nuestro personaje no era envidiado por nadie de su entorno. Profesionalmente era un hombre que no había llegado a nada en su carrera. Tampoco tenía mucho dinero, ni lujo alguno. No salía mucho a la calle, ni estaba todo el día compartiendo con sus amigos, a los que tenía demasiado lejos, y a los que echaba mucho de menos. Él solía pasar el día en casa junto a su ordenador, o con su pequeño, ayudándole en sus tareas diarias, y pasaba sus tardes detrás de él, preparándole meriendas, llevándole a actividades, explicándole cosas, y, al final, preparando baño y cena… Si fuera el personaje de una novela, o de una serie, podría decirse que muy poca gente la vería. ¡De eso no cabe ninguna duda! Y es que él, para cualquier espectador ansioso de vidas ajenas, era un hombre triste, aburrido, sin un extra que hiciera de su vida algo especial. Por suerte – y no todo el mundo lo sabía – su vida no era una serie, eso es verdad, pero sí que era una novela: una maravillosa novela.

Él guardaba un secreto dentro de sí que muy pocos sabían, aunque sí que muchos lo sospechaban: Y es que él era un hombre feliz… Tremendamente feliz. Y si lo era se debía, entre otras cosas, a que él había conseguido borrar de su mente ese miedo que tanto le acosaba desde su infancia. Él, en esos momentos, ya no tenía miedos. O, al menos, ya no tenía ese miedo tan humano y tan acuciante: Él ya  no temía a la muerte… ¡No le daba ningún miedo!

Y ese no miedo a la muerte tenía un rostro, un nombre, y una voz. Él ya no temía a la muerte por culpa de esa mujer que un día se cruzó en su camino, y que, con el paso del tiempo, se convirtió en la hacedora de todos los milagros inimaginables. Y es que él, al lado de esa mujer con la que compartía aliento, sueño, e insomnio, ya moría todas las noches en aquella cama… ¿Cómo podía temer a la muerte si la vivía todas las noches, se adentraba en ella, y, al amanecer, descubría que había vuelto a derrotarla?

¿Que no te lo crees…? ¿Y cómo es que él podía subir todas las noches al cielo? ¿Se puede subir al cielo si no es muriendo? ¿Existe otra posibilidad acaso?

Pues eso… Lo creas o no, él moría a diario – cada noche – con aquella divina muerte que tenía el latido de corazón de su mujer.

9 comentarios

  1. cuánta pasión hay escondida ahí. Llevo tiempo leyéndote. Yo también escribo y envidio tu manera de crear, lo prolífico que eres, pero creo que deberías parar un poco, corregir, repensar, y luego publicar. Se nota que publicas las cosas demasiado deprisa.

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  2. pues yo creo que una de las cosas que más me gustan de josa es precisamente ese caudal de cosas que salen de su cabeza. Llevo leyéndolo años y es verdad que no es Cervantes ni un escritor bueno pero el tambien es consciente de ello y lo sabe. Josa escribe porque le gusta. De todos modos josa tampoco te pasaría nada por cuidar un poco como dice Ezequiel y hacerlo mas bonito. No tengas tanta prisa. Te vamos a leer igual. Tienes ya mas de cuatro millones de visitas que no está nada mal

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