SACRIFICARSE POR LOS DEMÁS

Para algunos las cosas son más difíciles que para otros. Algunos, cuando las cosas se han puesto muy feas, tienen incluso que sacrificarse para conseguir el objetivo final… Es verdad que otros ni se lo plantean.

¿Imaginas a nuestros políticos haciendo algo así por nosotros? ¿Imaginas que cuando llegan al punto de encender la vela ante tanta oscuridad son capaces de renunciar a su puesto por tal de que se encienda esa luz? ¿No se supone que llegar a sacrificar su puesto por el bien de esa gente que representa sería su objetivo final, y la mejor manera de retirarse de la política activa?

Pues a mí no se me ocurre otra mejor, ni más digna de orgullo.

¡¡¡VUELVE KRONEN!!! GRACIAS, MAÑAS.

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Han pasado 25 años y ¿el bueno? de Carlos… ¡Se muere! La novela empieza en una fiesta, y en ella “nuestro Mañas” se encuentra con el personaje que creó, y tienen esta charla:

“Eres Carlos Aguilar, y hace veinticinco años que no nos vemos. Nos acabamos de cruzar en esta fiesta a la que nos ha invitado Globomedia, la productora de televisión de Mediapro. No me has reconocido pero no importa. Yo a ti sí te conozco. Te conozco mejor de lo que piensas“. 

Mañana, día 7, podremos seguir leyéndola.

¡Qué ganas!

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En aquella etapa en la que él era casi todo lo que acaparaba mi vida, yo me entretenía con cualquier cosa porque cualquier cosa que sucediera estaba relacionado con él. Pero recuerdo algo especialmente. Recuerdo que, por entonces, yo me paraba a ver todo tipo de anuncios… ¡Cualesquiera que fueran! Y me daba igual si eran en la tele, en un periódico, o en una marquesina… ¡Todos me gustaban! Recuerdo que unos buscaban trabajo, otros buscaban lugares donde viajar, y otros – esos eran los que más me gustaban – buscaban casa.
Yo, en cambio… ¡buscaba tiempo! Pero tiempo para compartir con ella.
Buscaba en esos anuncios tiempo para desamoblar por un momento su cabeza, perfectamente amueblada; buscaba también la forma de pasar a metros todos esos centímetros que me regalaba su corazón; buscaba una habitación dentro de sus ojos que tuviera vistas a nosotros dos a solas… Y me daba igual el tamaño de dicha habitación. Me hubiera valido una pequeña habitación de solo 10 metros cuadrados. Eso sí: 10 metros cuadrados de sus cálidos besos… Y adosarlos, uno a uno, a mi cuerpo hasta alicatarlo por completo.

TÚ PONÍAS EL TÍTULO

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Cada vez que veía a aquella mujer aparecía, pegado a ella, el más bonito de todos los deseos… Me refiero al precioso deseo de volver a ser niño otra vez para jugar de nuevo a ser mayor con ella.

OTOÑOS DE VERANO

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El sol nunca fue el mismo en Otoño… Nada lo era… Dicen que, en otoño, el agua está helada, y así es, pero a ella siempre le parecía igual de fría… Lo mismo en otoño que en verano… Ella era de esas pocas personas a las que el agua salada nunca ayudó en lo suyo.

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Lo que pasaba en otoño era que todo parecía muy diferente, y en esa época la playa parecía una parte más de ella misma, o una parte más del decorado de su mente… ¡A ella nunca le gustó la gente, y menos esa algarabía impuesta por el hecho de estar de vacaciones! Pareciera que nadie pudiera estar triste en verano, como ella estaba siempre. ¡Odiaba el verano!

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En otoño ella podía acercarse a la orilla, descalzarse, y meterse en el mar sin problemas, sin que nadie la obligara, completamente a solas, como siempre había sido todo en su vida, y con el único deseo de por fin encontrar allí lo que tanto buscaba y necesitaba…

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¡Hundirse del todo!

Tu refugio favorito

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Querida hija adolescente:

Supongo que te acordarás, pero, por si acaso, te lo recuerdo. Cuando eras una niña y algo te preocupaba – daba igual el grado de tontería de dicha preocupación – venías a nuestra cama, te metías en ella, nos lo contabas, cerrabas los ojos, sonreías, y ya te sentías a salvo… Así de fácil era todo entonces.

Por si no lo sabes, todavía puede ser igual de fácil… Aunque no lo parezca. Si alguna vez algo te preocupa y nos ves dormidos, haz como hacías entonces. Y no temas despertarnos. A nadie le gusta que le despierten mientras duerme, pero es que nosotros llevamos ya mucho tiempo esperándote dormidos. Y, sobre todo, llevamos tiempo añorando aquellos momentos en los que sabíamos que éramos lo que siempre querremos ser: uno de tus refugios favoritos.

PAPÁ Y MAMÁ

Carpe diem

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Es curioso esto de las percepciones… Y es curioso también cómo cambian con la edad, y, sobre todo, con el cariño, y el saber. Y no, cuando hablo del saber no me refiero a ser más o menos listo, sino al saber cómo se hacen las cosas, y al saber su porqué, y su grado de implicación. Me explico: el otro día llevé a mi hija y a sus amigos a ver el pasaje del terror que organizaba el grupo de teatro de otra mamá de mi hija.

Mi hija y sus amigos entraron asustados y nerviosos, después de pagar los dos euros de la entrada, que irían a parar íntegramente a la bendita sonrisa de nuestro Marcos. Estaban excitados ¡Y no era para menos! Aquello estaba muy bien montado. ¡Vaya “tinglao”!

Yo estaba tan nervioso como los niños ese día – lo reconozco – pero por otro motivo diferente al suyo. El miedo lo había sentido ya antes de entrar, e incluso antes de llegar allí… Mi miedo no era otro que el que la gente les diera de lado, y no acudiera a algo tan importante como aquello, a algo que sabía que había estado cuidado hasta en el más mínimo detalle, y en el que tanta gente había invertido tanto de su tiempo.

Los chavales estaban excitados y nerviosos, a la espera de aquello que tenía que darles mucho miedo. Después de un gran rato en la cola entramos. ANos recibió un Joker muy amable, y nos llevó hasta una bruja que nos pidió que formáramos parte de ese maravilloso cuento que habían escrito para todos nosotros. Entre los dos hicieron que los niños se adentraran en aquel sueño compartido en un solo segundo. No tardamos en cruzarnos con nuestra bruja favorita, acompañada de su hija, que nos invitó a pasar a la primera sala de terror. Y eso hicimos. Nos adentramos en esa atmósfera rojiza y de niebla, y los niños empezaron a gritar excitados:

– mira un zombie… ¡Qué miedo da! – gritó Mateo

-¿y esa niña fantasma? ¡Dioooos! – gritó Victor

-jooooo qué miedo – gritó África – al ver a una niña fantasmal tirada en el suelo pidiendo ayuda

-mira esa niña del exorcista en la cama – dijo Lope tapándose los ojos

-¡Cuántos monstruos! – gritaron los niños, demostrándome, una vez más, que me hacía mayor, porque, mientras ellos vieron un Joker, una bruja, una niña fantasma, un loco con una sierra, y demás tipo de seres fantasmales, yo no dejaba de ver corazones… Veía corazones tirados por el suelo, otros caminando, otros con sierras mecánicas, pero todos latiendo con una fuerza que, lejos de darme miedo, me llenaron de emoción.

Gracias grupo Carpe Diem, gracias por hacer honor a vuestro nombre, y hacernos vivir un momento tan bonito (y gracias por esos casi dos mil ¡qué pasada! )