ADOLESCENCE

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La adolescencia, querida niña, siempre fue una época muy alborotada… Tanto para lo bueno, como para lo malo. Ya en la época de tus padres lo era, y en la de tus abuelos… Aunque no se acuerden, o no se quieran acordar.

No dejes de alborotar todo a tu alrededor, ni de alborotarte con todo ello… El alboroto de la juventud es algo maravilloso que tú puedes vivir. ¡Hazlo!

Feliz cumple, preciosa.

LA VUELTA A TU MUNDO

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Deseo, deseo… Deseo dar al menos una vuelta al rededor del mundo… Deseo dar una vuelta entera y visitar al fin el mundo de la fantasía, porque sé que existe. ¡Ya lo sé! Deseo recorrer el oculto mundo que escondes alrededor de tu piel siempre esquiva… Deseo morir de sed sobre sus desiertos, morir ahogado entre sus océanos, morir de frío entre sus cumbres nevadas… Deseo navegar por tus cálidos mares, escalar tus más altas montaňas, y pasear por el laberinto de tus manglares donde paras el tiempo a tu antojo…

Y, finalmente, adentrarme en lo más profundo de tus más oscuras galerías… ¡Y quedarme allí hasta llegar al mismo centro de tu tierra… a tu núcleo… Y en él fundirme y hacerme del todo tuyo!

Seamos más respetuosos todos, y no solo los que tenemos que escuchar.

¿Quién no ha estado hablando con alguien, en una reunión, entre amigos, o conocidos, y el discurso de otro le ha parecido una total idiotez? ¿A quién no le han dado ganas de decirle a otro “tío, si eres más tonto revientas”. Pues de eso trata la convivencia entre iguales que son diferentes: en respetar, que no compartir, las opiniones de los demás.

Pero el problema que tenemos últimamente está en que hemos llegado a unos extremos que no ayudan en nada a la convivencia, que es el principal objetivo de toda sociedad que se precie, y es que hemos cambiado las tendencias… En lugar de avanzar en la búsqueda de la convivencia buscamos palancas que nos hagan detener en ese avance… ¿Por qué? ¿De verdad lo vamos a permitir?

Ahora tenemos que callar, y respetar las opiniones de los demás… Y eso está bien. Pero hay muchos que no hacen lo mismo cuando es otro el que dice, o hace, algo con lo que él no está de acuerdo. Ahora el que habla lo hace sin pensar en si lo que está diciendo puede dañar al que está oyendo, o no. Ese lado ha olvidado su parte de correspondencia en la relación. Me explico: Es verdad que el que oye es el que tiene que callar, y respetar al otro, pero no es menos cierto que también el otro debería de tener cuidado a la hora de expresar sus pensamientos. Y, ojo, no hablo de censura, ni de prohibiciones de ningún tipo. Sigo pensando que cada uno tiene derecho a sentir, y a pensar, lo que sienta o piense… ¡Lo que sea! Incluso tiene derecho a expresarlo, pero siempre con cuidado de no herir otras sensibilidades que, gusten o no, también existen.

Yo hablo de educación, de respeto, de cordura, de mesura, algo que todos deberíamos tener para que nuestros hijos la hereden… Y hablo de convivencia, que es la clave para que una sociedad sea feliz y libre. Claro que puedes pensar que tu raza es superior a otra, que tu género también lo es, o tu posición social, o tu físico, o tu ideario político, o tu amor – u odio – hacia una bandera, o tu cuenta bancaria, o tu equipo, o el lugar donde vivas… Tienes tanto derecho como los demás a pensar, y a sentir así, pero antes de decirlo abiertamente deberías pensar si al hacerlo estás haciendo daño a ALGUIEN con tu comentario. Piensa que muchos de los que te escuchan se están callando, y no diciéndote “tío, si eres más tonto revientas” precisamente por ese motivo: el de la convivencia.
Convivir será más fácil si todos nos respetamos: los que hablan,y los que escuchan.

Pero voy a ir un poco más allá: Si crees que con tu comentario puedes hacer daño a otros, ¿no crees que tendrías que intentar hacer el menor daño posible? ¿No crees que, si puede hacer daño, puede que ese pensamiento tenga algo de equivocado?

Es verdad que hay verdades que duelen, pero lo hacen mucho más las injusticias.

Seamos más respetuosos, y no solo los que tenemos que escuchar. Claro que todos somos diferentes, y unos mejores que otros para muchas cosas, pero no hay nadie que sea mejor que otro en todo… ¡Nadie!