… EL AMOR

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Un día, un amigo en común, me contó una historia. Más que una historia se trataba de un sueño imposible, de una aventura que le hubiera gustado vivir precisamente contigo… ¡Sí, contigo! Como lo estás oyendo.ç

Me contó que siempre se quedó con las ganas de invitarte un día a cenar. Y ese día haberte hecho él la cena. ¿Sabes qué me dijo que te hubiera hecho? Me dijo que te habría hecho algo que seguro que contigo le saldría de lujo… ¡El más exquisito de los manjares!

¿No sabes por qué? Pues porque, según él, eras solo tú quien tenía el ingrediente básico para cocinarlo. ¿Aún no sabes qué te habría hecho? ¿No? ¿Ni siquiera lo imaginas? Pues te habría hecho justo  lo que dice el título de este texto.

Él me dijo que te habría hecho…

LA VIDA MERECIDA

Ella tenía todos los motivos para poder hacerlo pero no lo hizo. En su mano tenía todas las cartas, no solo de la victoria, sino de la debacle de aquel hombre al que un día llamó marido… ¡Si ella hubiera querido habría hecho que sus hijos, no solo no lo volvieran a ver, sino que tampoco lo quisieran!

Pero Susana, como madre que era, fue la persona más egoísta del mundo, y pensó primero en sus hijos… Ese es el egoísmo de ellas, aunque los hombres no lo sepamos ver.

Ella nunca les habló mal de su padre, aunque lo deseara; ella nunca les contó lo que le hizo a ella cuando eran pequeños, aunque muriera a veces por hacerlo; ella siempre tuvo que aguantar los comentarios que sabía que él sí que hacía a sus hijos de ella, y calló también; y ella siempre los protegió pensando en el dichoso día de mañana, cuando fueran unos adultos felices… Ella sabía como nadie la importancia de la infancia en la vida de uno.

Ella siempre estuvo escondida, pero no por cobardía, sino por la valentía de luchar – a capa y espada la mayor parte de los días – por las dos personas que más quería y porque sabía que la felicidad de ambos siempre dependería de ese comportamiento.

Los hijos de Susana se han hecho mayores, y ahora saben todo lo que su madre ha hecho por ellos, y, sobre todo, lo que no ha hecho nunca por ella misma: Vivir la vida que se merecía.

Sus hijos ahora van a dársela ¿verdad Juan?

¿”QUÉ PRETENDERS” CUANDO DICES QUE NUESTRA GENERACIÓN NO HABLABA TAN MAL COMO ESTA?

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Los que tenemos ya unos años no comprendremos – e incluso aborrecemos – la manera de hablar de las nuevas generaciones… ¡Qué pronto olvidamos que nosotros tuvimos nuestra jerga, tan patética y divertida como la de ellos, por cierto. ¡Lo reconozcamos, o no!

Ahora nos escandalizan cuando les oímos porque – como les pasaba a nuetros padres – no entendemos lo que dicen. Nos sentimos fuera de juego. Y eso jode. Hoy en día dicen cosas como “Ese es un mierder, estoy mórtimer, esto es de nivel pro, Me putoflipa, vamos a shipear a esos dos, es un tío sieteveinticuatro, es lo típico que estás un día en la playa y de repente… ”

También le dicen boquerón al que aún no se ha morreado… ¡El pagafantas de toda la vida! En cambio el tiburón es el que ya da besos con lengua.

Un crack ha dejado de ser alguien bueno. Si te dicen crack huye… Se están riendo de ti. Y luego está la coletilla “namber guan”: la de “en plan”… Esa suena en todos lados, a todas horas, y ya la usamos también nosotros. ¡Hemos caído también!

Patéticos ¿verdad? Nosotros no éramos así. O eso creemos… ¡Qué pronto olvidamos que un día fuimos jóvenes, e igual de patéticos, o igual de maravillosos. Ahora los oyes y “alucinas pepinillos”, pero no olvides que, “efectiviwonder”, nosotros también nos creíamos “Chachi pirulis” cuando nos íbamos a “dar un voltio”, y hablábamos así para que nuestros padres no pudieran seguirnos “el rollo”. ¡Que no te enteras, contreras! ¿Pero “qué Pretenders”? ¿”A quién quieres engañar” pensando que tú no hablabas así? Ahora “flipas en colores” oyendo a los jóvenes, y te crees que tú eras más “Guay del Paraguay”, pero… ¡”De eso nada, monada”! ¿Y no recuerdas aquellos “Señoras, señores: en el culo tengo flores”, que usabas para irte a la torera? ¿y cuando a aquel pesado de turno le soltabas el clásico “no te enrolles Charles Boyer”? ¿Y nuestras despedidas? “Luego tebeo, revista”… Y aquel “parece menterio” cuando algo te resultaba difícil de creer.
¿Y aquel clásico del saludo ¡Hola caracola!? ¿Y coger el teléfono fijo y decir ¿Digamelón?

No, querido cuarentón: nuestros jóvenes no son ni más, ni menos patéticos, que lo fuimos nosotros… ¡Y si lo son, “pos” les toca a ellos serlo! Nosotros ya lo fuimos… Y a mucha honra.

LA PUTA GUERRA

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Qué triste tiene que ser cuando el único recuerdo que tienes de alguien tan importante en tu vida es siempre en blanco y negro… Qué terrorífico tiene que ser ese niño y no poder imaginar un abrazo en multicolor, que es el color que desprenden siempre los abrazos de esos que tenemos cerca….