IRSE DE LA PLAYA

Cuando se marchaba de su playa, para entrenarse en el otoño, y así poder enfrentarse al invierno, le preguntaron si, ahora que se iba, no echaría de menos su querida playa. Él no supo qué responder… ¿O no quiso?

Y es que, aunque nadie lo supiera – pero muchos lo sospecharan – su verdadera playa, o ese lugar donde tanto le gustaba bañarse, no se quedaba allí, junto a aquellas piedras multicolor… Su playa favorita se iba otra vez con él, y esa misma noche volvería a bañarse en ella…

Si ella se lo permitía, claro.

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