COSAS DE LA COBARDÍA

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Ya se iba su verano… ¡el de los dos! Ellos eran criaturas pertenecientes al verano, y, como tales, la tristeza empezaba a dibujarse en su rostro, aunque no como pasaba antes. Algo había cambiado en él. Fue ella quien le hizo comprender que nada importaba el verano o el invierno, el frío o el calor, el blando o el negro, si podían estar juntos, o pensarse, a diario.

Desde entonces empezó a disfrutar del invierno de otra manera… Lo que más le gustaba era  toda esa ropa que siempre llevaban puesta los dos, y que dejaban colgada en cualquier sitio donde fueran. Y es que era allí, justo en esos colgadores de ropa, donde él podía hacer el verdadero milagro que le estaba prohibido… Allí, era capaz de hacer que sus ropas hicieran sobre la pared, lo que ellos nunca se atrevieron a hacer sobre el suelo…

Cosas de la cobardía.

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