EL DON DE LA MENTIRA

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Alerta! Mentira a la vista

Aunque resulte extraño a la hora de contar una historia yo voy a empezar por el final, que es lo que más daño me está haciendo. El principio de esta historia fue divertido, lo reconozco. El final está siendo trágico. ¿Has oído alguna vez esa frase “miente más que habla”? Pues te aseguro que no es una mentira más. Todo el mundo miente más que habla, y yo lo sé.

Mari – la vamos a llamar así para no dar pistas – está, en este justo momento, comiendo en el Hotel Heviá, a las afueras de la ciudad, con un tal Iván. Es un compañero del que nunca me ha hablado. Me ha hablado de Alex, de Raúl, de Carlos… incluso del pelirrojo ese, pero de Iván ni una palabra… Y la entiendo. Otra cosa importante: ella no sabe que yo lo sé. No quiero saber, ni decir más, pero para eso tengo que trasladar mi pensamiento a otro lugar. Y ahí es donde entras tú… por nada especial, no te preocupes… ha sido el azar, solo eso. Perdona que te escriba con este correo ficticio, sin nombre, pero es que prefiero seguir en el anonimato. Nos conocemos desde hace tiempo, pero nunca te he contado algo importante, pero me apetece hacerlo. Es que estoy tan cansado ya de este don que me ha tocado en ¿suerte? Te estarás preguntando que por qué te cuento todo esto ¿verdad? No te preocupes. Te explico.

Me dirijo a ti, de esta forma anónima porque no quiero que sepas que yo siempre sé todo lo que piensas de mí, que te pillo cada vez que me mientes, que conozco todos los movimientos que organizas a mis espaldas, y que sé también de esas cenas a escondidas en tu casa, donde no quisiste nunca que fuera. Tranquilo. No te lo tomo a mal porque también sé que no es solo conmigo con quien te sucede. Así que seguirás con la duda de saber quién soy. Tranquilo. He aprendido a no juzgar a la gente según el grado de simpatía con el que me obsequien. Y mucho menos por las ganas de no estar conmigo que tengan, o el poco afecto que me profesen. ¡Si fuera así no me caería bien ni yo mismo!

A la gente no se le juzga así. Quizás descubrir esto ha sido lo único positivo de este maldito don… Y te aseguro que gracias a él sé que eres buena persona. En realidad fue este “don” quien me sacó del error que estaba cometiendo contigo. Bueno, volviendo a lo mío, sólo decirte que me encuentro mal porque tengo un serio problema que nadie conoce. Unos porque no me han creído cuando se lo he contado… otros porque jamás se me ocurriría contárselo.

Al principio fue divertido, y me ayudó mucho… pero ahora se ha convertido en una tortura, y quiero alejarlo de mí. Pero no sé cómo. Estoy asustado porque cada vez es más frecuente. Ya me pasa siempre, en cualquier lugar, con cualquier persona… Y es tan incómodo como insoportable. ¡No puedo más jugar a ser Dios… no estoy preparado!

Tranquilo, que te sigo contando. Te voy a explicar de qué va este maldito don.

Cuando entro en cualquier lugar – ya sea un bar, una clase, o un supermercado – sé lo que están hablando todas las personas que allí hay. Cuando entro empiezo a oír terribles murmullos. Es como si todas las voces se unieran y multiplicaran su sonido, y sólo tengo que fijar mi mirada en un grupo para alejar el sonido de los demás y saber de lo que están hablando. Además, con el paso del tiempo, ese don se ha ido puliendo y ahora puedo oír todo con una nitidez impresionante. Lo que no puedo hacer es apartar el ruido de mí en ningún momento… Aunque lo desee.

¿A que te parece divertido? Pues te aseguro que es horrible. Piensas así porque no lo sufres. Ya te digo que al principio parece divertido, y te ayuda a descubrir muchas cosas, pero cuando pasa el tiempo se convierte en una auténtica tortura. La mayoría de las cosas que descubres desearías borrarlas… Pero ya no puedes. De repente dejas de tener vida propia. Eres incapaz de pensar por ti, y solo puedes hacerlo a través de los sentimientos de los demás. Y no puedes hacer nada por evitarlo. La vida es otra desde entonces. Es más, te aseguraría que ya ni es vida. Desaparece el misterio, la incertidumbre, los celos, la sorpresa, la intriga… todo eso que nos mantiene vivos por dentro… todo eso que nos hace aparentar, o ser, mejores personas con respecto a los demás.

Escuchar constantemente todos los pensamientos que los demás creen sus secretos, hace que no puedas concentrarte en los tuyos, y eres capaz de todo – o de nada – incluso eres capaz de dejar de amar. Si hasta cuando duermo puedo oír los sueños de Mari… Y créeme: mejor no te los cuento. Para alejarme de ella salí al balcón una noche de verano. ¿Y sabes qué pasó? Que oí los sueños de mis vecinos, y fue peor aún.

Jamás imaginé que el hijo del carnicero, que no tendrá más de quince años, pudiera soñar con Mari, o que se masturbara observándola desde su ventana. Y mucho menos imaginé que el vecino de enfrente, el marido de su amiga, hiciera lo mismo. Y el muy tonto cree que Mari piensa que es el hombre más atractivo del bloque… Por suerte el más atractivo para Mari no es él… Digo por suerte porque para Mari el más atractivo es el del quinto. Y el del quinto no solo vota a Pedro Sánchez, sino que sueña con él. Su secreto está a salvo… por ahora. Claro que tampoco imaginé jamás que Leo, una solitaria viuda de varios pisos inferiores, tuviera sueños conmigo. Quedarme con ella a solas en el ascensor es algo incomodísimo. Una vez llegué a decirle que dejara de mirarme así. La pobre mujer se quedó helada… pero es que ya estaba quitándome la camisa, creyendo que yo era ajeno a aquella orgía mental.

Cansado de tanta locura – te juro que estaba a punto de volverme loco – decidí acudir al médico. Al contarle lo que me pasaba no me creyó. En su cara lo vi, y, curiosamente, no pude saber lo que pensaba, como me pasaba con los demás. El don, para mi desgracia, tenía vida propia y no me dejaba declararle ni, mucho menos, dejarlo en evidencia. Se encendía y apagaba a su antojo, demostrándome que no podría dominarlo como yo quisiera. Te juro que por más que intenté convencer al médico de lo que me estaba pasando, no pude mas que quedar como un auténtico psicótico. Cada vez que intentaba decirle a alguien lo que me pasaba el don desaparecía, burlándose de mí, y haciéndome quedar en evidencia.

Cansado de tantas noches sin dormir, me compré unos auriculares y fue cuando empecé a soñar el futuro de los demás. Me explico otra vez… todo lo que soñaba de algún familiar o conocido, después sucedía realmente. Cuando me enteraba, o me lo contaban, me moría de miedo, pero no puedo hacer nada. Todo esto está haciendo que mi vida se tambalee, se esté desmoronando todo a mi alrededor, y no confíe en nadie, ni siquiera en mí mismo.

Es muy duro saber que te están hablando, pero que no quieren hablar contigo. Es terrible contar algo a alguien y saber que está pensando que tu conversación le aburre, pero lo peor es saber que tu esposa, esa en quien tanto confiabas, también te engaña. ¡Y más de lo que pudieras imaginar! Nadie se libra del engaño… pero ella no lo sabe, y cuando se lo diga será el fin de nuestra relación. Y eso es lo que más miedo me da. Cuando le diga que sé lo suyo con ese tal Iván, que sé que no solo lo desea sino que también lo ama, ya nada tendrá sentido. Ella aún me quiere, y mucho, pero ya sé que no podré luchar contra ese amor hasta que les venza esa terrible pasión que se dibuja en sus ojos cada vez que piensa en él.

Al principio me dolió tanto que casi deseé echarla de casa. Por suerte mi miedo venció a mi coraje. Suele hacerlo desde mi más tierna infancia. Poco a poco comprendí que Mari me quería como antes, incluso más, pero amaba o deseaba a otro hombre que le estaba regalando una nueva vida artificial que tanto necesitaba para seguir sintiéndose viva… La edad pasaba factura, y ella necesitaba una nueva oportunidad para sentirse joven y deseada. En realidad nos pasa a todos. La casa, el trabajo, los niños, y yo mismo la habíamos alejado de todos sus sueños, sus caprichos… Si hasta le obligamos a dejar de fumar.

Hacía ya demasiados años que la pobre había dejado de ser ella misma para ser esposa, después madre, y finalmente un ser solitario que no recordaba sus sueños de juventud. La entrada de ese hombre en su vida volvía a recuperar a aquella joven que añoraba volver a ser, a ella misma, y yo no tuve mas que callar… ¡y aguantar mucho dolor!. Ella me quiere… A su manera ella me ama, pero yo ya no le doy esa pasión que ella ha encontrado. Sé que es difícil de creer… ya te digo que este maldito don te hace ver todo desde otra perspectiva. Esta mañana, cuando me dijo que se quedaba en la oficina porque tenía una reunión con unos proveedores, supe que me estaba mintiendo. La pasión que ese Iván despierta en ella brillaba a través de sus ojos… a raudales.

Por ahora me callaré… Lo haré por mis hijos, que son los que me hacen soportar todo esto. Son los únicos que aún no me han mentido, y que me dicen las cosas que piensan… Aún son demasiado jóvenes, pero lo harán en breve. Ya mismo empezarán a odiarme, y a disimularlo, y a mentirme, como el resto del mundo, y ese será el final de todo. A las mentiras de Mari he podido acercarme… A las de ellos no podré. Lo sé. Por eso esta carta. Es casi una despedida, y, cuando suceda, solo tú sabrás el motivo.

Gracias por escucharme. Aunque ya parezca tarde, no lo es. Explícaselo a tus sobrinos.

5 comentarios en “EL DON DE LA MENTIRA

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