LEER A LOS DIECISÉIS

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La enana ya no era tan enana como seguían dibujándola los ojos de sus padres. Ya iba a cumplir los dieciséis – ¡dieciséis! – y llegó a la cocina donde estaban sus padres terminando de preparar la cena. La pobre estaba angustiada, apoyada sobre el marco de la puerta, con los ojos rojos, y un nudo gordiano en su garganta.
–La ha dejado –dijo muy seria, rompiendo a llorar -. La muy cerda la ha dejado.
El padre y la madre se quedaron estupefactos viendo a su hija llorar de esa manera tan difícil de controlar. La “niña” se abrazó a su madre, preguntando por qué.
–No lo entiendo. Hacían una pareja increíble, y Ana ha dejado a Sonia… ¡No lo entiendo! ¡La odio!
–Bueno, cariño… A ver, ya pasará…
–No, no va a pasar. ¿Cómo va a pasar si se ha ido con otra.
–Bueno, las historias siempre se acaban y siempre siguen… Y, a veces, continúan mejor que las anteriores.
–¡Tú no lo entiendes, mamá! – gritó, separándose de ella-. Lo siento, pero no quiero saber más de ella.
–No seas así.
–¡He dicho que no! ¡Se acabó! – le dijo, aún angustiada y con dificultad para vocalizar–. No quiero saber más de esa ingrata. No quiero ver a Ana con esa otra… ¡Es una gilipollas!
–No hables así.
–¿Por qué no puedo si es que lo es? ¿Cómo puede dejar a Sonia con lo que la quiere? ¿Tú sabes que Sonia dejó su carrera por estar a su lado? ¿Tú sabes quién estuvo con ella en su enfermedad? ¡Te aseguro que no fue Candela la que hizo todo eso! Y no es justo.
–Cariño, tranquilízate. es solo una historia más…
–Me da igual. No pienso terminarla, mamá. Me voy al dormitorio y voy a terminarla yo en mi ordenador. ¡Se va a enterar esa Candela!

Knightly lee.  mycelluloidheroes: & ldquo; No pueden deshacerse de los libros.  Es casi como tener tus pensamientos [a su alrededor].  Quiero ser Hable para sostenerlo.  Quiero ser capaz de ver donde las páginas fueron rechazadas.  Crecí en casa llena de libros.  De pared a pared y rdquo.;  - Keira Knightley

Cuando su madre subió a su habitación su niña sonreía leyendo esos folios escritos por ella misma. Al ver a su madre sonrió, le guiñó un ojo, y le dijo:

-Mami, esa Candela ya es historia. Ana y Sonia se vienen a vivir a la casa de al lado… la que está a la venta.

¡Qué envidia leer así! – pensaron los padres saliendo de la habitación, y orgullosos de su hija, que había sido capaz de cambiar el rumbo de esa historia cuyo final parecía inevitable.

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