OTRA HISTORIA REAL DE SEVILLA LA NUEVA

Wikiloc | Foto de Cementerio (Sevilla la Nueva) (1/2)

¿Has estado alguna vez en el cementerio de nuestro pueblo? Yo estuve hace poco. Venía de dejar el coche en Jesauto, mi taller, y entré. Nunca antes lo había hecho, pero ese día me apeteció. Reconozco que siempre me han gustado los cementerios… Bueno, en realidad nunca me han gustado, pero sí sus ángeles esculpidos: me parecen tan maravillosamente tétricos… ¡Me encantan!

¿Has estado alguna vez? Si así es, supongo que no habrás visto esa tumba que hay tapiada al final, justo al lado de la puerta trasera que lleva hasta los talleres. La próxima vez que vayas fíjate bien: mira al lado de esa puerta porque allí, casi enterrada, está escondida la que muy pocos del pueblo conocen como la tumba de Norma. Yo no la conocía, pero me habló de ella un hombre del que no puedo decir el nombre porque no lo sé. Lo conocí un día en la plaza, sentado en el banco que hay al lado de la biblioteca. Estaba solo, con su bastón. Me sonrió, y al momento ya me estaba hablando del pueblo, de su vida y de lo rara que era la juventud, que suele ser el tema favorito de los mayores. Al rato le pregunté por esa tumba. Me miró muy serio y me dijo: “¿Cómo la has visto? Esa es la tumba de Norma”. Me dijo también algo misterioso, pero que no me sorprendió porque ya había imaginado algo al verla. Me dijo que es ahí donde sucede el extraño fenómeno cada noche del doce de abril, justo el día en el que Norma murió a los cincuenta y seis años, hacía ya casi cinco décadas.

-Tras esa tapia nadie se atreve a entrar. La mayoría ni conocéis de su existencia, y siempre está abandonada y sucia… ¡Nunca nadie la limpió! Bueno, a decir verdad no siempre está sucia ya que en todos los días del doce de abril amanece completamente limpia, como si estuviera recién puesta, y con una rosa brillante que nunca antes estuvo ahí… Y eso es lo extraño de esa tumba.

-¿Me está usted hablando en serio?

-Pues claro. ¿Por qué crees que la has visto hoy? Eso es algo que sabemos los que somos de aquí de toda la vida… Y no todos. Ya te digo que es un tema tabú en Sevilla la Nueva. Hoy es la noche del aniversario de su muerte, y todos los años sucede ese extraño milagro en el viejo cementerio de Sevilla la Nueva…

-Me está asustando -le dije mientras observaba a mis hijas jugando con sus amigos.

-Normal que te asustes – me dijo más serio -. Por eso nadie habla de eso. Unos por miedo, otros por superstición, y otros por el tremendo respeto que esa mujer causa aún después de muerta. ¿Quieres que te cuente la historia?

-Por favor -insistí.

-Todo esto tan extraño sucede en la tumba de Norma Ran desde hace ya… -dijo, haciendo cuentas con ayuda de sus dedos -. ¡Cincuenta y dos años! Ella era una escultora francesa que se afincó en el pueblo. Unos decían que huyó de Madrid, donde la perseguían por bruja. Otros decían que era prostituta… ¡Si hasta fumaba! Bueno, pues Norma hacía esculturas tan reales que se suponía que incluso tenían vida. La gente del pueblo no lo sabía pero Norma era muy famosa en su Francia natal. Era una mujer extraña. Algunos la llamaban “La satánica”, por su forma de vestir, porque fumaba y porque vivía de noche. No llevaba viviendo aquí un año cuando Norma tuvo que irse a vivir a los Cortijos, alejándose de las gentes del pueblo y de sus miedos. Aquí nadie la quería.

-¿Por miedo a la brujería?

-Supongo. Yo acababa de irme a la mili. Y estuve casi tres años fuera. Ella se fue por esa época y ya nunca volvió al pueblo, hasta que murió. La enterraron en una parte escondida del cementerio. Nadie fue al entierro, ni cuidada su tumba. De hecho la escondieron, apartándola del resto. Todos los años, en un día como el de mañana, amanece su tumba como si ella acabara de ser enterrada. Está más a la vista, desenterrada, limpia, reluciente… Los pocos que saben de esto lo achacan a admiradores, otros a familiares, e incluso alguno culpa a su amado Jean Luc, que dice que vuelve esa noche de Francia, deja la estatua y se marcha antes del amanecer… Pero algunos hablaban de…

-¿De qué? -pregunté impaciente al ver el miedo en su silencio.

-Muchos dicen que esa noche aparece algo en el cementerio.

-¿Algo? ¿Qué es algo?

-Una estatua. Su estatua. Dicen que la enterraron con ella, al lado de su féretro, y que esa noche sale de debajo de la tierra. Solo está allí ese día: al día siguiente, desaparece, y nadie sabe el motivo.

-¡Qué raro todo!

-Sí. Yo sé que no es nada de eso. Yo conozco el secreto, y te lo voy a contar – me dijo muy serio, bajando la voz, agachando la cabeza, y acercándose a mí mientras se apartaba la mascarilla -. Un día antes de la noche de los difuntos lo oí en El Estanco. Un hombre mayor se lo contaba a otro en secreto creyendo que nadie le escuchaba, pero mi primo y yo le escuchamos porque estábamos en el patio pintando. Lo que le contó al otro hombre era espeluznante.

Yo acababa de venir de la mili y no tenía miedo a nada. No pude convencer a mi primo para que viniera conmigo, y, aunque me dio algo de miedo, no me pude resistir. Esa noche fui solo al cementerio, me escondí tras la tapia y esperé. ¡Lo que contaron en El Estanco era verdad! Te aseguro que aún no me he repuesto de aquello.

-¿Qué pasó?

-¿Qué pasó? -me preguntó con la tez más pálida aún de lo que ya estaba antes -. Lo que yo vi allí fue algo espeluznante. Sé que no te lo creerás, pero yo lo vi.

-Pero, cuéntemelo usted.

-Yo estaba escondido. No se oía nada. No había nadie. De pronto oí un ruido extraño: era como si una piedra se rompiera. Al mirar hacia allí pude ver a alguien arrastrándose junto a la tumba. Pensé que era una persona, pero ese ruido era extraño. ¿Sabes? Yo la vi salir de la tierra.

-¿A Norma?

-No. Era la estatua. Yo vi esa estatua moverse. Te juro que era su propia estatua, la que Norma hizo con sus manos para su propia tumba, la que se movía y salió de la tierra; después, empezó a limpiar todo y a dejar reluciente aquella tumba. Yo creo que no me he asustado más en mi vida que aquella noche. Aquello era espeluznante. Yo vi a aquella estatua de granito moverse, limpiar la tumba, y hablar con Norma. ¡No era verdad que Jean Luc viniera a traerla!

-¿Y qué hizo usted?

-¿Que qué hice? Salí a correr y nunca más he vuelto a ese cementerio… ¡Ni volveré! Sé que me está esperando. ¡Esa estatua me miró! ¡Y de qué manera! Ya he dejado dicho que no quiero que me entierren allí: esa estatua me está esperando. Lo sé. Sé que nadie me cree, y por eso no lo cuento, pero yo lo vi. Fue escalofriante. Yo vi a esa estatua moverse de repente, en mitad de la noche, agacharse, limpiar la tumba de Norma, y hablar con ella. No me crees ¿verdad? Pues ve esta noche de Halloween y compruébalo tú mismo… No te arrepentirás. O sí.

-¿Y cómo no ha contado esto nunca?

-¿Que por qué no he dicho nunca nada de esto? ¿Tú lo harías? Te lo estoy contando y ni tú mismo me crees… Piensas que estoy loco ¿verdad? Pues ve allí esta noche. Si no vas porque te de miedo, que lo entiendo, ve mañana y podrás ver esa maldita estatua allí, junto a la tumba. ¿A que crees que estoy loco?

-No – le contesté mientras se levantaba y se marchaba con rapidez. Según él tenía cita con su peluquero, Miguel, y ya llegaba tarde.

-Lo siento. Tengo que marcharme. Miguel está haciéndolo muy bien con las horas en esto de la pandemia y no podemos llegar tarde. Buenas tardes. Si vas esta noche, mañana me cuentas tú a mí -me dijo guiñándome uno de sus ojos.

Ese hombre no mentía… Alguien que hablaba con esa seguridad y con ese miedo no podía estar mintiendo. Y aquí estoy yo, deseando reunir fuerzas para ir allí esta noche a ver esa estatua de la que me habla…

¿Alguien se apunta?

7 comentarios

  1. todas las mañanas vamos a andar y no te lo vas a creer pero nos hemos parado a ver el cementerio jeje. me ha encantado leerte, lo haces muy bien

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