LA PRIMAVERA NO TIENE FECHA. EL INVIERNO TAMPOCO.

Dicen que desde que el hombre es hombre – y la mujer, mujer -siempre ha habido un día concreto para que llegara la primavera, y otro para que llegara el invierno: cada uno tenía su fecha bien delimitada.
Yo no estoy de acuerdo con esa afirmación, por mucho que esté escrita en los libros Y no lo estoy porque yo he llegado a vivir una primavera, un verano y un invierno en un mismo día… ¡en uno solo, y sin fecha alguna.

Y es que, desde que ella tuvo a bien aparecer en el jardín de mi vida, yo sé que la llegada de la primavera o del invierno no tiene nada que ver con dos fechas concretas, sino de dos horas exactas: una de esas horas era justo esa en la que ella aparecía, y la otra era esa en la que, por desgracia, se tenía que marchar…

Porque ella siempre – para mi desgracia – tenía que marcharse.

Pero nadie me cree.

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