Previsión del tiempo

EL VIEJO VINILO DE SEVILLA LA NUEVA (PARTE I/II)

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Historia macabra contada en dos partes. Esta es la primera:

Esta historia que vas a leer puede parecerte lejana, pero no lo es: créeme. Esta historia ha viajado en el tiempo y, aunque sé que te resultará difícil de creer, quiero que sepas que es tan real como que yo la estoy escribiendo y tú la estás leyendo ahora mismo. Presta atención, por favor porque todo lo que vas a leer es cierto… aunque te resulte imposible de creer.

Ayer, aprovechando que había dejado de llover, salí a correr un rato por los campos de Sevilla la Nueva. Salí por el Nova, en dirección a la granja de ganado de los del antiguo Día, recorrí los caminos de tierra que rodean al pueblo hasta el campo de tiro y la gasolinera, volviendo a entrar en el pueblo por la carretera que viene de Navalcarnero. Al llegar al pueblo, justo en los contenedores que hay escondidos frente al Día, esos que hay casi enterrados al otro lado de la carretera, debajo de la parada del bus, me encontré una agradable sorpresa.

Reconozco que pocas cosas me gustan más que un vinilo, pero es que ese, además, tenía el encanto de ser muy, muy, pero que muy antiguo. Estaba allí tirado, junto a uno de los contenedores, apoyado sobre él. Al abrir la caratula y sacarlo de su plástico arrugado, ese olor tan característico me transportó a mi infancia. Miré a un lado y a otro, al ver que alguien lo había dejado allí, me lo llevé a casa. Reconozco que el disco estaba destrozado, con restos de humedades sobre su cartón, pero sabía que el vinilo podría recuperarlo si me lo llevaba a casa y lo limpiaba a fondo. Y eso hice.

Por suerte el disco no estaba tan mal como el exterior, y es que esos viejos plásticos que los cubren son “mano de santo”, como me dijo mi hermano una vez. Recuerdo que, de niño, siempre me decía: “si tienes el disco siempre metido en su funda durará toda la vida”… Y eso es lo que pasaba con ese disco.

Cuando puse el disco  en mi tocadiscos nuevo sonó ese típico ruido de la aguja luchando contra las motas de polvo ya incrustadas en los surcos. “Tras, tras, tras, tras” y, de pronto, una extraña música. No me era conocida, pero reconozco que había algo en ella que me resultó familiar. La aguja saltaba, los crujidos típicos de la aguja sobre el resto de polvo hacían que el sonido fuera más especial, otorgándole ese toque a sonido añejo que tanto me gusta… Me refiero a ese sonido que mis hijas no soportan cuando pongo un viejo vinilo de rock, de blues o de jazz.

De pronto oí una extraña voz dentro del disco. Me hablaba a mí. Me asusté.

Un tétrico “hola, ¿me escuchas?”, sonó por los cuatro altavoces del salón. La voz era profunda, de un hombre joven, pero parecía como sin vida… Un nuevo “¿estás ahí? sacudió mi alma, helándome la sangre. No supe porqué pero esa voz me estaba hablando a mí, y a nadie más.

“No te asustes, por favor”, volvió a decir, mientras yo me acercaba al plato para mirarlo desde más cerca, como si el sonido saliera de él y no de los altavoces.

“No te asustes, Jose”, volvió a decir, lo que hizo que, del susto, cayera de espaldas sobre la mesita… ¡Suerte que era de madera, y no de cristal”.

La voz seguía sonando, como llamándome, pero yo no podía creerlo… ¿Cómo iba a estar pasando eso allí, en Sevilla la Nueva, y en pleno año 2021? ¡No podía ser!

Pero la voz continúo hablándome, y yo, completamente enmudecido, y paralizado, no tuve opción de salir corriendo, que era lo que me apetecía hacer.

“No te asustes, por favor”, dijo otra vez. Quise interactuar con ella pero… ¡Coño, aquello era un disco! ¿Cómo iba a hablar con él?

“Llevo encerrado en este disco más de cincuenta años, y necesito contarte mi historia”.

—¿Estás de coña? —pregunté, mirando hacia el tocadiscos en todo momento, como si tuviera vida. Hubo un silencio.

“¿Qué esperabas, que te contestara?”, me dije a mí mismo, sonriendo y levantándome de la mesa, para quitar aquel disco tan extraño.

“Nooooooo”, gritó, lo que hizo que volviera a caer sobre la mesa, pero esta vez con mi corazón casi en la mano.

“Por favor, óyeme. Necesito contar mi historia a alguien”.

—¿Me estás hablando de verdad a mí? —balbuceé, completamente asustado, pero sabedor de que aquello no podía estar pasando de verdad.

“Sí, te estoy hablando a ti, Jose”, dijo con voz más profunda aún.

—¿Cómo sabes mi nombre? —pregunté ¿al tocadiscos?

“¿De verdad quieres que te lo cuente?”, contestó.

—¿Se trata de una broma?

“Ojalá”, contestó rápidamente, cosa que agradecí porque esos silencios, acompañados del sonido roto de la aguja sobre el polvo, hacía todo más devastador.

—¿Y qué quieres de mí? —pregunté muy serio.

“Quiero que me ayudes a desenmascar a quienes me dejaron encerrados aquí hace ya mucho tiempo. Tienes que ayudarme a hacerlo”.

—¿Me estás diciendo que alguien te dejó encerrado en este disco?

“No. Mi cuerpo está enterrado, pero nadie lo sabe… Por eso quiero que me ayudes”

—¿Quieres que te desentierre?

“No, quiero que me ayudes a vengarme de los que dejaron mi cuerpo enterrado bajo tierra como el de un animal, y mi alma aquí enjaulada como si estuviera en el infierno.

—¿Yo? ¿Y por qué yo?

“Porque sabía que tú pondrías el disco. En la casa donde estaba llevaba escondido más de treinta años sin que nadie me pusiera”.

—¿Era la casa de quien te…? —no me atreví a seguir la frase.

“¿De quien me mató? No. Esos me dejaron abandonado hacía muchos años en la antigua casa. Desde entonces he estado en varias casas de vecinos, pero ninguno ha sido capaz de escucharme nunca”.

—¿Y quieres vengarte de ellos?

“Claro. ¿Tú no lo harías? Mi venganza será terrible contra esos dos, pero para ello necesito unas manos ejecutoras…

—¿Y quieres que sean las mías?

“Sí. Y no puedes negarte. Además, tú los conoces… Tú conoces a los dos: a ella y a él”

—¿Les conozco?

“Sí, los conoce casi todo el pueblo, pero te ha tocado a ti. Ahí donde les ves, que parecen dos buenas personas, hicieron algo terrible, y es hora de que paguen por ello. Y tú me vas a ayudar… De lo contrario…”

En ese momento la aguja se levantó del disco porque había llegado al final. Extrañamente, aunque la aguja había vuelto a su lugar de reposo, el disco seguía girando, como si me estuviera invitando a colocar otra vez la aguja sobre él…

Tuve unos inmensos deseos de coger el disco, devolverlo a su carátula, y no volverlo a poner, pero…

Al final puse la otra cara y me senté. Ya no tenía miedo: era pura curiosidad.

El sonido de la aguja sobre los viejos surcos hacía todo más tétrico, y la voz no tardó en sonar otra vez.

—Como te he dicho antes, tú conoces muy bien a mis dos asesinos, y quiero que me ayudes a vengarme.

—Yo no pienso matar a nadie, lo siento —contesté, mirando al disco, como si fuera una persona… ¿Acaso estaba perdiendo la cabeza?

—Yo no te he dicho que tengas que matar a nadie —me contestó con voz funesta —. Pero tendrás que hacer todo lo que yo te diga.

—También puedo negarme —dije, no muy convencido.

—No, querido amigo —dijo con una extraña voz mezclada con una sonrisa que me heló el alma —. Lo siento, pero ya no podrás negarte: Ya eres mío.

—¿Ah, sí? ¿Y si me levanto y corto el disco?

—Inténtalo —fue lo único que dijo, mientras yo me levantaba, aunque no muy convencido de querer hacerlo.

—¡Te vas a enterar! —dije, acercándome al tocadiscos. Antes de llegar hasta el botón de apagado un violento rugido sonó por todos los altavoces mientras observaba cómo el botón redondo del volumen del amplificador giraba rápidamente hasta el número cien, que era el más alto de su escala.

El sonido era ensordecedor, violento, e hizo que me tirara sobre el sofá tapándome los oídos.

—¿Me crees ahora? —dijo de nuevo, bajando el sonido y volviendo al de antes.

—Sí, pero… Los vecinos se van a enfadar, o mi mujer y mis hijas.

—Tranquilo, nadie ha oído nada… Nadie puede oírme, salvo tú.

Y así era, porque mi mujer y mis hijas ni se habían enterado de aquello… Para ellas solo sonaba la música de aquel viejo disco… Ellas parecían ajenas a todo aquello… ¿O estaba soñándolo todo?

Ese disco no era una simple grabación. Esa voz respondía a todas mis preguntas, y actuaba en directo, como si realmente viviera allí, y eso me dio mucho miedo. Entonces pasó algo que me asustó aún más…

—No te hagas ilusiones —me dijo, con esa voz medio sarcástica.

—¿A qué te refieres? —pregunté un tanto desconcertado.

—No te creas que cuando se corte el disco estarás a salvo.

—¿Cómo sabes que estaba pensando eso?

—Yo ya estoy dentro de ti, querido. Ya somos uno. Esa era la trampa de esta cara B. Pensaba que no la pondrías, que te asustarías, pero eres valiente, y te lo agradezco. Quiero que sepas que, aparte de ayudarme a mí, yo también te ayudaré a ti.

—¿Cómo? —pregunté.

—Yo sé muchos secretos de este pueblo, de sus gentes, y todos esos secretos te serán de mucha utilidad si sabes usarlos en su momento… ¡Sevilleja está llena de secretos! ¿Los quieres?

—Claro —respondí, nervioso.

—Pues tuyos serán, pero a su debido momento. Primero, nuestra venganza.

—Está bien: cuéntame.

—Verás. Yo nunca tuve familia. Mis padres me dejaron abandonado en un hospicio de Granada y allí me crié, ayudando a las monjas, estudiando, hasta que conseguí marcharme. Siempre me gustaron los estudios y conseguí terminar el bachillerato. Con el tiempo me vine a Madrid y comencé a trabajar en una empresa. En poco tiempo me hice jefe y mi vida fue viento en popa.

Un año, trabajando con el agente de otra empresa muy potente, nos hicimos muy amigos. Él era soltero, y venía mucho a casa. ¡Se hizo casi de la familia!

Era un tipo simpático, encantador, y muy buen amigo… ¡O eso creí yo! El tipo estaba en casa más que yo, y era como uno más. Lo que tardé en comprender era que se había enamorado de mi mujer. Para mi desgracia, mi mujer también se enamoró de él.

Un día les descubrí juntos. Yo estaba de viaje, pero volví antes de tiempo y me los encontré desnudos, disfrutando de nuestra nueva piscina.

—¡Qué cabrones! —dije, escuchando atentamente.

—Y no solo eso. Además me hicieron ver que todo era por mi culpa, que no sabía tratarla, cuando la tenía como a una reina. Discutimos durante horas y les pedí que se fueran de mi casa… ¡No quería volverlos a ver!

—¿Se fueron?

—¡Qué va! Me dijeron que no se pensaban ir. Que ellos eran dos y que se quedarían en esa casa. ¡No me lo podía creer! ¡Querían echarme de mi propia casa!

—¿Te fuiste?

—No. Jamás. Por encima de mi cadáver…

—Bien hecho.

—No sé qué decirte porque se lo tomaron muy a pecho: me mataron esa misma noche. Estaba yo intentando dormir mientras ellos dormían en la habitación que teníamos para los invitados. Los muy cabrones follaban como locos, haciendo ruido para que pudiera escucharles. Me fui a la cocina con una rabia increíble y cuando me descubrí arriba tenía un cuchillo en la mano. Ellos seguían disfrutando.

No podía creer que esas dos personas a las que tanto quería pudieran estar haciendo aquello… ¡Se estaban riendo de mí sin ningún pudor!

Pilar y yo llevábamos juntos dos años. Es verdad que no estábamos casados, pero casi. Ella me adoraba, y yo a ella, pero el cabrón de Roberto se tuvo que interponer en nuestras vidas…

La verdad es que tenía que habérmelo imaginado porque durante el tiempo que trabajamos juntos era un donjuán, un ligón empedernido, y las mujeres se volvían todas locas por él: era la reencarnación del mismo Casanova.

Yo no quise darme cuenta, pero ellos se hicieron muy amigos, y confindentes, y siempre estaban juntos, incluso cuando yo no estaba en el pueblo.

Cuando entré en el dormitorio ella estaba encima de él. ¡Dios, aún puedo oler su cuerpo al recordarla! Hacían el amor. Ella se sorprendió, y se cubrió. A él no pareció importarle mucho, y me sonrió.

“¿Qué vas a hacer con ese cuchillo?”, me preguntó sonriendo, acercando su mano a la mesilla para coger un cigarro mientras mi mujer cubría su cuerpo y su cara, asustada.

“Debería matarte”, le dije, totalmente encolerizado.

“Deberías, pero no lo vas a hacer”, me dijo de nuevo, abriendo el cajón de la mesita para coger el mechero. En lugar de eso sacó un revólver que me dejó helado… ¡El muy cabrón iba armado!

Tuve mucho miedo. Me apuntó a la cabeza y me ordenó que me arrodillara. Pilar me miraba asustada, y le pedía que no lo hiciera. Él se volvió hacia ella, y le dijo: “Pilar, podemos quedarnos con su pasta, que tiene mucha. Nadie lo echará de menos y no nos hará la vida imposible”.

Ella no dijo nada, y él, sonriéndome, me dijo al oído: “despídete de este mundo, maldito perdedor. Me quedo con tu mujer, con tu dinero, con tu casa y con tu Volvo”.

—¿Te disparó?

—Tres veces.

—¿Y ella?

—¿Ella? Lo tenían ya planeado… Querían quedarse con todo, y sabían que  nadie me echaría de menos.

—¿Y los vecinos? ¿Nadie sospechó nada en Sevilla la Nueva?

—¿Sevilla la Nueva? Nosotros vivíamos en un pueblecito del norte de Madrid. Vendieron la casa, y a un muy buen precio, en pleno aupogeo inmobiliario, y se vinieron a Sevilla la Nueva a vivir, donde nadie los conocía y donde empezar una vida normal. ¿Sabes ya quiénes son?

—No puede ser. Roberto y Pilar no harían nunca algo así.

—Eso pensé yo.

—¿Y cómo acabaste en el disco?

—En mi casa siempre había música puesta, y yo era un loco de los vinilos. Justo en el momento del disparo sonaba este disco que había puesto para no oírles mientras follaban como animales… Supongo que fue así como acabé en él.

—¡Qué fuerte! ¿Y qué quieres que haga yo?

—Quiero que los mates.

—Yo no puedo hacer eso. Son mis amigos.

—También eran mis amigos, no lo olvides. Tendrás que hacerlo o…

—¿o?

—O ellos o tu familia: tú decides.

—No puedes hacer nada malo a mi familia ahí dentro —le dije.

—Eso piensas. Puedo hacer que vuestra vida se convierta en un infierno. Es más, si quieres puedo empezar ahora mismo.

—No te creo.

—¡Jose! —gritó mi esposa desde el otro lado de la casa. Su grito fue de dolor, y corrí hacia allí.

INTROSPECCIÓN

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Creemos que vivimos con los ojos abiertos, pero, en realidad, los llevamos siempre cerrados. Es por eso por lo que siempre vivimos dependiendo de la respuesta a esas dos preguntas que nos hacemos siempre con los ojos abiertos: ¿Me ven feliz? ¿les gusto?
Por eso hay que cerrar más los ojos y responder a las dos preguntas que siempre debiéramos hacernos:
¿Soy feliz? ¿Me gusto?

MI “OCÉANA”

Puede ser arte de una o varias personas

¿Que qué la diferenciaba de los demás y la hacía única? Pues, en realidad, es más fácil de explicar de lo que parece…

Mientras los demás eran tierra, como lo era yo mismo, toda ella era mar.

Ella no tenía pelo ni rostro, ni siquiera tenía cuerpo como los demás…

Ella tenía olas en su pelo, brisa marina en su boca y un océano completo dentro de su alma.

En los demás podías pisar, pasear e incluso mirar… En ella, en cambio, solo te podías sumergir.

Hagamos el humor

CUESTIÓN DE EQUILIBRIO

Puede ser una imagen en blanco y negro

Tú siempre me decías que yo daba equilibrio a tu vida… ¡Qué tonta! ¡Si era justo al revés!

Yo nunca te creí porque siempre tuve muy claro que mi equilibrio, no solo lo tenías tú, sino que dependía exclusivamente de ti: Y lo mejor de todo era que no era necesario que hicieras nada especial: tan solo dejar que pudiera mirarte… ¡hicieras lo que hicieras!

En realidad, lo que hicieras era lo de menos.

¡EXCLUSIVA MUNDIAL! ENTREVISTA A SUPERACETA Y A SUPERINFINTO EN EL DAILY MOTRILIAN FAROX

Motrilian Farox.

José Manuel Feisax Arquerox (Motrilian City, 26-05-2021)

En Motrilian City no se habla de otra cosa que no sea la figura de esos dos superhéroes que tienen fascinados a niños y mayores. Gracias a ellos la ciudad está más segura; sobre todo después de la aparición de esas extrañas bandas de “villanox” que no dejan de incordiar la tranquilidad de sus habitantes. En la Nueva Sevilla, pueblo hermanado y distante a 500 km, sucede algo muy parecido: unos extraños “villanox” intentan acabar con la paz que allí siempre reina.

Ha sido gracias a la aparición de esos dos extraños niños enmascarados que todos podemos estar más tranquilos. Todos hemos oído hablar de Superaceta (Super AZ) y de Superinfinito, pero ¿qué más sabemos de ellos? Todos sabemos ya cómo visten y que llevan un antifaz para cubrir su rostro, pero ¿qué más sabemos de ellos?

¿Cómo son sus poderes?, ¿de dónde vienen?, ¿qué hacen en su tiempo libre?, ¿qué les gusta?,  ¿van al colegio?, ¿cuál es su youtuber favorito: Auron, Rubius, Ibai…?

Todos les hemos visto alguna vez.Todos recordamos a estas alturas cómo entraron las letras dentro de nuestros amigos Superaceta y de Superinfinito: escaparon de aquel libro y se pegaron a sus pieles como si fueran tatuajes. ¡Qué maravilla! ¡Y qué suerte! Después, desaparecieron dentro de su piel.

Por suerte, nuestro compañero José Manuel Feisax Arterox, reportero del Daily Motrilian Farox, ha conseguido hacer una entrevista a estos dos superhéroes infantiles que harán las delicias de los más pequeños y de los más grandes. Nuestro compañero llevaba mucho tiempo investigando, persiguiéndoles, pero los chavales siempre ofrecían un no por respuesta. Ha sido gracias al capitán Pacomares, de nuestra policía portuaria, por lo que, por fin, ha podido entrevistarles en su despacho. Aquí os dejamos la entrevista que esperemos sea de vuestro agrado.

JM: Como imagináis los niños y niñas están deseando saber más de vosotros, y quiero agradeceros el detalle de acceder a esta entrevista.

SA(Superaceta): Nada hombre, es un placer.

JM: ¿Cómo os llamáis? A los niños le interesará saber vuestros nombres.

SI (Superinfinito): Yo me llamo Superinfinito y él Superaceta (sonríe).

JM: ¿Es importante para vosotros manteneros en el anonimato?

SA: Sí, más de lo que imaginas. Hay algunos “villanox” escondidos que están esperando a conocernos para robarnos nuestro superpoder.

JM: Hablando de eso. Todos sabemos más o menos cuál es, pero ¿podrías explicarnos?

SA: Todo el mundo lo sabe ya: yo tengo unas amigas muy especiales que son las que me dan todo ese superpoder.

JM: Las letras ¿No? ¿Y cómo va eso? ¿cómo funcionan dentro de ti?

SA: Pues la verdad es que ni yo mismo lo sé aún. Solo sé que ellas viven dentro de mí, que se sienten seguras allí, y que me ayudan muchísimo. Sin ellas no podría ser Superaceta. De hecho, ellas me convirtieron en él.

JM:Ya, pero ¿cómo funcionan? ¿Podrías mostrármelo? Tengo mucha curiosidad porque he oído muchas cosas, pero nunca lo he visto.

SA: Claro.

En ese momento, nuestro superhéroe me enseña su brazo y me pide que le haga una pregunta muy difícil. Al principio no entiendo nada, pero insiste en que busque en mi dispositivo móvil una pregunta muy complicada.

Al principio no sé qué preguntar y decido buscar en google cuál es la pregunta más difícil de responder. Le formulo la pregunta: “¿Cuál es la pregunta que nadie puede contestar de manera afirmativa?”.

Superinfinito se acerca a mí y me señala el brazo de Superaceta. Mis ojos se clavan en él. Es un brazo de niño, blanco, sin vello y sin musculatura –de un superhéroe se esperan músculos. Nada pasa hasta que empiezo a notar unas manchitas que se mueven dentro de la piel: es como si algo transparente empezara a tomar color y forma.

¡No me lo puedo creer! Esas manchitas se empiezan a convertir en letras. Las hay a miles, todas en minúscula, y corren a lo largo de su brazo, de un lado para otro a una velocidad increíble, sin sentido, sin orden, pegadas unas a otras, pero nunca chocan entre sí… ¡el espectáculo es maravilloso!

De pronto unas letras se hacen más grandes que las demás y, mágicamente, no tardan en hacerse mayúsculas. Todo sucede tan rápido que apenas puedes percibirlo. Son doce letras y dos signos de interrogación que se reúnen mientras las otras se separan de ellas. Esas doce letras se hacen claramente visibles y forman la frase: “¿ESTÁS DORMIDO?”.

Superaceta tapa su brazo y las letras desaparecen de igual manera que aparecieron antes, dejando su brazo limpio. El niño, sonriendo, me pregunta: “¿Es esa la respuesta?”.

Con Superinfinito hacemos el mismo juego: le propongo una cuenta imposible y sus números no tardan en unirse dándome la cifra correcta.

“¿Cuánto es 789564123 multiplicado por 769? Sus números empezaron a bailar y escribieron sobre su piel la cifra 607174810587.

¡Alucinante!

JM: ¿Duele?

SI: No, al revés.  Imagina que te echas gotas de agua muy finas sobre tu brazo y sientes cómo se deslizan por él. Es algo parecido.

JM (Feisax): Los niños de Motrilian City quieren saber quiénes sois, pero sobre todo quieren saber cómo sois.

SA (Superaceta): Pues somos dos niños normales y corrientes, la verdad.

SI (Superinfinito): pero corrientes, corrientes (sonríe).

JM: Sí, ya me he dado cuenta (sonreímos los tres). ¿Cuántos años tenéis?

SI: Yo tengo 7, y Superaceta tiene 9.

JM: Y vais al colegio ¿no?

SA: Claro. Todos los días que los villanox nos dejan.

JM: Supongo que no me podéis decir a qué colegio vais.

SI: Supones más que bien.

JM: ¿Y qué es lo que más os gusta del colegio?

SI: A mí, sin duda alguna, el patio (el recreo). A mi hermano, la biblioteca.

SA: Me gusta la biblioteca, pero también me gusta mucho hacer deporte.

JM: ¿Vuestras asignaturas favoritas? Bueno, las imagino.

SI: las Matemáticas, Ciencias y Educación Física… ¡Y el recreo!

SA: Yo creo que me decanto también por Lengua y Ciencias.

JM: ¿Y qué os gusta hacer en vuestro tiempo libre?

SA: Pues supongo que lo que a todos los niños…

SI: Sí. Nos gustan los videojuegos, los canales de Youtube, el deporte…

SA: Y leer. A mí me gusta mucho leer.

SI: A mí no tanto, la verdad: me aburre un poco.

SA: Superinfinito es más de hacer cuentas, fracciones, estadísticas…

JM: ¿Cuál es vuestro youtuber favorito?

SI: A mí me gustan Ibai y Rubius. Superaceta es más de Auron y Veggetta.

SA: Y Willy Rex.

JM: ¿Vuestra comida favorita?

SI: Las migas los días de lluvia, la pasta, las hamburguesas.

SA: A mí me gusta casi todo. Solo hay algo que no soporto: el queso. A Superinfinito le encanta.

JM: ¿Tenéis mascota?

SI: Siempre hemos tenido perro en casa.

JM: ¿De qué equipo sois?

SA: Yo, del Madrid; y él, del Barca. Nuestros padres son del Atleti.

JM: De todos los villanox a los que os habéis enfrentado ¿cuál ha sido el más difícil?

SI: Imierdapalchaquetix y Playaponientix

JM: ¿Y vuestro villano favorito de todos?

SA: No sé, quizás Haceveranox; y Lucix, el viejo milenario.

SI: Sí, de ese aprendimos muchas cosas muy bonitas de la naturaleza. Nos dio una buena lección.

JM: ¿Y al que más teméis?

SI: A mí el que más miedo me ha dado ha sido Afrix, el cefalópodo tragabarcos… ¡Qué miedo pasé al verle!

SA: ¡A todos! Pero hay uno que es el más peligroso de todos. Se trata de uno del que nadie sabe nada, pero que es el que nos anda buscando en la sombra para arrebatarnos nuestro poder. Se llama Faltortográficus. Ese es el villano de los villanox.

JM:¿Y qué podéis contarnos de él?

SI: Nada. Aún nada, pero pronto sabréis de él: estamos convencidos.

JM: ¿Habéis tenido últimamente alguna misión que no haya salido en prensa aún?

SI: Sí. Hace poco tuvimos que ir a La Nueva Sevilla a luchar contra un villano llamado “Duquex”; y también contra “Josetex”, que robó toda la banda ancha del pueblo. Y aquí, en Motrilian City, lo último que recuerdo fue el atraco al MOMAX y el incidente del San Antoniox.

SA: Recuerda el último: luchamos contra “Elchirix”, un villano que intentó robar la alegría de Motrilian City a base de blues.

SI: Sí. ¡Menudo pieza!

SA: Y no te olvides de Fortnitex… Ese fue peligroso.

JM: Y vuestros padres, ¿qué opinan de todo esto? ¿No tienen miedo?

SA: Están contentos a medias. Por un lado saben que estamos a salvo con estos poderes, pero también lo pasan mal cuando vamos a alguna misión.

SI: Por suerte confían en el capitán Pacomares, que es nuestro grandísimo aliado. Si no fuera por él…

JM: ¿Qué relación tiene La Nueva Sevilla con Motrilian City? ¿Por qué allí también atacan estos extraños villanox?

SA: Pues es algo que no podemos contar, pero digamos que ese pueblo tiene mucho que ver con nosotros… Es como si fuera nuestro segundo pueblo.

JM: O sea, que habéis vivido allí alguna vez.

SI: De eso no podemos hablar. Es mejor para todos, créeme. Solo podemos decir que Motrilian City y La Nueva Sevilla son una misma cosa para nosotros. Hasta ahí podemos leer.

JM: ¿Y nadie sabe vuestra verdadera identidad?

SA: Solo nuestros padres, nuestro tío Carlox, que tiene bastante “culpa” de todo lo que nos pasa, y una persona más de la que ya mismo oiréis hablar.

JM: ¿De quién se trata? ¿Es alguien importante?

SI: Más de lo que imaginas.

JM: ¿Un nuevo superhéroe?

SA: O superheroína.

JM: ¿No podéis contar nada más de él o de ella?

SI: Solo que pronto la conoceréis. Su poder es brutal.

JM: ¿Tiene que ver algo con vuestros poderes?

SA: ¡Muchísimo! No podemos contar más aún.

JM: Por cierto, me gustaría saber si es verdad esa leyenda que corre por todos lados y que dice que hace tiempo perdisteis vuestro poder. Es decir: que las letras y los números os abandonaron en el mar. ¿Es eso cierto?

SI: Sí. Así fue. Es verdad. Eso sucedió, pero por suerte pudimos encontrarlas.

JM: ¿Y cómo las encontrásteis?, ¿dónde?, ¿os costó mucho?

SA: Digamos que ellas se encargaron de buscarnos a nosotros.

JM: Está bien. Y ya para despedirnos: ¿esperáis un verano tranquilo?

SA: Sí. Esperemos que los villanox nos dejen disfrutar de lo que más nos gusta, que es estar en la playa con nuestra chupipandi y nuestros primos.

JM: ¿Y cuál es vuestra playa favorita?

SI: La mía la de Poniente, sin duda alguna.

SA: La mía, la de Calahonda.

JM: Pues nos veremos por ellas este verano.

SI: Sí, y esperemos que sea sin traje y sin máscara, que dan mucho calor.

JM: Pero no os podré reconocer sin vuestro traje.

SA: Nosotros a ti, sí (más risas).

JM: Pues muchas gracias por esta entrevista. Antes de despedirnos, ¿queréis mandar algún mensaje a los niños y niñas?

SI: Sí, que disfruten mucho del verano y que sean amables siempre con los demás: la amabilidad es la clave para que el mundo sea más bonito.

JM: Bonita palabra. ¿Y tú, Superaceta?

SA: pues lo mismo… Y que sonrían siempre: la sonrisa hace más rico al que la recibe sin hacer más pobre al que la da… ¡Y que lean! Que lean mucho bajo la sombrilla, en casa, en la piscina…

SI: Que lean las Aventuras de Superaceta (guiño cómplice).

Después de hablar con ellos se levantan, colocan bien las sillas donde han estado sentados, y se despiden amablemente de mí, y cariñosamente del capitán Pacomares, a quien aprecian mucho.

Son dos niños simpáticos, que parecen normales y muy educados. Pero si tuviera que definirles con un solo adjetivo, me quedaría con el de amables.

Me han gustado mucho. Motrilian City y La Nueva Sevilla: Enhorabuena.

Nota: sentimos no poder acompañar la entrevista con imágenes, pero insistieron en no ser grabados en ningún momento.

José Manuel Feisax Arquerox

Capítulo dedicado a José Manuel González Arquero, periodista que me informó en pandemia de todo lo referente a Motrilian City; y a Pedro Feixas, periodista tambien, amigo de mi hermano y a quien admiraba de jovencito. Y los dos promocionaron en Motril (El Faro, y Telemotril) el libro. Gracias.

Superaceta y la doncella Carmen

—¿Has visto a la doncella Carmen?

—Sí. Parece otra —dijo Superinfinito.

—Y tanto —dijo Superaceta —. Parece una mujer ya, pero ella es aún una niña.

—Seguro que es culpa de algún villano.

—Sí, mira lo que dicen mis letras: “Dejadeserniñax” —leyó Superaceta en su brazo.

—¿Dejadeserniñax? ¡qué nombre más curioso!

­—Sí. Su objetivo es hacer que los niños, que son los que alegran la vida de Motrilian City, dejen de serlo y se hagan aburridos adultos, y creo que ha atacado a Carmen.

—¿Y qué podemos hacer?

—Me dicen mis letras que nada podemos hacer nosotros; tiene que ser ella quien le derrote.

—¿Y cómo lo hará? ¿Podrá sola?

—Sí, parece ser que tan solo tiene que seguir siendo niña todo el tiempo que ella quiera… Nada más.

—¿Solo eso?

—Bueno, no creas que es tan fácil, Superinfinito. Nosotros la apoyaremos, pero tiene que ser ella quien luche contra el villano porque hay un momento en la vida de todos los niños que su sueño es hacerse mayores.

—¿Sí? ¿Y para qué?

—Pues es algo que no sé decirte, pero es algo que suele pasar.

—Ella luchará contra eso. Estoy seguro porque la conozco bien.

—Sí, y nosotros la apoyaremos en todo momento.

—Entonces lo conseguirá porque Carmen será siempre una niña.

—Ya te digo.

ENCUENTRA AL ASESINO DE SEVILLA LA NUEVA: ASESINATO DE ALFONSO, EL BIBLIOTECARIO.

El cuerpo sin vida de Alfonso, nuestro bibliotecario, había aparecido en el despacho nuevo de la nueva biblioteca con un marcapáginas de metal clavado en su espalda. Un gran charco de sangre manchaba la mesa y cubría buena parte de sus zapatillas.
El capitán de la policía local reunió a las tres personas que aquella mañana habían estado en la biblioteca e inició los interrogatorios.
María, la bibliotecaria infantil, fue la primera en responder:

-Cuando Alfonso se encerraba en su despacho no quería que nadie le molestara. Y eso hicimos, como siempre. Estuve esperándole en la antesala junto a Ana, la concejala, más de una hora, hasta que, cansadas de esperar, nos marchamos… ¡Todos tenemos cosas que hacer!
-¿Cómo sabia que él estaba dentro? -preguntó el capitán -. La concejala Covadonga nos ha dicho que estuvo aquí toda la tarde y que ella no le había escuchado.
-Lo sabía porque tanto la concejala como yo podíamos oír sus taconeos en el parqué cada vez que andaba de un lado para otro del despacho. Alfonso tiene esa manía de pisar fuerte siempre… Ella se lo podrá decir.
-Así es -dijo la concejala Ana, con su simpatía habitual, corroborando las palabras de la bibliotearia -. Tenía que estar muy nervioso porque no paraba de andar de un lado para otro. Algo le pasaba.

-¿Cuándo ustedes se fueron él seguía allí?

-Sí, seguro -dijeron a la vez -. Ya le digo que no dejaba de moverse por el despacho, pero teníamos cosas que hacer, nos despedimos de Covadonga y nos marchamos.

La concejala Covadonga era la que parecía más nerviosa. Según ella, había estado allí también toda la tarde, pero en el ordenador, alejada de su despacho, y no sabía si quiera que Alfonso hubiera llegado ya.

-Yo estuve aquí toda la tarde y no escuché nada. De hecho no sabía ni que él estuviera ya allí dentro. Lo siento, pero es que me pone muy nerviosa la sangre. Y ese marcador…

-Me han dicho que ese marcador es el que siempre hay en esta mesa. ¿Es así?

-Pues no lo sé. Yo no suelo estar por aquí, pero como hay que ayudar con la nueva biblioteca…

-¿Y no escuchó nada, ningún ruido?

-Nada de nada. Ana y María estuvieron esperando un rato a Alfonso, pero se marcharon. Oía a Asensio, el alcalde, removiendo los archivos, pero nada más. Ya le digo que pensaba que Alfonso no había venido. Y yo nunca entro en su despacho.

Por su parte, Asensio, el alcalde, declaró que había estado toda la tarde también allí, en el archivo, buscando unos documentos muy importantes y que no había oído ni visto nada que llamara su atención.

-Capitán, la cosa parecía muy tranquila en esta biblioteca esa tarde, se lo aseguro.

Al entrar en el archivo el capitán comprobó que se encontraba en la misma planta que el despacho de la víctima, separado de éste por un pequeño patio al que ambas piezas estaban comunicadas por una amplia ventana.

El capitán sabe que al menos uno de ellos asesinó a Alfonso, pero ¿quién?

SI EL HEAVY METAL FUERA UN PARTIDO POLÍTICO…

Eurovisión 2021: ¿cuál es el secreto del éxito de Måneskin e Italia?

Es noticia que un grupo de heavy metal italiano haya ganado Eurovisión.

Si el heavy metal fuera un partido político en España diría hoy: “Europa ha hablado: toda Europa es heavy”.

Por suerte, el heavy metal no es un partido político y sabe perfectamente que ganar Eurovisión no es mas que ganar un festival más (normalmente amañado) y sabe también que ganarlo no le convierte, ni mucho menos, en la música favorita de toda Europa.

´CUADROS DE AMIGOS: TARDES DE VERANO

Puede ser una imagen de al aire libre
Josa he visto este cuadro y he dicho, seguro que le gusta y escribe algo (Laura)

Los demás nunca lo supieron pero siempre que ella aparecía en “mi playa” todo cambiaba.

Mientras los demás preparaban sus toallas sobre la arena, ella desahuciaba sus ropas, las colgaba con exquisito cuidado en aquel tendedero invisible, y se tumbaba, completamente desnuda, sobre esa fresca hierba para que la devorara el sol que habitaba en mis ojos…

Y es que ella convertía aquella calurosa tarde de playa en una fresca tarde de verano en el lago.

Los demás nunca lo supieron; ella, en cambio, siempre lo supo: mis ojos nunca supieron ocultárselo.

ESTA SÍ ES “MARCA ESPAÑA”: no os empeñéis en manchar algo tan limpio.

Puede ser una imagen de una o varias personas, uniforme militar y al aire libre

Que esto no es izquierda o derecha… ¡Dejadnos en paz!

Que esto es la España que somos… o la que queremos ser… ¡Dejadnos en paz!

No os empeñéis en manchar algo tan limpio.

Puede ser una imagen de una o varias personas y al aire libre

España somos cada uno de los miembros de ese ejército, de esa policía, de esas ONG, y de esos voluntarios, y de todos los que han estado ahí tratando a esa pobre gente con tanta profesionalidad y humanidad…Y eso no es patrimonio ni de la izquierda ni de la derecha… ¡Ni siquiera es patrimonio de España!

Puede ser una imagen de una o varias personas y al aire libre

Pero yo soy español, y me siento orgulloso de que esto sí sea “marca España”. Y España, aunque moleste a muchos, no es ni de izquierdas ni de derechas… ni siquiera de centro. España es de todo el que la quiera.

¡Aunque os empeñéis en lo contrario!

Puede ser una imagen de 1 persona y masa de agua

Lo mejor de todo es que si conseguimos desaprender de una vez esa maldita creencia de que todo es mejor desde un lado o de otro, el mundo será mejor. Y lo será porque se verá con los ojos inocentes de los niños…

Ellos no entienden otra cosa que no sea ayudar a quien lo necesita: sea de donde sea.