HUGO Y LA LUNA

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Hugo no podía dormir y nadie lo entendía… Ni papá ni mamá ni sus abuelos ni sus amigos del cole. ¿Cómo alguien tan feliz como él era incapaz de conciliar el sueño?
Nadie lo sabía aún porque no se atrevía a decirlo, pero a Hugo le daba miedo la oscuridad de la noche, le aterraba su silencio y, sobre todo, le sobrecogía su terrible y abrumadora soledad. Durante el día todo era luz, calor y ruido, pero, por la noche, todo se hacía tan diferente…
Fue una noche de verano, cansado de no poder dormir como los demás, cuando Hugo decidió vencer a todos sus miedos nocturnos. Esa noche bajó a la orilla en solitario mientras todos dormían. Al llegar junto al rompeolas vio una pequeña barca. Al subir, la barca se movió sola por el tranquilo mar, como si alguien estuviera soplando sobre sus pequeñas velas, mientras se adentraba en una extraña niebla.
No llevaba mucho tiempo navegando cuando la bruma empezó a disiparse. Por entre las nubes que nadaban en el mar, observó un leve destello y oyó el sonido de una bonita nana que parecía tarareada por alguien inhumano.
Al desvanecerse tla suave niebla, Hugo pudo ver la luna que le miraba sonriente, echada sobre el agua. Al igual que había hecho él, la luna había bajado del cielo para vencer el calor y darse un baño en secreto.
-¿Qué haces aquí? – le preguntó Hugo un tanto sorprendido.
-He venido a darme un baño y así olvidarme de mis miedos.
–¿Miedos? ¿Tú tienes miedo? Tú eres la luna…
– A mí me pasa igual que a ti, querido Hugo. A mí tampoco me gusta la noche.
-¿No? Pero si tú eres la luna, ¿cómo no te va a gustar la noche?
–Pues esa misma pregunta te hago yo a ti -dijo la luna, mirándole seriamente -. ¿Cómo tú, siendo un niñocomo eres, no te gusta estar en tu cama? ¿Sabes lo que daría por pasar una sola noche en ella?
–Supongo que me da miedo la noche.
-No tengas miedo a la noche, Hugo. Es en ella donde menos cosas malas pasan, donde más seguro puedes estar, y donde todo puede hacerse realidad… Es en la noche cuando soñamos, y no olvides que para que algo bueno pase, primero hay que soñarlo. Así que, vete a tu cama y duerme tranquilo.

Entonces la luna sopló suavemente al barquito, que volvió a la orilla para que el niño volviera a su cama. Cuando Hugo se tumbó miró por su ventana y vio cómo la luna subía de nuevo al cielo. No tardó más de un minuto en dormirse y justo ahí empezó su idilio con la noche: justo el día en el que empezó a hacerse mayor.

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