AQUELLA NOCHE (microrrelato)

MICRORRELATOS (a mí con esas)

AQUÍ OS DEJO UN NUEVO DESVARÍO MENTAL, UN MICRORRELATO NACIDO EN LA PLAZA DE LOS ARCOS MIENTRAS LAS NIÑAS JUGABAN.

AQUELLA NOCHE

 

Soy de esos que se consideran una buena persona. ¿Y por qué no? La prueba de ello  es que todos los que me conocen lo dicen. Lo que no sabe ninguno, ni sabrá jamás, es que dentro de mí guardo un terrible secreto que, si lo llegaran a conocer, acabaría con esa opinión. En realidad no solo acabaría con eso… Acabarían también con su propia vida. Por eso será siempre un secreto.

Detrás de ese maestro simpático y bonachón, de ese esposo  devoto e ideal, de ese padre amantísimo y de ese abuelo cariñoso que todos conocen, se esconde también la sombra de un ex asesino. Al menos así es como me considero.

Eso sí, en mi ya larga vida solo he cometido dos crímenes, y de eso hace ya muchos años. Tantos que ni siquiera los familiares de las víctimas se acuerdan. Yo sí.

Cometer un crimen no era fácil, pero ese tipo me hacía chantaje insistentemente por un error que cometí en mi juventud. Conseguí un dinero que no tenía y le pagué, y volvió a hacerlo. Le pagué una segunda vez. La tercera le dije que no volvería a pagarle, y quiso cumplir su amenaza. No podía permitirlo.

Cuando le maté  lo hice en plena calle, por la noche, y pensé que nadie me había visto. Me equivoqué, y tuve que matarlo también para que no me delatara. Con él  tuve mucho más cuidado, impidiendo que nadie me viera, y así pude eviar una tercera e inocente víctima. Fue todo, en esa misma noche del 21 de Octubre de 2010,  donde me convertí en asesino y en ex asesino.

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¿QUE NO CREES…? (microdesvarío mental)

MICRORRELATOS (a mí con esas)

¿Crees en los milagros?

si crees abre este archivo. Si no crees, no dudes en abrirlo.

Se lee en menos de treinta segundos, pero lo que dice, aunque parezca burdo, costaría escribirlo toda una vida (o más)

descarga – o abre – en pdf……………..Que no crees

EL MAESTRO (desvarío mental)

DESVARÍOS MENTALES (tormentas imaginarias), MICRORRELATOS (a mí con esas), Uncategorized

UN PEQUEÑO HOMENAJE A LOS ANTIGUOS MAESTROS EN FORMA DE RELATO CORTO.

Aquí estoy, caminando hacia ti, mi amor – dijo el viejo profesor, mirando al cielo, mientras era conducido por los dos militares hacia el patio donde se encontraría con el vil garrote.

El cielo era tan gris como los trajes de los dos agentes, que ni siquiera le miraban, empujándole con la culata de sus fusiles para que andara más deprisa. En el medio del patio estaba esa tétrica silla de maderas ennegrecidas. A su lado un cura, a quien conocía de sobra, el director de la prisión, y ese alcalde siniestro, que había llevado allí a su hijo Paquito para que viera todo. El cansado maestro miró al niño y sintió pena. El niño no sintió ninguna y sonrió maliciosamente.

Ahí voy, mi amor, para cuidar de ti en la muerte como no fui capaz de hacer en vida – dijo a su difunta esposa, mirando al cielo y recordando cómo la habían matado y violado durante los más de tres años que él pasó en prisión, detenido por llevar la contraria a un alumno mal educado, pero con muy buenas influencias.

– ¿Quién descubrió América? – le preguntó ese día en clase

– el Generalísimo, por la obra y gracia de Dios

– no, Paquito – le dijo sonriendo – fue Cristóbal Colón

– ¿insinúa usted que nuestro Generalísimo no es tan importante como para descubrir América?

– yo no insinúo nada – le dijo muy serio – solo digo que no fue él quien la descubrió, sino Colón

– pues yo le digo a usted que es el Generalísimo el más poderoso e importante de todos los hombres, y fue él quien descubrió también América, y no ese Colón como usted dice, maldito rojo. Si ya lo dice mi padre, que usted es un rojo y un comunista

– ¡Sal ahora mismo de clase!

– sí que me voy – le dijo el niño, con mirada asesina – voy a decirle ahora mismo a mi padre que usted ha insultado al Generalísimo.

Para su desgracia – pensaba el cansado maestro, sintiendo ya la opresión del garrote  sobre su cuello – ningún niño fue capaz de contradecir a Paquito, el hijo del señor alcalde.

Allá voy, amor mío, por fin podré descansar en paz y cuidar de ti en la muerte como no fui capaz de hacer en esta vida – dijo, mirando al niño y sonriéndole, intentando demostrarle que nada tenía contra él. Paquito, como él mismo, no era sino una víctima más.

LA CITA MISTERIOSA

MICRORRELATOS (a mí con esas)

 

Cuando me tumbé en la cama aún estaba temblando. Allí mismo, donde ya me creía a salvo, fui incapaz de alejar el nerviosismo que me había acompañado hasta entrar en esa lujosa habitación del hotel más caro de la ciudad. No lo sabía a ciencia cierta pero estaba seguro de haber visto a un conocido en el hall, lo que hizo que todo mi miedo a ser descubierto ahondara aún más en mi propia inseguridad.

Era una fría mañana de lluvia, una de esas que, otrora, me invitaban a quedarme encerrado, recostado entre sábanas de piel y con el ameno aliento que no me pertenecía.

Hacía tiempo que lo echaba de menos, y últimamente me acordaba – al despertar siempre solo – de aquellos días cuando mi vida entera se alimentaba entre insinuaciones, besos y caricias que no duraron todo aquello que yo mismo hubiera querido.

Por eso me decidí de nuevo. La edad no era un impedimento para tener todo eso que tuve tan cerca en mi juventud. ¿Por qué iba a serlo?

Y por eso di el paso, alejándome de  miedos absurdos, de fantasmas que siempre supe que no existieron, y de extraños complejos antinaturales ante los que nunca me creí capaz de sucumbir.

Con la habitación totalmente a oscuras  esperé a que llegara. No sabía siquiera si ella se atrevería a acudir, pero aun así albergaba una pequeña esperanza. En el fondo, ella también parecía víctima de un matrimonio del que se había estado alejando sin pretenderlo.

¿La culpa? ¡vete a saber! El trabajo, los hijos, la edad… y todo eso salpicado de rutina.

Pensando en ella, y en el momento elegido para amarnos, volví a excitarme y a emocionarme como cuando aún no era padre y mi vida me pertenecía

Mis manos, presas de mi estado de ansiedad y de excitación sin precedentes cercanos, se posaron sin querer en mi entrepierna que empezaba a impacientarse solo de pensar en ella bailando solo para mí.

Cerré los ojos, me apoyé sobre la almohada doblada, y la imaginé desnudándose para mí, jugando con el conjunto de lencería que le había regalado hacía ya muchas semanas… quizás demasiadas. Tantas que seguramente hasta lo habría olvidado.

En cambio yo no dejaba de pensar en él. También pensaba en el gesto que me regaló al ver el modelito.

Era su cumpleaños, y no supe qué regalarle. Recordando las palabras de un viejo amigo lo tuve claro.

“Si quieres algo con una mujer tienes que desconcertarla”. Y vaya si lo hice.

En su cara había incredulidad, miedo, y, sobre todo, mucho nerviosismo por lo inesperado. Aún hoy me tiemblan las piernas cuando recuerdo cómo reuní todo el valor que no tenía.

Alejado de ella, rodeado de gente, vi como leía la tarjeta donde me citaba con ella en este lugar. Me miró y se ruborizó. Después guardó la tarjeta en la caja y no volvimos a hablar del tema.

Ya habían pasado tres días y comencé a perder todas esas esperanzas con las que había salido de mi puesto de trabajo.

¿Se acordaría del día que era?, y lo más importante: ¿Iría a su cita olvidando el trabajo y las responsabilidades del hogar y de sus dos hijas pequeñas? 

Tanto miedo tuve al encuentro que tentado estuve de abortar la misión. Pero ¿cómo hacerlo? y ¿por qué?  Aquella mujer me volvía loco casi desde el día que la conocí… incluso antes, cuando ya soñaba con ella sin haberla llegado a ver.

Todo el miedo desapareció al verla entrar por la puerta. La oscuridad no le dejaba ver con claridad, y, con voz temblorosa, me llamó casi entre susurros

–          Jose… ¿estás ahí? 

–          Sí – fue lo único que le dije.

Se desnudó en silencio, inmersa en la oscuridad.  Yo no pude dejar de pensar en los años que hacia que la deseaba…que la amaba… y en el momento que me tocaba vivir. ¡Por fin volvía a ser solo mía!

Emocionado recibí su silueta desnuda, oí al suave ruido de las sábanas mezclándose con su cuerpo, y finalmente la sentí sobre mí.

Su cuerpo seguía oliendo como cuando era una jovencita, y su tacto me deshizo el ánimo, arrebatándome la cordura. Y allí me di cuenta de la suerte que tenía…

Y es que mi mujer seguía siendo todo para mí… aunque ya nunca se lo dijera.

PARA IMPRIMIR…………………LA CITA MISTERIOSA

DOLOR (MICRORRELATO)

MICRORRELATOS (a mí con esas)

dolorAquí os dejo un microrrelato. Se lee en menos de dos minutos. Léelo y opina.

Cuando tienes quince años es muy duro pregruntarse a quién quieres más… Si a papá o a mamá. Pero más duro aún es tener muy clara la respuesta. En mi caso No tuve opción…

EN WORD….DOLOR

LA ÚLTIMA DE SU ESPECIE (MICRORRELATO)

MICRORRELATOS (a mí con esas)

Aquí os dejo un microrrelato nuevo. Éste ha nacido de una frase de otro relato.

Ella no era la última de su especie, aunque así se sintiera siempre que descortezaba su alma  en la más nefasta de las soledades.  Y en esos momentos, tan íntimos como dolorosos,  nadie más existía, nadie más era, nadie más  vivía… Solo ella.
Y nada saciaba ese dolor devorador, que se hacía más fuerte bebiendo de las gotas de humor sombrío que  brotaban de las fuentes  redondas de su rostro… ese que no se reflejaba ya en los espejos.
¿Y si después de todo no era solo ella la culpable de todos sus fracasos amorosos? – se preguntaba, rodeada de pañuelos donde se cobijaban sus angustias.
Sólo ella sabía que nada podía reprocharse porque siempre se había entregado al límite.  Quizás ese fuera su verdadero problema, que esperaba demasiado de las mujeres.
Pero no podía hacer nada por evitarlo.  Ella era así…
Una chica de grandes principios…  principios repletos de flechazos directos al corazón.
Y de desastrosos finales…  finales acompañados siempre de puñales clavados en la espalda.

en pdf…………….., LA ÚLTIMA DE SU ESPECIE _MICRORRELATO_