LOS AMANTES: CAP 10: ESE EME ESE

68331_10200165611886252_386140445_n (1)Javier seguía pensando en ella casi obsesivamente. No se la podía quitar de la cabeza retozando junto a él. A ella le pasaba lo mismo… y por eso le evitó todo lo que pudo.
Fue el móvil el gran aliado que hizo de “celestina” entre ambos.
Después de ese día en la playa, y de su encuentro fortuito donde Javier expuso con bastante claridad sus intenciones, ya no tenía nada que temer. Él supo allí que ella le deseaba también, y ya no pararía hasta hacerla suya. La guerra había empezado y él sabía que tenía las armas necesarias para ir ganándola, batalla a batalla.
El efervescente deseo pudo con el pudor y el miedo, y empezó un peligroso juego a través de su teléfono. A través del móvil ambos eran capaces de decir cosas que jamás se dirían frente a frente. Marga recibía mensajes de su amante platónico cada poco tiempo, y eso, aparte de mantenerla en un incontrolable estado de ansiedad, también la llevaba por unas sendas desconocidas, pero que deseaba explorar.
Cada vibración del móvil al recibir un mensaje era como un latigazo de placer, y poco importaba dónde o con quién estuviera. Era igual en el trabajo, en casa, en la calle… El móvil se había convertido en un elemento indispensable para su felicidad, en una parte más de su vestuario, como su ropa interior.
Al principio de los mensajes ella sólo leía, pero no respondía. Tan solo leía, y soñaba, y viajaba hasta ese mundo que él le dibujaba en tan cortas frases. En los mensajes le decía que era la mujer más bella del mundo, que no podía dejar de pensar en ella, y que tenían que verse a solas. Ella seguía sin contestar, pero no podía dejar de leer… y necesitaba más y más.
Así anduvieron durante una semana entera, recibiendo mensajes de móvil y correos electrónicos a cada instante. No había tregua, y siempre estaban junto al móvil, escribiendo o leyendo mensajes que les envolvían en un halo de juventud del que no querían separarse.
Cada sonido del móvil era una excitación salvaje, un nerviosismo explosivo, y una descarga de adrenalina, hasta entonces, desconocida. Los primeros mensajes eran timoratos, suaves de tono e intensidad, como buscando la aprobación de la mujer que los recibía.
Pero fue a raíz de contestar ella el primero cuando Javier desató toda su algarabía interior, alejándose de sus miedos, y mostrándole claramente la terrible excitación que sentía solo con pensar en ella.
Ella sucumbió, y entró en tan peligroso juego, dejándose llevar también por esa nueva ráfaga de aire joven que se adentraba por todos los poros de su dormida piel. El primer día, después de su encuentro fortuito, recibió una veintena de mensajes de Javier.
Hasta las tres de la madrugada estuvo Marga en el salón, viendo la televisión, y esperando un nuevo mensaje de su amado, mientras su esposo dormía. Ella no contestó ninguno mientras él le decía lo mucho que la amaba, lo mucho que pensaba en ella, y lo muchísimo que deseaba besarla y hacerle el amor.
El segundo día Javier ya estaba desatado, y al tercero, que fue cuando ella le contestó, fue cuando decidieron contarse que ya habían hecho, ambos, el amor con el otro… aunque fuera desde la distancia. Marga se sintió fatal, pero ese hombre hizo que perdiera todo el pudor a través de la pantalla del teléfono móvil.
 
Nuevo Mensaje de Javier. Aceptar
estoy harto de que no me contestes. Si no me dices que me deseas tanto como yo a ti no te escribo más. ¿No me deseas como yo a ti?
 
mucho más de lo que imaginas. No pienso en otra cosa desde aquel día de la playa. Me has hecho sentir la mujer más guapa y deseada del mundo. Eres un encanto.
¿Enviar Mensaje a Javier? Aceptar
 
Fue a partir de ese momento cuando ambos supieron que, tarde o temprano, terminarían juntos en la cama de un hotel, en el asiento trasero de uno de sus coches, o en cualquier otro lugar. Durante las tardes, ambos en sus casas, se tiraban en el sofá, en la cama, o donde fuera, a la espera de la primera llamada.
Después, durante el resto de la tarde, jugaban con sus móviles y se decían por medio de mensajes todo eso que no eran capaces de hacer en persona. Ambos volvieron a sentirse como esos quinceañeros que dejaron de ser hacía tanto tiempo…
 
Javier: No dejo de pensar en ti ¿sabes? Te sueño todos los días. Me tienes loco perdido. T deseo + de lo q crees
Marga: a mí me pasa igual, pero creo que será mejor dejar pasar el tiempo. El tiempo cura todo
Javier : ¿quieres que lo deje ya? ¿quieres q deje de mandarte tanto sms? Yo estaría así toda mi vida
Marga: para nada. No sabes lo que me gusta recibir mensajes tuyos. Me pone muy nerviosa y me excita muchísimo
Javier: ¿sabes de lo que me acuerdo mucho? De aquel día en la playa. Fue muy excitante. Estuve haciendo el amor contigo toda la tarde sin que nadie se diera cuenta. Aún recuerdo el tacto de tu piel
Marga: pues anda que yo el de tus manos. Aquella tarde fue mágica. Me lo pasé fenomenal. ¿Sabes? Te habría besado allí mismo, pero no pudo ser
Javier: ¿sabes cual es la unica manera de acabar con esto? Haciendo lo que tanto deseamos. Y yo no quiero que esto acabe
Marga: yo tampoco así que ya lo sabes. A soñar. Deja volar tu imaginación. Yo haré lo mismo con la mía
Javier: ¿no sueñas conmigo? Yo estoy soñando contigo todas las  noches. Es como si tuviera una vida paralela en la que siempre estamos juntos
Marga: dormida no suelo soñar, o no me acuerdo. Despierta a todas horas. No puedo quitarte de mi pensamiento. Y tendrías que ver las cosas que imagino…
 
Al siguiente día, siempre a partir de las cinco de la tarde, esperaba la llamada de Marga, y empezaban de nuevo su duelo amoroso a través del teléfono. Ella le daba un toque al móvil para decirle que estaba sóla y que podían empezar.
Javier, desde las cuatro, esperaba ansioso el primer toque de su nueva amante.
 
Javier: Te deseo más que nunca te habrá deseado nadie. Daría lo que fuera por estar contigo y hacerte el amor de una manera salvaje. ¿te imaginas desnudos, besándonos y acariciándonos sin ningún miedo?
Marga: que fuerte. No me digas esas cosas que me pongo tonta. Hoy Carlos no llega hasta la madrugada. Está en La Rosaleda. Aquí estoy: Periódico, coca, cigarro. ¿te apetece?
Javier: ni te lo puedes imaginar. Te quitaría el cigarro, el periódico, la coca, y te arrancaría la ropa para hacerte el amor una y otra vez. ¿te imaginas un baño de espuma? Espero que mañana  tengas un hueco y te acuerdes de mí
Marga: no tiene que llegar mañana para acordarme de ti. Estás siempre en mi mente. Anoche a las once me tuve que acostar porque no podía más. Ahí sí que me acordé de ti. Acabé llorando ¿sabes?. No te puedes imaginar.
Javier: te quiero, te quiero, te quiero, te quiero. ¿Me quieres tú?
Marga: como no te puedes imaginar. No sé lo que me has hecho pero estoy pensando en ti las veinticuatro horas del día. Pero me da mucho miedo. Podemos hacer mucho daño, y tú lo sabes
Javier: no pienses ahora en eso, por favor. Contesta sinceramente si me quieres como yo te quiero a ti. Necesito saber si piensas en mi constantemente. ¿me quieres igual?
Marga: pues claro que sí tonto. Además ya te he dicho que a veces pienso cosas muy peligrosas… muy guarras.
Javier: No quiero que acabe esto. Me siento muy bien y te quiero sin mala conciencia porque esto es precioso. Es algo que ha llegado muy adentro pero que no impide que siga con mi vida. Somos buena gente y no haremos nada que pueda dañarles
Marga:  Pues tienes razón. Esto es maravilloso ¿qué pasará cuando nos veamos? ¿se notará? Tenemos que procurar que no. Este es nuestro secreto
Javier: solo lo notaremos nosotros porque te voy a estar deseando todo el tiempo que te tenga frente a mí, y tu lo veras en mis ojos. Te voy a comer y te imaginaré desnuda entre mis brazos. Me muero por verte ¿sabes?
Marga: no sigas que tanta excitación no es buena para el cuerpo. Date una ducha fresquita si la necesitas. Porque la necesitas ¿verdad? Yo también
Javier: que sepas que lo que siento por ti no es solo deseo. Aquí hay más amor del que puedes imaginar. Quiero que me expliques lo que sientes sin cortarte un pelo. Te amo.
Marga: siento lo mismo que tú pero soy menos expresiva o más fría, pero a veces imagino unas cosas que ni en porno duro. Me da corte hasta pensarlas
Javier: no te cortes un pelo ahora, que esto es lo único que tenemos. En el correo de yahoo tienes mis sueños escritos. Además yo también necesito oírlos para sentirme mejor. Acabo de hacerte el amor ¿quieres detalles?
Marga: dame detalles. Tengo internet de casa roto. Me estaría poniendo las botas.
Javier: Estamos en mi casa. Llegas y me besas apasionadamente.
Al sentir tus dedos me siento morir y beso tus pechos como un loco. Nos desnudamos y nos tiramos a la cama acariciándonos por todo el cuerpo
Marga: no me extraña que necesites una ducha. Es que piensas unas cosas… Yo me conformo con estar a tu lado. Pienso que estamos juntos, abrazados, besándonos… Al final hacemos el amor.
Javier: te amo tanto
Marga: y yo, y me empieza a dar miedo amarte así. Llega Carlos. Será mejor que lo dejemos por hoy.
Javier: piensa en mí esta noche
Marga: lo difícil sería no hacerlo. Te amo.
 
Durante un día entero Javier no recibió noticias de Marga. En su trabajo, por la mañana, le daba toques, le mandaba mensajes, pero ella no contestaba.
Asustado pensó si Carlos habría leído los mensajes, y prefirió dejarla tranquila.
Toda la tarde estuvo nervioso por casa, fumando, bebiendo, siempre pendiente del teléfono. La llamó varias veces, pero ella no cogía el teléfono a pesar de dar llamada.
Javier se asustó. Seguramente – pensó – Marga ya estaba arrepentida de todo y cuanto estaban haciendo. Ese día sufrió mucho, llegando incluso a no poder dormir en toda la noche.
Fue al día siguiente cuando recibió un mensaje de Marga cuando su mundo volvió a la normalidad, y la sonrisa a su cara.
 
Marga: hola – escribió discretamente. En realidad siempre empezaban así, para evitar encontrarse con sorpresas desagradables.
Javier: llevo esperando un toque o sms todo el día ¿qué te pasó ayer? ¿es que te has olvidado de mí? No quiero que esto acabe aunque cada vez tenga más ganas de besarte. Me muero por verte
Marga: el hecho de no mandar sms, ni darte toques, no significa que no piense en ti todo el día. Lo que pasa es que me está empezando a asustar demasiado. Además, ayer estuve trabajando todo el día
Javier: no te asustes por favor. Y no dejemos esto nunca. Es tan hermoso… yo estoy todo el día pensando en ti. Solo dejo de pensar en ti cuando estoy con Esther. Tenemos que vivir con esto. Aunque no lo reconozcas también estás enamorada
Marga: claro que estoy enamorada. ¿Crees acaso que si no fuera así iba a estar haciendo esto con el marido de mi mejor amiga? Yo no soy de esas ¿sabes?
Javier: claro que lo sé. Yo estoy loco por ti pero sé que lo nuestro no podrá ser mas que esto, aunque también sé que esto terminará dentro de mucho tiempo, y será cuando por fin hagamos lo que tanto deseamos.
Marga: sí, tienes razón pero yo pienso demasiado en ti, y en todo esto. Lo hago hasta cuando tú no lo haces, y eso es muy fuerte ¿no crees?
Javier: ¿a qué te refieres a que me ves a mi cuando haces el amor con Carlos? A mí me pasa siempre. No tienes que asustarte. Yo me obligo a no pensar en ti cuando estoy con Esther en la casa pero no siempre me sale. Te quiero tía, pienso en ti a todas horas. No te sientas mal
 
Ese mismo día, a las once de la noche Javier recibió un nuevo mensaje de esa mujer que le tenía comido el seso. Al abrirlo se emocionó y excitó.
 
NUEVO SMS. ACEPTAR:
Amor mío, no dejo de pensar en ti. Has entrado tan fuertemente dentro de mí que no sé cómo sacarte ya. Estoy sola en mi cama, desnuda, pensando en ti y en lo que podríamos estar haciendo ahora si estuvieras aquí conmigo, que es lo que desearía. Te amo ¿sabes?.

Después de leerlo fue tal la excitación que no pudo reprimirse y acabó haciendo el amor con su esposa, a quien, a pesar de todo, seguía queriendo.

Y hasta pudiera ser que más que antes…

LA MÚSICA DEL CAPÍTULO 10:

EL CAPÍTULO, A MEDIO DIA

SE LLAMA: ESE EME ESE

A pesar de que nunca le gustó la canción Stand by Me, esta versión de Playing for Change se convirtió en su favorita…

Dime…

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dime… ¿Cuándo te besó Rodin para esculpir tu beso?
Dime… ¿Cuándo te besó Baudelaire para escribirlo así?
Dime… ¿Cuándo te besó Hayez para pintarlo con esa ternura?
Dime… ¿Por qué no puedo ser yo poeta, pintor o escultor?
Dime…

LOS AMANTES: CAP 9: este capitulo no sé si quitarlo o dejarlo

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Marga y Carlos llevaban casados ya muchos años. En realidad, en pocos meses celebrarían su décimo aniversario, y era la primera vez que no esperaba la celebración con impaciencia y emoción. En realidad era la segunda. La primera ocurrió unos cinco años antes, cuando su relación pasó por un momento difícil por culpa de algo que ambos mantuvieron oculto, pero que sabían que terminaría apareciendo.Por esa época eran felices, como siempre, pero sólo eso. En sus vidas no había excesos, ni diversiones no programadas. Todo estaba perfectamente organizado, y siempre a gusto de Carlos. Ellos siempre habían sido almas gemelas. Hasta sus ideas políticas eran parecidas. También coincidían sus gustos en música, ropa, películas… Aun así había algo en lo que ambos pensaban de forma completamente diferente. Aunque al principio prefirieron dejarlo pasar, intentando creer que cada uno finalmente terminaría llevando a su terreno al otro, poco a poco fue convirtiéndose en un tema tabú en el que no había ni que pensar.

Marga siempre había soñado con ser madre. Ya desde jovencita le gustaba jugar a mamás más que a ninguna otra cosa, y ese deseo no hizo sino acrecentarse.
En cambio Carlos detestaba a los niños. Jamás jugaba con ellos. No tenía paciencia, y no se imaginaba con uno las veinticuatro horas del día.
Los niños – decía siempre – son para los maestros, que viven de ellos.
Además, en ese quinto año de matrimonio Marga estaba pasando por un muy mal momento profesional, lo que le hacía estar terriblemente sensible.
Se acababa de quedar sin ese ascenso prometido, y dos semanas después no sólo no la habían ascendido sino que, también, perdía su empleo.
La empresa cerraba la sede de Málaga definitivamente, tras años de rumores y miedos.
Para colmo de males, Carlos había sido destinado a Granada, y su jornada laboral hacía imposible que Marga se planteara siquiera marcharse con él.
Sólo iba a estar un año en Granada, y no merecía la pena hacer traslado.
Entre tanta soledad y aburrimiento la idea de la maternidad volvió a ella de una forma alarmante, convirtiéndose en una necesidad tanto biológica como psicológica.
Sola en casa, a la espera de su marido, los días se hacían interminables, y su tristeza le hizo viajar por el maravilloso mundo de la maternidad.
Un viernes, decidida a afrontar de nuevo el tema con Carlos, y dispuesta a no aceptar un no por respuesta, preparó una cena romántica, a base de alimentos y bebidas afrodisíacas, y cameló a Carlos, que la miraba embobado mientras cenaba.
Marga se había vestido con un provocativo camisón transparente que mostraba su cuerpo, y no dudaron en hacer el amor sobre esa mesa, aún repleta de comida.
Fue en el momento álgido del duelo cuando Marga, decidida, pidió a Carlos eso que tanto deseaba.
– Carlos, tengamos un hijo
– ¿de qué estás hablando? – preguntó él, tan sorprendido como nervioso, mientras seguía disfrutando de la mejor sexualidad de su esposa
– quiero tener un hijo – dijo ella muy seria – y quiero tenerlo ahora
– ¿ahora? – preguntó, deteniéndose en su ímpetu visceral
– sí, ahora – dijo más seria aún.
Toda la magia desapareció en ese mismo momento, y Carlos, aún con el cuerpo convulsionado y colérico, se alejó de su esposa, buscó entre su ropa y sacó dos cigarros, que encendió torpemente.
En silencio ofreció uno a su esposa, y ambos fumaron, sin saber qué decir o hacer. El silencio era uno más de ellos, haciéndolos tres.
– Cariño, ya hemos hablado muchas veces de esto – dijo Carlos finalmente, vistiéndose
– ya lo sé, pero ahora es distinto. Necesito tener un hijo
– lo sé, lo sé – dijo nervioso – pero aún no estoy preparado
– ¿y cuándo lo vas a estar?
– no lo sé. Ya hemos hablado muchas veces de esto. Sabes que no quiero hijos
– y tú sabes que yo sí los quiero
– ya, pero no es lo mismo
– ¿qué no es lo mismo? ¿acaso tus deseos están por encima de los míos?
– no es eso… no le des la vuelta a la tortilla
– lo siento Carlos, pero yo quiero tener un hijo
– pues yo no. Al menos, por ahora
– ¿y cuándo querrás?
– no sé… puede que dentro de unos años
– ¿cuando sea tarde?
– aún eres joven. No seas trágica – dijo, y se fue a la ducha, zanjando una vez más el tema tabú.
Durante el resto del fin de semana apenas si hablaron. Para colmo, el domingo se fue por la mañana porque tenía muchas cosas que hacer, y dejó a Marga sola en casa, llorando, y sin saber cómo aliviar su desconsuelo.
Por suerte, durante la siguiente semana Marga acudió a unos cursos organizados por la Cámara de Comercio de Málaga.
Su amiga Esther, que trabajaba para una multinacional, le había buscado un trabajo, pero para poder optar a él tenía que pasar con éxito ese curso que duraría casi un mes.
Por las mañanas iba al curso, y por las tardes aprovechaba para estudiar.
La discusión con Carlos no le dejaba concentrarse, y la idea de ser madre volvía a estar dentro de su cuerpo, y, sobre todo, de su cabeza.
El siguiente fin de semana Carlos no viajó hasta Málaga. Tenía que ir a una convención a Madrid, y Marga aprovechó para irse de compras y renovar su vestuario.
En el curso había gente más joven que ella, y fue allí donde descubrió que se había dejado llevar por el ambiente serio y formal de la oficina, perdiendo parte de su gracia en el vestir.
Paseando estaba por el centro comercial, buscando un lugar donde cenar algo rápido, cuando se encontró con Jose, el profesor del curso, cargado también de bolsas, pero todas de música  y de libros.
Su profesor era también joven, con aspecto de músico, y algo hippy, y era un auténtico festín para los ojos de todas las chicas del curso. Ella tenía ojos como las demás, aunque le veía de otra manera.
Jose la saludó con dos sonoros besos en las mejillas, haciéndola casi sonrojar, y la invitó a cenar.
Él era soltero, tenía veintidós años – ocho menos que ella – y vivía a las afueras de la ciudad.
Marga no supo reaccionar, y casi sin darse cuenta ya estaban cenando en un Vip, hablando de sus cosas, y riendo y bebiendo.
Tan bien se lo pasó con él que apenas se dio cuenta de la hora que era.
Jose la invitó a tomar copas en la zona cercana a su casa, pero ella no aceptó.
– ¿Te espera tu marido en casa? – preguntó él, sonriendo maliciosamente
– no. No me espera nadie – no sabía por qué pero no fue capaz de decirle que estaba casada
– ¿entonces?
– tengo que estudiar
– si te vinieras podríamos pasarlo en grande ¿sabes? – le dijo al oído, y Marga se fue corriendo, como si huyera de un depredador.
Durante las siguientes semanas no pudo evitar sentirse molesta a su lado. Ese atractivo profesor sabía que ella estaba nerviosa a su lado, y no dudó en acosarla sutilmente, mostrándose y pavoneándose ante ella siempre que podía.
El mal momento que estaba pasando hizo que la propia Marga fantaseara con ese atractivo joven, sobre todo en clase, donde no podía dejar de mirar su trasero, apretado a ese vaquero que tan bien le sentaba.
En clase todo eran aspavientos, buenas palabras, voces lisonjeras, miradas cómplices, y todo lo que sirviera para llevarla a su terreno.
Sin duda, en ese terreno se movía como pez en el agua. Ella, en cambio, no, y parecía torpe, nerviosa, incluso miedosa.
Más de una tarde la pasó con la tarjeta en la mano, junto al teléfono. Carlos seguía esquivo y distante. Apenas si la llamaba, y cuando lo hacía era para preguntar cómo le iba y contarle lo atareado que estaba.
Incluso llegó a marcar los primeros números que ya se sabía de memoria, pero finalmente desistía, sabedora de que no era una buena idea.
Pero, aunque ella no se daba cuenta, ni lo buscaba, ese joven estaba adentrándose en sus sueños, y hasta en su realidad se imaginaba con él, besándole en esa misma clase donde él era el profesor y ella la alumna, dejándose llevar por una extraña fuerza que pudo controlar rápidamente.
Jose e