¿QUÉ ES SER ANDALUZ, PAPI?

Me pregunta mi hija que qué significa para mí ser andaluz.

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Sé que no podría explicarle la dicha, el orgullo, y la emoción que siento al saber que soy , no andaluz, sino muy, muy, pero que muy andaluz…
En cambio, lo que sí sé es que podría explicarle perfectamente lo triste que me sentiría al no serlo.

EMPIEZA AL REVÉS QUE ACABA

Y creemos que estamos completamente llenos…
Y es que, todos tenemos una tierra que debemos cuidar todos los días, aunque nos resulte imposible a veces. Porque ella es la que hizo que pudiéramos vivir como vivimos. Si no tuviéramos tierra que pisar ¿dónde viviríamos?

Y así vivimos, pisando la tierra que nos gusta pisar, pero con el tiempo olvidamos que esa tierra estaba ahí antes de que nosotros estuviéramos, y que entonces tenía su propia vida, pisando como hacemos nosotros, y sin ser pisada… También olvidamos que algún día, esa maravillosa tierra, dejará de estar…

Y vamos olvidando esa tierra porque, con el tiempo – eso que llaman madurar – encontramos otra tierra fértil, otra tierra que hacemos nuestra, y nos alejamos, y creemos que la otra tierra ya no la necesitamos para seguir caminando…

Y nuestra vida avanza. Y va bien. Y sobrevivimos sin pisar aquella tierra sagrada. Cambiamos de tierra, de zapatos, pero la otra tierra sigue allí, aunque ya no la veamos a diario… Y ella nos echa de menos, porque para ella seguimos siendo todo, y porque sin nosotros, sus ríos, no encuentra sentido al maravilloso hecho de ser tierra…

Y, mientras preparamos y abonamos la tierra para los que vendrán, nos olvidamos casi de nuestra tierra madre, la que aún pisamos, y la que hace que aún sigamos siendo lo que somos: alguien en la vida, alguien en la tierra…

Y al final llega un día en el que nuestra tierra primigenia se va, y entonces – ya tarde, como casi todo – lo comprendemos: Comprendemos que, en realidad, no somos nadie sin ella. O, por lo menos, ya nada será igual… Y, por primera vez, creemos que estamos completamente vacíos…

YOUR SMILE

Cuando te dije que bajaras el arma por culpa de ese miedo a que terminaras matándome me refería solamente a tu boca, y a esa sonrisa tuya que me mataba cada vez que aparecía…

¿Sabes?

¿Sabes? Yo sí sé. Sé que aunque no lo tengamos, ni lo vayamos a tener nunca, sé que nuestro infinito existe. Y también sé que ese infinito que dibujo todos los días pensándote, y escribiéndote, es desconcertante. Sé que ese infinito es igual que ese Dios en el que dejamos de creer. Sé también que ese infinito está en esas frases que leo en tus ojos pero que nunca pronuncian tus labios, y que su infinito se pierde en el tiempo.
Yo sé que ese infinito existe, aunque tú no lo veas. Yo sé que ese infinito no es sino como el tiempo, como el silencio que me regalas, y donde escondes todas esas frases que, alguna vez, han coincidido con las que aquí lees.
Yo sé que nuestro infinito marchito es como la nostalgia antes de tiempo. Sé que es frío, que vive derramado adrede por lares que a lo mejor no pisamos juntos, pero que los dos pisaremos alguna vez.
¿Sabes? Yo sé que nuestro infinito es como nuestro amor. Yo sé que nuestro infinito es como un amor febril. Yo sé que no es un amor en sí… Yo sé que no es nada, y sé que es todo…
Ese es nuestro infinito: mis ganas de escribirte. Cuando no tenga más ganas de hacerlo no habrá infinito, ni matemáticas… Ni siquiera habrá lengua.

FOTOS DE AMIGOS

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Ella era un libro. Ella era ese libro. Ella era mi libro. Ella era ese libro que sólo puede escribirse con la tinta que escapa del mismo deseo que él tenía que contener cada vez que estaba a su lado y no podía mas que pensarla para luego escribirle…

FOTO DE M.JOSÉ

INSULTOS ¿MAL UTILIZADOS?

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A veces insultamos sin saber bien lo que decimos. Este es un buen ejemplo.