HACE VERANO

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Así era ella… En la plaza, en la oficina, en el supermercado, en la cafetería… Así la veía él, vestida sólo con una sábana sobre ese bello cuerpo que él quisiera hacer su cama… ¡Y perderse en un sueňo eterno!

Fotaca

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¿Frío? ¿Qué frío?
Frío… Cuando te vayas y cierre la ventana

FELICIDADES, ANDALUCES DE CUALQUIER SITIO DEL MUNDO

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Verde que te quiero verde. Verde viento. Verdes ramas. El barco sobre la mar y el caballo en la montaña..

MIRARLA

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Al lado de esa mujer uno no necesitaba dormirse para saber que ya estaba soňando

Las Meninas de Playmobil

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HACE VERANO

MUSICAA veces no hace falta saber de música para ser capaz de crear una hermosa sinfonía. Aveces, con una buena compañía, ya  es más que suficiente. Y es que hay gente que es música per se.

FOTOS QUE INSPIRAN (SOLO HAY QUE MIRARLAS)

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Si, por la noche, antes de dormirte – o mientras duermes – osas pronunciar mi nombre, o dejarlo correr por entre tus labios, o simplemente pienses en él, correrás el riesgo de que, sin que te enteres, el amanecer te descubra a mi lado…
Créetelo, sé de lo que hablo.

LAS MÁSCARAS DE CARNAVAL (desvarío eros)

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Durante toda la fiesta la deseó. Ella lo sabía, pero ese día la mirada de ese hombre a través de esa máscara se hizo casi dolorosa. Cada mirada era un beso, cada sonrisa forzada bajo la careta una caricia, y cada acercamiento mientras bailaban el más puro de los sexos… Ese día, a diferencia de muchos otros – ¿sería esa la magia del carnaval? – ella también deseó guardar los labios entre los suyos, y dejarlos dormir.
Ambos supieron de la imposibilidad del acercamiento, y se conformaron – una vez más – con mirarse de lejos, con hablarse en silencio, con besarse en la distancia. En mitad de la fiesta, cuando regresó del baño, echó de menos su máscara. La buscó y no la encontraba, jurándose haberla dejado allí, junto a su bolso, mientras él sonreía en secreto. Frente a ella había otra máscara, echada sobre su ropa, pero no era la suya… Al mirarle de nuevo lo comprendió. Él había intercambiado las máscaras… Ahora ella tendría la de él, y él la de ella. Se la puso, y pudo oler a él, sentir sus labios, y su piel…
Mientras bailaba no podía dejar de mirarle. Las chicas estaban en la pista, y ellos, como siempre, en la barra, bebiendo, hablando y riendo. Entre ellos, él, que no dejaba de mirarla, haciéndole sentir todo el deseo que se dibujaba a través de esa preciosa máscara veneciana.
Quiso posar su copa en la barra, acercarse hasta él, y colocarse frente a él, con las piernas separadas… Desatar el cinturón de su disfraz y  dejarlo caer al suelo. Si él supiera lo desnuda que estaba bajo esa sábana que cubría su piel…
Deseó sentarse a horcajadas sobre él, contoneándose exageradamente. Él no ofrecería ninguna resistencia y no se sorprendería siquiera por esa repentina toma de iniciativa. Besaría sus párpados, sus labios, su frente, mientras sus manos subirían a lo largo de su espalda. Lamería su piel limpia y suave, incluso lavaría todo su cuerpo solo con su lengua, lentamente. Después descendería por su cuello, le besaría el pecho y le lamería entero, delante de todos…. Mirándole, jugando, ella podía sentir cómo él también se abandonaba al placer de aquella situación, cómo se dejaba hacer a través de su lujuriosa mirada. Ella lamía y besaba todo lo que encontraba a su paso: su dulce piel, sus definidos músculos… Él le atraía hacia él con tanta fuerza como dulzura. Las manos de ella preparaban la llegada de su boca, con ellas descendían cada vez más. Ya junto a él, alzó, buscó su boca, le besó con fogosidad y se puso de espaldas, tan pegada que podía notar toda su excitación.
Excitadísima se imaginó volviéndose, desnudándole también y besando su vientre, y cómo su lengua empezaba a describir círculos a lo largo de su vientre. Sus manos – las dos – se perdieron entre su masculinidad, y apretó lo suficientemente fuerte como para sentir que se revolvía de placer.
¡Dios! – le deseaba tanto, y él a ella, que cualquiera de todos esos que les rodeaban podrían darse cuenta sólo con mirarles, y decidió parar ese juego que tan loca la estaba volviendo…
Cuando se marchó volvió a mirarle una vez más. Él ya no tenía la máscara… Ella tampoco, que la llevaba guardada en su bolso. Casi lloraron, pero prefirieron regalarse una última y cómplice sonrisa.
Ya acostada recibió un mensaje en su móvil. Miró a su esposo, al otro lado de la almohada, comprobando que estaba dormido, y encendió la pantalla:

“Ahí llevas las dos máscaras. Júntalas, que pasen la noche como no podremos hacer nosotros… ¡JUNTAS!

Se levantó emocionada y corrió hasta el salón. Al abrir el bolso las vio, las llevó a su cuarto y las dejó sobre su tocador, donde pudiera verlas toda la noche…  Era entonces cuando empezaba el sueño…

Dorian Gray: frases

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Vivo la poesía que no puedo escribir… Otros escriben la poesía que no se atreven a hacer realidad

Nuevo apartado: MUJERES CANCIÓN

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Por un beso de la flaca yo…

EL MARIDAJE PERFECTO

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El maridaje perfecto no es el del vino y el queso, ni el del vino y la carne… El maridaje perfecto sería el del vino y ella

AMOR DE INSTITUTO

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– ¿Vosotras creéis que él está…?
– Síiiií
– ¿Pero por mí…?
– Síiiií
– Jooo