VIAJAR ES COSA DE RICOS

Otros necesitan un avión, un billete, un hotel…

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¡Cada uno viaja como quiere!

PDTA: PARA SER RICO NO HACE FALTA SÓLO DINERO

CUADROS DE AMIGOS

john-george-brown.jpgElla no me hablaba, ni me cantaba, ni me susurraba, ni “na de na de na” pero yo no podía dejar de oírla a cada instante… Incluso estando a más de quinientos kilómetros de distancia… Ella no hacía mas que pronunciar – con su boca, con sus ojos, y a veces con sus manos – preciosos ramos de flores que después vendía en la calle, y que yo me moría por comprar… Con el tiempo me di cuenta de que, ni ella los hacía para mí, ni yo tenía dinero para comprarlos… Pero algún día… ¿Quién sabe si algún día? ¿Quién sabrá si ella quisiera hacerlos para él, o si él quisiera comprárselos?

 

CUADRO DE ELENA

AQUELLA NIÑA DE AQUELLA PLAYA

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Yo no creía en el amor a primera vista hasta que, un día de verano, la vista me mostró a mi primer amor.

EL RELOJ DE LOS BESOS PERDIDOS

imageUna, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce…

¿De qué te sirve tener un reloj que no hace otra cosa que contar los minutos y las horas que ya se han ido, y que nunca más regresarán…? ¿De qué te sirve tener un reloj que no hace otra cosa que marcar los besos que no te he dado aún?

Una, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve, diez, once, doce… ¡Maldito reloj de besos perdidos!

LA CHICA QUE NADA SABÍA


Nada era como el placer de saberte cerca de ella. Esa fue la gran suerte de mi vida, y ahora que el tiempo ha pasado, que ya somos un poco más viejos, y que ya no estamos en el patio de aquel viejo instituto, aún puedo decirlo.

Verla llegar era como ver un amanecer en la playa, pero lo mejor era esconderte de su campo de visión, ocultarte entre lo que a su alrededor pasaba, y observarla… Así, sin más. Mirarla de lejos, y a escondidas entre la multitud, tumbado en la arena, simulando estar leyendo o escuchando música, era como un orgasmo controlado a tu antojo… ¡Eso era! ¡Un orgasmo mental y físico! Y lo era en toda su esencia, en todo su poder, en toda su intensidad, y, lo mejor: en su control más absoluto…

Tocarla, en cambio, o simplemente acariciarla con uno de tus dedos, o con tu misma rodilla cuando nos sentábamos cerca, era como perderse por un bosque pantanoso y oscuro del que nadie sería capaz de volver jamás…

Por eso, mejor sólo mirarla. Aunque tocarla… ¡Tocarla era vivirla!