LA MUJER DE LA VENTANA (desvarío mental)

DESVARÍOS MENTALES (tormentas imaginarias)

“Jingle bells, jingle bells, jingle all the way…” era la canción que se escuchaba por la megafonía de la calle. Eran ya más de las diez de la noche, pero ni el gélido aire impidió que saliera al balconcito de mi pequeño piso para fumar un nuevo cigarro mientras esperaba su llegada. El frío era terrible, de esos que solo se sienten en esta tierra castellana, y ni las capas de ropa, ni la bufanda, ni el gorro polar, podían hacer nada para aplacarlo.
Allí estaba yo, aburrido como siempre, y con ese nervio extraño que ella me proporcionaba desde aquel día que la vi desnuda en su cuarto de baño.
Apenas si la conocía. Llevábamos viviendo cerca tan solo unos meses, que era el tiempo que yo llevaba viviendo allí, desde el inicio del curso.
Yo era estudiante de Magisterio, y vivía en ese piso viejo de mi abuelo, con quien viviría durante los siguientes tres años. Mis padres se ahorraban un buen dineral en la residencia de estudiantes, y, de paso, mi abuelo estaba acompañado por su nieto favorito. A mí no me venía mal. El viejo me dejaba hacer a mi antojo y, además, me daba un dinerillo extra que me venía muy bien.
Mis padres me daban doble paga por cuidarle. Él, que no sabía nada, me daba otra por la compañía. ¡El negocio era redondo!
Marina, que así se llamaba mi vecina y enamorada de entonces,  había salido de casa haría unas tres horas, y sus paseos, desde que dejó a su novio, eran siempre hasta las diez de la noche. Era, sin lugar a dudas, una mujer de costumbres… Eso me gustaba porque me facilitaba el poder tenerla controlada desde la distancia.
No haría ni dos semanas desde que dejó a ese tío arrogante, siempre bien vestido y mejor peinado, que no vivía con ella, pero que sí acostumbraba a dormir allí los martes y los jueves…

TODO EL RELATO en word………………, la mujer de la ventana


en pdf……………….., la mujer de la ventana

CERRAR EL ÁLBUM (desvarío mental)

DESVARÍOS MENTALES (tormentas imaginarias)

Solo te amé un día, es verdad. Solo uno porque no pudimos permitirnos más, pero ese día tuvo tantas horas que aún hoy, cuarenta y tres años después, guardo de ellas algún minuto.
Que solo fuera un día, ni siquiera con su noche, no fue capaz de impedir que sus esencias hayan durado toda una vida. Toda… Entera.
Fue una hora nerviosa, con miedos. Después otra más tranquila, sin prisas, con pausas, y, finalmente, muchas más manchándote de mí, llenándome de ti, sin separar nuestras manos, sin dejar de besarnos, grabando cada roce, cada caricia, y cada gota de saliva derramada.
De aquel día tan lejano solo queda el recuerdo de tus besos alcalinos, de tu cuerpo enérgico y tembloroso, pero qué más da si ese recuerdo aún no se ha borrado.
Hasta hoy he sido capaz de alejar el frío de mi cuerpo tan solo recordándote a mi lado, como nunca más quisiste estar. Y tu recuerdo vivo ha atravesado todo este largo camino conmigo, hasta aquí, hasta estos últimos suspiros que guardaba para dejar escapar tu nombre antes de morir.  Se me va la vida y aún me quedan unos segundos de aquellas horas que compartimos… ¡Qué pena no haberlos guardado en el álbum de fotografías nuestras, ese que quedó vacío, pero repleto de recuerdos, y que nadie mirará nunca ya… Como si no hubiera existido… Como esa película de vhs que nadie quiere ver, y que se esconde entre cajas apiladas en la parte más oscura del desván.
Nadie lo sabrá jamás… Ni siquiera tú, ya que para ti solo fue un momento, unas horas, o un solo día… Nada más. En cambio yo te he amado todos los días de todos estos años, a tu lado o lejos de ti, sin que tú lo supieras nunca. Ahora, por fin, descansaré.

UNA NOCHE DE LUNA NEGRA (relato de eros)

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Después del parón provocado por el cuento y su representación en el cole volvemos con un nuevo relato. Cambiamos de registro de nuevo. Este relato está subidito de tono. Espero que os guste.

“…Volvimos a besarnos. Su saliva alcalina caía de su boca como si fuera una fuente de verano. Sus labios eran calientes y amenos, muy carnosos, y en el centro tenían un gracioso lunar del que no me había dado cuenta antes.
Besaba como los ángeles, y no tardó en alargar su mano por dentro de mi camisa, pellizcando mis pezones, bajando a mi barriga y metiéndose, finalmente, por entre el pantalón.
Yo alargué mi mano también hasta su escote y no tardaron en salir sus dos pechos. Sus senos, turgentes, hermosos y sonrosados parecían dos copas de vino dulce puestas boca abajo. También sabían a un caldo veterano, con aromas afrutados.
Mientras nos besábamos mi mano no tardó en subir su vestido, acariciando sus medias de seda, llegando al final de estas y apretando mis dedos contra sus muslos calientes y libres de tela. Mi sorpresa mayor llegó cuando descubrí que sobre sus muslos no había braga alguna, y que su sexualidad me esperaba despierta.
Acaricié el vello rizado y caoba, también sus ingles limpias, y finalmente mis dedos jugaron en sus carnes, provocándole un placer que le hizo gritar sin control.
El silencio de la plaza nos asustó. Nuestra respiración jadeante, y los propios roces de las manos con nuestros cuerpos eran los únicos sonidos que allí se oían, y, en medio de tanta excitación, parecían multiplicarse en ondas que viajaban por toda la plaza hasta las ventanas de las casas que rodeaban la plaza. Ambos miramos hacia las ventanas de los pisos. Todas las luces estaban apagadas, y no creí que nadie pudiera vernos porque estaba todo muy oscuro.
-Venga, cariño  – me dijo totalmente entregada a mí – hazme el amor ya…”

TODO EN PDF………………….NOCHE DE LUNA NEGRA

MIRADAS, MENTIRAS Y LATIDOS (desvarío mental)

DESVARÍOS MENTALES (tormentas imaginarias)

Un día, sin nada buscar, encontré tus ojos enmarañados en una selva extraña en la que las lianas impedían el avance que perseguían. Tus ojos, esos que creía tan míos como tuyos, pasaron de largo, sin detenerse en el andén de mi mirada, y avanzaron en círculos hasta detenerse en las ramas de otro árbol.
Y esos ojos encontraron los tuyos y juntos, furtivos, escaparon de aquel lugar que, desde entonces, quedó desierto. Fue entonces cuando mi corazón se detuvo, mientras esas miradas se hacían puñales y lanzas que se clavaban en mi espalda.
Desde entonces deseé salir de esta tumba cerrada en que convertiste mis largas noches de soledad, volar y alejarme de esta almohada compartida que dejó de ser de seda y se convirtió en papel y piedra.
Noche tras noche, me recosté sobre la gélida cama del dolor, y en ella duermo a tu lado, dominado por el insomnio nacido de las torres derruidas de mi dicha, esa que derrocaron los macabros proyectiles de tu cruel mentira.
Otro día, buscando esas vuestras miradas que creías secretas, observé que otro tren se detuvo en el solitario andén de mi triste estación. Allí,  a través de los cristales limpios de un elegante vagón, encontré otra mirada. Esa no era vuestra, ni para vosotros… Esa era para mí, y en ella me detuve.
Jamás esperé que el feroz tiempo de mi venganza se fraguara tan dulcemente.
Esos ojos me miraron como tú nunca habías hecho, y fue entonces cuando comprendí el engaño… El tuyo, y el mío.
Ahora mi corazón dolorido arranca a latir de nuevo, y vuestras miradas duelen menos… Mucho menos.
Sé que nunca me contarás eso que yo ya sé. Tampoco yo te contaré jamás eso que espero que tú nunca sepas. Amén.

CRUZAR EL RÍO

INTENTO (poesía) (Palo cortao)

La última vez que salí a tomar una cervecita con mi gente nos paramos en una terracita en una plaza preciosa. Hacía un día estupendo. Los niños jugaban, los mayores hablábamos y tómabamos cañitas tranquilamente.

De pronto apareció un joven-viejo y nos pidió dinero. ¿Cuántos de esos no hay por ahí sin que les prestemos atención? Ya ni les miramos. Ya ni nos dan pena ¡Y eso es una pena! (lo digo por nosotros)

aquí os dejo el intento en pdf………………….Cruzar el río

EL MIEDO DE MAMÁ (cuento o desvarío mental)

CUENTOS (la noche que la luna salió tarde), DESVARÍOS MENTALES (tormentas imaginarias)

UN CUENTO PENSADO DURANTE LA NOCHE. UN CUENTO QUE QUIERO DEDICAR A ALGUIEN MUY ESPECIAL PARA MI DESDE HACE YA MUCHOS AÑOS PORQUE SÉ QUE LO ESTÁ PASANDO MAL.

Érase una vez una niña que tenía una mamá. Hasta ahí todo normal ¿verdad? Pero ésta, nuestra amiga, no era una niña normal, como tampoco lo era su mamá.
A sus cinco años, no tenía miedo a nada. Si acaso, a las arañas grandes…
Y solo si eran exageradamente grandes.
En cambio su mamá, que ya era bastante mayor para tener miedo,  sí que tenía… ¡Y mucho! En realidad, parecía tener miedo de todo, y eso extrañaba mucho a Ariadna, que era como se llamaba nuestra amiga.
Lo que no sabía la inocente niña era que todos los miedos que tenía su mamá no estaban relacionados con arañas, con terremotos, ni siquiera con fantasmas o brujas… Todos los miedos que tenía su mamá eran causados precisamente por ella, su hija, y sería era ella quien tendría que ir apartándolos.
¿Cómo? – se preguntó la pobre niña al descubrirlo.
Su mamá no quería contestarle porque tampoco quería mentirle.
Sus miedos solo irían desapareciendo conforme esa niñita fuera creciendo y haciéndose mayor – ¡solo así! – y ella aún era muy joven para poder entenderlo.
Ni siquiera su propia mamá, que ya había pasado por eso mismo por lo que ella estaba pasando, sabía muy bien cuándo desaparecerían esos sus miedos… Aunque parecía intuirlo.
A ella misma le pasaba aún igual con su mamá, esa a la que la niña llamaba abuelita, y que aún seguía enfocando todos sus miedos en ella, en esa hija que nunca terminaba de hacerse lo suficientemente mayor como para valerse por sí misma… A pesar de tener ya su propia familia y más de un hijo.
La abuela, cuarenta años después, aún seguía temiendo por su hija como cuando era una niña, como lo era ahora su hija Ariadna.
Pero un día pasó. Llegó el día en que la abuelita dejó atrás sus miedos… ¡Todos!
Y ahora la mamá de Ariadna estaba triste… ¿O acaso se sentía desprotegida por primera vez en su vida y empezaba a comprender realmente todos los miedos de la abuela?
Por suerte para Ariadna, su mamá seguiría sintiendo miedo  mucho, pero que mucho tiempo…
Y ahora más.