FOTOS DE AMIGOS: COSAS DE MUSAS

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Ella nunca lo supo, pero durante mucho tiempo fue la protagonista de la novela más bonita que jamás nadie escribió…
Ella fue la protagonista de no menos de miles de sueños en una almohada no compartida, de miles de baños en una ducha solitaria, de miles de brazadas en el mar convertidas en abrazos multicolor, de cientos de besos compartidos en el silencio de la noche, y de millones de palabras entrelazadas por unos lápices de tinta color beso…
Ella nunca lo supo – ¿o sí? – pero todas las musas que aún vivían en las obras más leídas la envidiaron alguna vez.

Foto de el club

FOTOS DE AMIGOS: LA FILA DE GIRASOLES

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Los niños, como les pasa a los girasoles, sólo se aterran, y desean huir, cuando se giran y no encuentran el sol que siempre guía sus pasos… Por eso esos niños eran tan felices allí, en aquel campo de hierbas frescas y pupitres de colores, en aquel mágico lugar donde el sol les llevaba siempre cogidos de la mano.
Y es que, aquel maravilloso lugar al que ellos llamaban cole, pero que en realidad no era sino una prolongación más de su propia casa, era como un campo soleado donde siempre era primavera… Aunque afuera llovieran mares.
Ellos, a su lado, al lado de ese sol en torno al que giraban día a día, no tenían miedo y se sentían seguros, y querido… Y eso es lo más bonito que se le puede decir a un niño… ¡Y a una maestra! ¿A que sí?

(Foto de María Cristina Matas)

Agradecimiento justo

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Ella nunca estaba con él pero él siempre la sentía a su lado… y eso era digno de agradecer.

FOTOS DE AMIGOS: QUÉDATE A SOÑAR CONMIGO AHORA QUE ES DE DÍA

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Quédate a soñar.
Trae sólo el camisón.
Y tu mejor sonrisa.
Trae tus silencios.
Hazlos gritos y gemidos.
Trae tus dedos.
Hazlos caricias.
Tú trae sólo el camisón.
Yo pongo el piano.
Y tú… Tú pones la magia.

(fotografía de Marta)

Desvaríos mentales

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Hasta la tierra se conjuraba para mandarnos señales que tú no querías, o te empeñabas en no ver…

pdta: Cuidado. La tierra ya ha demostrado que se enfada. No la contradigas.

¿A QUE SÍ…?

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¿A que te cuesta creer que todo esto que estás leyendo hayas podido inspirarlo tú solita?
¿A que no eres capaz de verte en este cuadro que te presento?
¿No te pasa que no te lees en estas frases?
¿No te pasa que sonríes al leerlo, y al verlo?
¿No te pasa que, en el fondo, sí que lo sabes?
¿No te pasa que sí que te pasa…?

Pdta: Te pasa como a mí.

EL BAILE QUE AMBOS QUISIERON BAILAR

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Mirándola a escasos centímetros sintió un extraño frío que sólo ella podría arrebatarle. Ambos sabían que no era frío, sino miedo, y ella lo hizo desaparecer con un abrazo de esos que roban el alma, lo estrujan, lo mojan, lo secan y te lo devuelven nuevo. Conteniendo la respiración, temeroso de que ese bendito y soñado momento, llegara al fin, esperó hasta penetrar en los labios de aquella ninfa con la que llevaba soñando toda una vida.
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El momento era único, el silencio creaba la música que ambos querían bailar, pero el miedo de él no le dejaba disfrutar de lo que allí estaba pasando… ¡Por fin estaban a solas! ¡Por fin había aceptado ese baile que llevaba pidiéndole casi desde que la conoció!
Se miraron temerosos. Ella no. Ella estaba segura. Ella había ido allí a eso, a bailar, a abrazarle al fin, a besarle… Él en cambio seguía temiendo que todo no fuera mas que otro de sus muchos y repetidos sueños…
Entonces ella, sabedora de que su miedo no le dejaría actuar, le besó en los labios con dulzura. Cuando lo hizo pudo escuchar cómo sus almas exclamaron al unísono: ¡Por fin!
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El beso fue suave, casi puntiagudo, y ambos sonrieron.
– Ya lo has conseguido – le dijo ella sonriéntole
– sí – contestó él abatido.
Después, volvieron a besarse, y lo hicieron por fin alejando los miedos primigenios, dejándose llevar por lo que tanto habían deseado a oscuras, y en silencio… ¡Y siempre solos!
Él la había besado ya mil veces, casi todas las noches, en su cama. Ella, no tantas, pero también lo había imaginado en la suya.
Al fin – como así lo gritaron sus almas abrazadas – habían dado el paso y ya no había lugar para el reproche… Ambos sabían que ya aparecería después cuando fueran otros los labios que les besaran, y otros los cuerpos que compartieran.
Olvidando las esposas que hasta ahora les habían mantenido alejados al uno del otro – en realidad, les habían separado mucho menos de lo que ellos mismos pensaban, pues ya habían hecho el amor miles de veces en unos sueños que parecían tan reales como esa realidad que estaban viviendo – se desnudaron tímidos y asustados.
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El cuerpo de ella era enérgico, pletórico, joven, vivo… Y eso le hizo sentir más poderoso, y menos pudoroso.
Después, sus cuerpos se fundieron como dos velas encendidas, con el mismo calor, y ambos se hicieron uno solo… Allí, sobre ella, se sintió todopoderoso e incapaz de ser derrotado.
Y de pronto desapareció todo lo que no fueran ellos dos. Primero desapareció el sofá, después las ropas que les envolvían, después el piso donde estaban, la ciudad, y sus gentes… Las de él… las de ella.
Bajo ese cuerpo que desprendía alcalinas descargas ella se sintió doncella, y su boca fue la triaca que le alejó de ese dolor que ya empezaba a remitir, sintiendo que solo la Gran Separadora podría arrebatárselo ya. Él bebió de sus rasgados ojos asustados mientras dibujaron (que no hicieron) el amor. Ella, vestida con los siete velos que envolvían su piel trigueña, acercó los labios a él y le dijo, sin miedo alguno ya, que se moría por disfrutar de él.
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Ella gemía gozosa, mirándole, alimentándose con una mirada que sabía que tenía que guardar pues posiblemente no se repetiría… Después, sin que él lo esperara, lloró tibiamente, y él se asustó.
– ¿Por qué lloras? – preguntó él, deteniendo su ímpetu y acariciando su bello rostro, embriagado por el vino que escapaba de la garganta de los barriles que eran sus ojos
– ¿te duele, amor mío? – volvió a preguntarle, sabedor de que esa mujer estaba haciendo algo que nunca hubiera querido hacer
– ¿Que si me duele…? – preguntó ella, olvidando su otra vida, y centrándose en el momento especial que vivía – la verdad es que me duele, pero no tanto como debiera.

LA MAMÁ DEL REFUGIADO

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Dicen los buenos patriotas – y no digo que sin razón – que el país de uno es su madre, y que como tal hay que tratarlo.
Estos niños refugiados (los de Siria, pero también los que vienen en pateras a nuestras costas – sé de lo que hablo) se han quedado sin su madre, y yo sé que la mía no les dejaría tirados en la calle.

¿La tuya sí les dejaría? ¿Verdad que no…?

RESUMEN Y ESQUEMA DE UN SUEÑO

PRIMERO EL ESQUEMA
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Y AHORA EL RESUMEN

abro paréntesis
playa
yo
apareces tú
puntos suspensivos
cierro paréntesis

Música en el bosque

¿truco?
¡y qué más da!

El ángel vengador de la catedral de Granada

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Al final tenían razón y el mundo se acababa con la luna sangrienta. Por suerte, el ángel que custodia el cielo de Granada, nos salvó a todos.

Foto de Manuel Rodríguez