YA LLEGA JUNIO ¡VIVA EL VERANO!

dedicado a mi padrino

Este blog es para entretenerme y entretenerte a ti. Aquí te dejo mis cuentos, mis relatos, mis novelas, mis desvaríos mentales, mis capítulos de Superaceta, mis discos favoritos, mis cuadros, mis libros, y otras cosas que me llaman la atención. Si quieres leer solo relatos, cuentos y desvaríos, pincha en JOSALITERARIA, en enlaces y te llevará al blog donde solo dejo los textos escritos por mí.

De entre todas las canciones me quedo con esta que nunca me gustó pero cuya versión supera la original.



LIBRE DE PECADO (VERSIÓN CORTA) DESVARÍO MENTAL

A pesar de que era la primera vez que acudía a su cita, la humedad y el frío del lugar la hacían sentir extrañamente cómoda, sabedora de que allí no tenía nada que temer… Ese extraño olor a humedad y humo caliente le reconfortaba. El ruido de la pesada puerta que se abrió a su espalda le hizo alejarse de ese momento de ficticia paz que creía estar viviendo.

Al oír sus pasos acercándose a ella prefirió permanecer en silencio, sin atreverse a volverse y mirarle a los ojos – para no huir – oculta entre una oscuridad que no la hacía invisible, y menos para él, que sería, a partir de entonces, el carcelero no solo de su alma sino también de su cuerpo. Desnuda en cuerpo y alma, con las rodillas apoyadas sobre el frío suelo, cerró los ojos intentando reunir esas fuerzas necesarias que la capacitaran para alejar el pudor primario que siempre nacía cuando se acercaba a él.

Por suerte ese miedo desaparecía cuando llegaba a ella el olor de su ropa negra, impregnada de ese suavizante de lavanda que ella misma utilizó años atrás. De rodillas ante él, esperándole en medio de la oscuridad y su propia desnudez, aún temblaba, incapaz siquiera de gesticular, y temerosa de ser descubierta en su pecado. Por eso miraba a un lado y a otro, aunque supiera que allí no podía haber nadie, y que, como siempre había imaginado, solo estaban ellos dos.

La tranquilidad esperada llegó al escuchar esa ronca y aterciopelada voz, capaz de extraer cualquier remordimiento y lavarlo. Y al oírle volvía a nacer esa extraña y mágica sensación, ese ameno dolor de unos senos que recuperaban una vitalidad capaz de rivalizar con la que ellos mismos la deleitaron en medio de su juventud.    Al ver sus musculosos dedos dirigiéndose hacia ella, los pechos, ya henchidos, querían escapar de la tibia blusa que los separaba del aire que ella misma respiraba. El liviano movimiento de sus labios, susurrándole palabras con cadencia rítmica, eran capaces de abrir un cielo que, hasta ese momento, a ella le había estado denegado.

Cada una de sus palabras, acompañadas de ese vaho ameno y caliente, era como un latigazo para su alma, como una condena de la que  no se quería librar, y allí, volvía a disfrutar de nuevo de ese intenso latir entre sus muslos. Esa fría humedad, con el enigmático deleite añadido del intenso olor a incienso hacían que aún no pudiera alejarse de ese hombre sin antes alejar el peso del miedo que tenía. Solo él podría salvarla. Solo él podría hacerla volver a sentir mujer.

Con la punta de la lengua se recorrió la longitud de los labios para acabar frenada entre los dientes, intentando así encontrar la dulzura que suavizara ese momento que iba a recordar junto a él. Todo se hizo difícil y ameno de nuevo, y fue allí, aún de rodillas ante él, donde tan difíciles de soportar se hicieron las punzadas que recibió entre sus piernas aún ardientes y de unas manos manchadas por el pecado del robo.

Ni siquiera apretando los muslos entre sí pudo detener la urgente necesidad de huir o hacerse suya, y cuando quiso darse cuenta su mano ya bajaba desde el regazo, entreteniéndose en mecer donde su cuerpo temblaba, dispuesta a lidiar con todos los calores desmedidos que nacían en ella.

Como siempre le pasaba, el miedo se convirtió en excitación… y el miedo se hizo bello. Mirándole, con cierto recelo, apretó sus rodillas al suelo y alargó su mano hasta él, intentando mostrarle la necesidad de  seguir incrementando el placer de una curiosidad aún no satisfecha. Intentando descubrir el sincero brillo de los ojos de ese hombre, luchaba por abandonarse a su suerte, decir todo al fin, y recibir así ese consuelo que tanto necesitaba y que solo él podría entregarle.

Pero volvió el miedo. ¿Cómo hacer para dejarse llevar y hablar sin miedo?

El silencio sepulcral se bastaba para acallar los ardores de su carrera hacia ningún lado, esa que estaba segura que nunca podría terminar, y mucho menos ganar. De rodillas sobre ese suelo que ya parecía la hierba fresca de un pasto enorme, bebió del agua que nacía de sus labios, y, jadeante, dejó que sus labios fueran más allá de su dominio y se comunicaran con ese hombre que esperaba expectante a su lado.

Entonces él la miró desde la oscuridad que los separaba, y ella, ajena al miedo y a la hipocresía que ella misma cultivaba, le devolvió la mirada, escondida tras las celosías de la vergüenza. Más excitada y temerosa que nunca cerró de nuevo sus ojos y volvió a ver a su amante, su cuerpo, su boca, y su masculinidad.

Abrió sus labios, y los mojó con la saliva caliente que descansaba sobre su lengua. Abriendo de nuevo los ojos, le escuchó al fin, y su mundo se tranquilizó… al menos por unos segundos.

– Ave María Purísima – dijo él, apoyando la cabeza sobre las celosías de madera que les separaban 

– sin pecado concebida – dijo ella, olvidando todas las cosas que tenía que contarle, saboreando al fin los laureados aromas del perdón.

– Perdóneme padre porque he pecado – dijo, antes de romper a llorar.

Y lloró.

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EROTISMO Y LITERATURA III

Por breve que sea, un paseo como este, cuando se adentra en los siglos más próximos, ya en el XIX, tiene que detenerse en Stendhal y en el Don Juan de Lord Byron. En los Poemas obscenos de Espronceda, en los Cuentos libertinos de Honoré de Balzac, en el Diario de un seductor de Kierkegaard, en el Naná de Zola, en los Cantos de Maldoror del conde de Lautréamont, en Oscar Wilde, en Felipe Trigo, en Baudelaire, en la Poesía Erótica de Ruben Darío, en las Cartas a Galdós escritas por Emilia Pardo Bazán y en la obligada visita a Madame Bovary.

Y, de pronto, como un ciclón, el siglo XX para dejarnos buscando el tiempo perdido con Proust, las Once mil vergas de Apollinaire, tuteando al amante de lady Chatterley, atisbando la Lolita de Nabokov o La casa de las bellas durmientes de Yasunari Kawabata. Y La seducción de Gombrowicz, y Miller, y Kafka y Gide, y el canon de belleza que describe en La Romana Alberto Moravia. Y Lawrence Durrell y Laura Esquivel, y Mann y Cela y Pierre Louÿs y las fiestas de Fitzgerald y las siestas de las historias de García Marquez, y la crudeza de Anaïs Nin y la amargura de Margueritte Durás y los amores impacientes de Juana de Ibarborou:

Tómame ahora, que tengo la carne olorosa
y los ojos limpios y la piel de rosa.
Ahora, que calza mi planta ligera
la sandalia viva de la primavera.
Hoy, y no más tarde. Antes que anochezca
y se vuelva mustia la corola fresca.

SPINOZA, CURIOSIDADES DE UNO DE LOS GRANDES FILÓSOFOS

¿Sabías que Spinoza era holandés de ascendencia española?

Sus padres tuvieron que huir a Ámsterdam para escapar de la persecución de la Iglesia Católica. De joven estudió a los filósofos judíos, pero la mayor influencia la encontró en Descartes.

Se dice que Spinoza era un hombre amable, dulce y considerado. Pero sobre todo era un hombre de grandes principios.

Fue capaz de rechazar un puesto en la universidad porque no quería comprometer sus ideales, no quería cobrar por su talento y prefirió ganarse la vida como un humilde pulidor de lentes.

A diferencia de muchos grandes pensadores, Spinoza intentó vivir de acuerdo con su filosofía. Y como resultado casi todo el mundo le odiaba. Sin embargo, sobrevivió al hecho de ser expulsado de su comunidad religiosa, al rechazo de su familia y a un atentado contra su vida, y afirmó: “NO PUEDE HABER MUCHA FELICIDAD”

Spinoza creía que es es por obra de la razón cómo el hombre da sentido al mundo.

Mientras que Descartes decía que el universo se componía de dos cosas: mente y materia, Spinoza dijo que solo había una sustancia: Dios.

Dios, el universo y todo lo que hay en él son lo mismo.

Spinoza llegó a decir que el hombre no tenía un lugar especial en el cosmos, lo que hizo que los judíos se indignaran con él y le expulsaran de la comunidad.

Hubo quien intentó hasta matarlo. De hecho, Spinoza guardó la capa rasgada por el cuchillo como recuerdo.

Murió a los 45 años por culpa de complicaciones pulmonares ocasionadas por el polvo desprendido de las lentes que pulía.

Por cierto ¿sabías que Spinoza era amigo de Christian Huygens, el fundador de la óptica moderna?

¿y que rechazó dedicar uno de sus libros a Luis XIV a cambio de una pensión real?

CLEOPATRA Y SU BELLEZA

Cleopatra, perfecto símbolo de la seducción femenina, tenía un perfil acusado al que no le faltaba carácter, y así lo testimonian sus bustos y medallas. Por lo demás, tenemos que limitarnos a imaginar lo que le daba aquel encanto que los antiguos le reconocían unánimemente.

A día de hoy no nos ha llegado ni una sola estatua suya de cuerpo entero, y ningún texto de la época suministra datos preciosos sobre su aspecto físico.

La atracción que ejercía sobre su entorno dependía de su carácter, de su delicadez, y especialmente de su voz .

El mismo Plutarco dijo de su voz: “cuyo sonido incluso daba placer, siendo como un instrumento de muchas cuerdas que ella tocaba con facilidad”.

También dijo: “sus palabras eran tan amables que era imposible no quedar prendado… La dulzura y la gracia natural de su conversación parecía que dejaban un aguijón clavado en el ánimo”.

Lo que sí se sabe es que le gustaba adornarse con joyas preciosas y adoraba las perlas… al igual que César.

La serpiente está indisolublemente ligada a la historia de Cleopatra: atributo de Isis, el ureo adornaba también la diadema del faraón. Posteriormente confundida con la serpiente maléfica de la biblia, haría de Cleopatra una digna hija de Eva la pecadora.

Cargar con el mochuelo

El dicho se emplea para calificar todo asunto o trabajo enojoso y difícil que recae sobre alguien en contra de su voluntad. Se cuenta que su origen tiene que ver con un divertido suceso que ocurrió entre un mozo andaluz y un soldado gallego que entraron en una venta y pidieron cena al posadero. Éste les advirtió que no tenían más que una perdiz y un mochuelo. El andaluz, que llevaba la voz cantante, se apresuró a decir: “Traíganoslos, que ya nos arreglaremos”. Y cuando el mesonero les sirvió las aves, el andaluz propuso al soldado: “Elige, hermano, puesto que la cosa es clara: o tú te comes el mochuelo y yo la perdiz, o yo me como la perdiz y tú cargas con el mochuelo”. El ingenuo gallego, abrumado por tan especiosa alternativa, exclamó tristemente: “¡No sé cómo te las arreglas que siempre me ha de tocar a mí el de la cabeza más gorda!”

CUADRO DE FURINI: LOT Y SUS HIJAS

Fernando II, Gran Duque de Toscana, regaló en 1649 este lienzo a Felipe IV con motivo de sus bodas con Mariana de Austria (su prima). El tema pudo ser intencionado (jugándosela), pues igual que Lot hubo de mantener relaciones incestuosas con sus hijas para no quedar sin descendencia, tras abandonar Sodoma y ver cómo su mujer quedaba convertida en estatua de sal, así el monarca español se casaba con su sobrina, apresurado por la necesidad de lograr descendencia masculina. El asunto había sido elegido tradicionalmente por los pintores como uno de los más adecuados para demostrar su destreza en la representación del desnudo femenino, y Furini no perdió ocasión para contrastar las turgentes carnes de las jóvenes que apremian al padre, con el río fondo azul que reduce los elementos narrativos a lo esencial.

BARUCH SPINOZA Y LOS TRES GÉNEROS DE CONOCIMIENTO HUMANO

(Amsterdam, 1632 – La Haya, 1677)

Spinoza destacó tres géneros de conocimiento humano: en el primero, el hombre es esclavo de las pasiones y sólo percibe los efectos o signos e ignora las causas; en el segundo, la razón elabora ideas generales o nociones comunes que permiten a la conciencia acercarse al conocimiento de las causas, y aprende a controlar las pasiones; en el tercer género, el hombre accede a una intuición totalmente desinteresada, pues conoce desde el punto de vista de Dios (sub specie aeternitatis), ajeno a sí mismo como individuo y por tanto sin que le perturben las pasiones individuales. En esta contemplación se identifican lo singular y lo eterno, y se percibe la presencia de todo en todo, intuición en la que se cifra la única felicidad posible.

En el terreno político, Spinoza rechazó el concepto de moral, por considerar que implicaba una desvalorización de lo real en nombre de un ideal trascendente. Todos los seres se guían por el principio de autoconservación, sobre el cual se edifica el Estado como limitación consensual de los derechos individuales. Sin embargo, lo que el individuo busca en el Estado es la conservación propia, por lo que puede revolverse contra él en caso de que no cumpla esta función («Dios crea individuos, no naciones»).

MIGUEL BOSÉ estuve a punto de

Este tipo – que parece tener un pacto con el diablo – me cae bien aunque nunca me ha gustado mucho su música (en realidad ni mucho ni poco). Una amiga del blog lo ha pedido. Espero que os guste

MIS POLICÍAS FAVORITOS DEL CINE

aquí están algunos de mis favoritos policías o detectives del mundo del cine

CLINT EASTWOOD (Harry el Sucio), BRUCE WILLIS (la Jungla de cristal), MEL GIBSON Y DANNY GLOVER (Arma letal), KEVIN COSTNER Y SEAN CONNERY (Los intocables), AL PACINO, STEVE MCQUEEN, MORGAN FREEMAN Y BRAD PITT

¿y tus favoritos?

EROTISMO Y LITERATURA II

La Biblia nos cuenta como cuando Abraham le reclama juramento a un siervo le pide: “Pon tu mano debajo de mi muslo y tomarte he juramento”, a lo que el siervo accede pues “puso su mano debajo del muslo de Abraham, su señor, y juróle”.

Y en el arranque del Cantar de los Cantares de Salomón ella dice:

Béseme con su boca a mí el amado.
Son más dulces que el vino tus amores:
tu nombre es suave olor bien derramado,
y no hay olor, que iguale tus olores;
por eso las doncellas te han amado,
conociendo tus gracias y dulzores.
Llévame en pos de ti, y correremos:
no temas, que jamás nos cansaremos.

En fin… Sea cual sea el salto literario que se dé. Sea cual sea la época o el género, toparemos con una u otro forma de erotismo, ya el sutil o el explícito, ya el ingenuo, el violento, el pudoroso, el que mira, el que es mirado, el que no sacia, el que se entrega, el que muere…

Pasando por Homero y su Ilíada, en donde lejos de sofisticaciones el sexo se contempla como un subidón que exige satisfacción inmediata, y La Eneida de Virgilio o La Metamorfosis de un Ovidio que se autocalifica como “poeta cantor de tiernos amores”, o las Sátiras de Juvenal que nos cuentan la historia de Claudio, casado con una ninfómana, hasta los textos indúes del Kama Sutra que vienen a ser el equivalente en Oriente a la guía erótico-sexual que supuso para Occidente El arte de amar de Ovidio.

Y, ya en la Edad Media, la descripción de la unión amorosa contenida en El collar de la paloma de Ibn Hazm de Córdoba, texto y autor cumbre de la corriente literaria arábigoandaluza: “La unión con el amado es la serenidad imperturbable, el gozo sin tacha que lo empañe ni tristeza que lo enturbie, la perfección de los deseos y el colmo de las esperanzas”.

¿Y Dante?, cuidado con Dante que al tiempo que condena la carnalidad y ubica a los lujuriosos en el segundo de los anillos del Infierno, carga de erotismo las descripciones de su amada Francesca y lamenta: “No hay dolor mayor que recordar el tiempo de la dicha, en desgracia”.

O la voluptuosidad exacerbada de Las mil y una noches, paradigma y ejemplo de pasión en la literatura por la belleza física y el erotismo. Textos al borde de lo obsceno en los que siempre acaba por imponerse la calidad de la escritura y la vertiente estética del sexo.

Y el Decamerón de Bocaccio, y los Cuentos de Canterbury de Chaucer, y Maquiavelo y Fernando de Rojas y su Celestina, y el Gargantúa y Pantagruel de Rabelais y Shakespeare y Quevedo y Cervantes y el erotismo rebosante de la poesía de San Juan de la Cruz:

Allí me dio su pecho,
allí me enseñó ciencia muy sabrosa,
y yo le dí de hecho
a mí, sin dejar cosa:
allí le prometí de ser su esposa.