DOS ROMBOS

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¿sabes? Yo siempre creí que los sueños – por muy imposibles que parecieran – terminan cumpliéndose tarde o temprano…

Y tú y yo estaba claro que teníamos que suceder con todas sus consecuencias…

¡No había otra opción!

MI LADO OSCURO

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Todos tenemos nuestro lado oscuro, ese lado que no queremos que nadie vea, y que intentamos mantenerlo como su nombre indica.

Mi lado oscuro siempre estuvo junto a aquel hombre que me volvía loca solo con su nombre. No hacía falta siquiera que estuviera cerca de mí… Solo con que alguien lo mencionara ya bastaba para hundirme en su caótica y atrayente oscuridad…

Pero lo peor de, ese mi lado oscuro, era que siempre se encendía, e iluminaba, cuando él estaba cerca.

¡ME ENCANTA ODÍN!

SÍ, ASÍ COMO SUENA: ME ENCANTA ODÍN.

Hay una manía muy humana que es la de intentar definir con una palabra cualquier cosa,o cualquier persona. No sé porqué lo hacemos, pero lo hacemos… ¡Casi todos! Si yo tuviera que definir a nuestro amigo Odín no podría hacerlo con una palabra, pero sí con una frase. Y sería precisamente la que da título a esta historia. Y, si lo es, si es esa frase y no otra, no es por capricho mío, ni por un sentimiento poético, sino porque es la frase que utiliza TODO EL MUNDO cuando les hablas de él… ¡Me encanta Odín! Lo dice todo el mundo: mayores, jóvenes, e incluso niños.

Conocí a Odín cuando no tenía más de dos años. Iba a la casita de niños, y me llamó la atención, como a todos, por su maravilloso pelo… Y no es broma. Él no lo sabía, pero mientras todos los niños tenían pelo, y cada uno de una manera y color diferente, todos eran más o menos iguales. Él no, él era diferente. Era precisamente él el que no pasaba desapercibido, al que casi todos en la plaza conocíamos, aunque no habláramos con él. De hecho yo nunca hablé con él, pero siempre me gustó. Le recuerdo siempre con su madre, con su brillante clava, y con esos ojos que parecían querer comerse un mundo que, seguramente aún no comprendía del todo. Fue precisamente la actitud de su madre – siempre sonriente y de buen rollo – y la del propio niño las que me hicieron ver que aquel niño no tenía una enfermedad terrible. ¡Ole!

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Durante muchos años he visto a Odín casi a diario. Siempre con su madre detrás, intentando seguirlo, y con su hermano pequeño. ¿Cómo no ver a alguien que ilumina con esa sonrisa y con ese aspecto tan especial? Veía a Odín en el parque, en las plazas, pero, sobre todo, le recuerdo siempre por el parque del olivar, caminando hacia el instituto, o volviendo de él.

Hace poco tiempo un amigo común- alguien a quien los dos adoramos – le metió en mi vida. ¡Y qué placer más grande! Si Odín me gustaba antes, ahora podría decir que lo adoro. En realidad lo adoro yo, lo adora mi mujer, mis hijas, y no te digo nada de la casa de ese amigo que me lo presentó… ¡Allí es uno más! Mi “cebolla” se convirtió en su Roberto, y lejos de arrebatármelo me regaló algo más bonito aún: a él mismo. He visto muchos amigos en esta vida, y lo de “estos dos” es una auténtica gozada… A veces te parece que solo son AMIGOS, otras crees que son casi HERMANOS, y hay otras que te preguntas si no son casi NOVIOS… Al final lo resumes todo en un simple ¡SON MARAVILLOSOS! (con mayúsculas)

He comido con él en muchas ocasiones, ha venido a casa, ha pinchado música, hemos reído juntos, y siempre ha sido maravilloso, servicial, elegante en cuanto al trato, cachondo y educado. ¡Pareciera que tuviera muchos más años de los que dice hoy que cumple! ¡Sí, me encanta Odín!

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Bond, Odín Bond

Y le encanta a la gente que conozco y que le conoce: los padres de Roberto lo adoran. Alejandra lo adora. Mis hijas lo adoran. Los Byrne sienten lo mismo… ¿Quién podría hablar mal de alguien como Odín? Solo alguien que sí que tuviera un pelo de tonto, justo el que le falta a él. Pero es justo hablar de las personas que más le quieren: sus padres, su hermano, sus abuelos, y su “otro hermano”. Ahí donde veis al grandullón de Odín – tan mayor él – aún sigue disfrutando como un crío del juego que padre se inventó para ellos: LOS MUNDIALMENTE DESCONOCIDOS SD (Los Sevilla Dragons) que son unos juegos familiares que se juegan un trofeo , donde se organizan desde partidos de fútbol a maniobras militares con las famosas pistolas Nerf , que a Odín le encantan… (Pero no le digáis nada) ¿Y quién gana esos juegos? Difícil pregunta porque eso siempre trae polémica. Este año en el partido familiar ganaron los Yellow , pero los Pink dicen que les robaron el partido.

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Hoy es su cumple y nuestro Odín estará un poco triste. Hace poco que su padre se tuvo que volver a Columbus, y ya no volverá hasta los calores, pero aún sigue lleno de tanta navidad a su lado. Y, seguramente, en un rato – si no lo ha hecho ya – papá volverá a felicitarle a través de “su internet”. Pero tiene a su Nieves. Ha sido ella, esa mujer con la que tanto pelea a veces por sus “regañeras”, la que me ha pedido este cuento para su hijo, la que muere por él, y la que vive gracias a él. Tiene nuestro Odín la suerte de las suertes: UNA MADRE MARAVILLOSA. ¡Cuídala, querido Odín!

Pero hay una cosa que hace Odín que muy poca gente sabe y que es digna de mencionar porque es la que define la clase de hombre en el que se ha convertido. Su abuela Puri añora mucho a su hijo, que siempre está de viaje. ¿Y qué hace nuestro Odín? cuando va a ver a la abuela imita las mismas tonterías que hace su padre, pensando que así la abuela le echará un poco menos de menos. ¿No es “pa comérselo con papas”? Otro personaje en vida es el abuelo Manolo. El abuelo es lo más para Odín… Ahí donde le veis tan duro, fornido, y deportista de élite, Odín es un especialista jugador de petanca, gracias a esa que compraron su abuelo y él hace unos años para bajar al parque a jugar mientras la abuela Mercedes les espera en casa. Por cierto ¿has conseguido ya que la abuela cambie de camello? Ah, y recuerda las palabras del abuelo Tomás: “tú heredarás el apellido de los Fernández”

Querido Odín (acabo esta carta como normalmente empiezan) eres un ser maravilloso. No cambies. Que no te cambien. Y no dejes de iluminarnos y de contagiarnos con tu sonrisa. Eres maravilloso.

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Y AHORA TENGO QUE CONTAR LO QUE HA SUCEDIDO EN EL DOMICILIO DE ODÍN ESTE 30 DE ENERO DE 2020. SI NO LO CUENTO, REVIENTO:

– ¿Dónde vas, Odín? – le preguntó su mamá ese jueves de enero de 2020, cuando ya dejaba de ser un niño. El niño-hombre sonrió, pero no contestó. No supo qué decir.

-¿Que dónde vas, querido Odín?- preguntó Nieves, al verle abrir la puerta tan decidido

– Ya soy mayor. He decidido que tengo que salir hoy como he hecho siempre, pero más convencido…

-¿Más convencido? – preguntó Nieves extrañada, pero tranquila al ver la sonrisa en la cara de su hijo – ¿más convencido de qué?

-son cosas mías… No me hagas mucho caso

-quiero que me la cuentes

¿sabes una cosa, mamá?

-dime – contestó Nieves emocionada, como si supiera la respuesta

-mamá, hoy voy a salir como siempre hago, sonriente, pero hoy voy a contagiar al mundo 

– ¿cómo dices? estás loco, cachorrete 

– no lo estoy. Voy a salir, y voy a contagiar a todo el mundo, empezando por nuestra querida Sevilla la Nueva

– ¿ y con qué vas a contagiarlo? – volvió a preguntar, intentando esbozar una sonrisa que apenas podía dibujar

– con esto – y señaló su boca

– ¿y eso qué es? – preguntó su mamá, emocionada

– ¿esto? pues mi sonrisa… ¿Qué va a ser si no? Tú y papá siempre me decíais que mi sonrisa era contagiosa… ¿A que sí?

Nieves sonrió mientras una lágrima de emoción paseaba por su cara. Odín, al ver la sonrisa de su ser más querido, se emocionó…

Lo que decían sus padres de su sonrisa contagiosa era verdad… La pandemia empezaba a extenderse. Ahora iría a por “sus Robers”, y luego a por el resto del mundo. Ese era su día, y todos tenían que sonreír como él.

Y colorín colorado, este cuento aún no ha empezado.

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DEAR ODIN: ALL YOUR FRIENDS WISH YOU WELL!!!

DON´T EVER CHANGE!!!

HAPPY BIRTHDAY!

Esto es un regalo de tu madre, posiblemente la persona que más te querrá en tu vida. Y aquí has leído la prueba de ello.

GANTE NO EMPIEZA POR G. GANTE EMPIEZA POR L

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foto Sobre el puente

Los más entendidos – que los hay en todos lados – dirán que estoy en un error, y que Gante no empieza por ELE, sino por GE. Y puede que tengan razón, pero desde que estuve allí yo supe que GANTE siempre empieza por ELE.

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foto Bajo el puente

¿Se puede ser más elegante?

MUNCH FUE EL CULPABLE DEL PRIMER PREMIO LITERARIO: EL OLOR DE LA ALMADRABA

Muerte en la habitación

este cuadro, y un documental sobre la dureza del mundo de la almadraba, hicieron posible mi primer premio literario.

Son las cinco de la tarde en una casa vieja, pequeña, y con humedades en las paredes.  Sobre una pretérita cama de colchón de espuma descansa un deteriorado cuerpo femenino por donde un día pasó la vida. Junto a ella, almas sin cuerpo buscan el invierno en una primavera donde ya florecen los primeros dolores otoñales… La maldita muerte se acerca otra vez.
– Juan… Juan… – solloza la moribunda mujer, con una voz casi tan apagada como la propia vida que se le escapa.
En la oscura habitación de paredes verdes y agrietadas, la madre de unos hijos reunidos, hace sus últimos esfuerzos por llevar aire a sus pulmones, pero estos ya han dejado de funcionar.
– Juan… Juan – repite una y otra vez, de forma casi ininteligible, mientras jóvenes, y no tan jóvenes, esperan en la penumbra sin atreverse a penetrar en el haz de luz que les haga presentes.
Nadie mira a nadie. Nadie dice nada, todos miran a esa cama donde todos han dormido alguna vez en su vida, y todos recuerdan momentos tan alegres como lejanos.
Alguna mano se posa en un hombro cercano, y aprieta sus dedos, sin querer, sin ser consciente de estar haciéndolo, y quien lo recibe calla su dolor, y comparte el miedo.
En esas paredes lloran padres, madres, hermanos, hijos, primos, sobrinos… Sólo los nietos, ajenos a todo, como dicta su edad, ríen fuera, en el patio.
– Tranquilos – dice el doctor, recogiendo sus cosas  –  no está sufriendo
– ¿Que no está sufriendo? – piensa el mayor de todos los hijos – lleva sufriendo treinta y dos años.
Fue precisamente Juanillo, el que se deshizo de la mano sudorosa de su esposa y se acercó hasta su madre.
Todos le miran acercarse, y todos observan el emocionado temblor de sus manos. Tanta emoción hace que escape alguna lágrima contenida hasta entonces por una presa incapaz de soportar tanta marejada de tristeza.
Ante la perpleja mirada de los demás Juan desabrocha los primeros botones de su camisa y acerca el pecho desnudo a la cara de su mamá.
Nadie entiende lo que está haciendo. Ni siquiera su atónita esposa, y mucho menos sus dos hijos, que le miran como el que mira a un loco. Pero él se siente bien por fin al saber que acaba de saldar una deuda pendiente desde hace muchos años. Lo sabe porque sólo él siente cómo su madre aspira por última vez.
Cogiéndole la mano, nota cómo aprieta con las pocas fuerzas que guardaba. Juan la mira emocionado porque ve sus ojos abiertos por primera vez en los últimos días. También observa  una lágrima surcar por entre sus frías arrugas.
– Gracias – dice la madre esbozando una mueca a la que se podría llamar sonrisa. Y sus ojos se cierran para siempre.
Para mayor zozobra  Juan recibe  un nuevo latigazo  al presenciar con los ojos del alma cómo su madre, la persona más importante de su vida, ya no está.
Todos lloran. Hay algún grito, y Juan retrocede en el recuerdo treinta y dos años atrás, cuando su padre desapareció en “la mar” y ella se quedó sola con treinta y pocos años, y otros doce repartidos en tres cabecitas rubias y una morena y con coletas.
Dos de esas cabezas ya están sin pelo. Las coletas, por suerte, persisten.
Mar – su nombre dejó de gustarle desde ese día – estuvo toda la tarde delante de la ventana, observando el cielo. Pero no lloró. Tampoco durmió esa noche. Concilió el sueño la segunda noche, madrugó y entonces sí lloró, y sobre todo, pensó en él. Porque no podía pensar en otra cosa, porque no sabía. Y eso dolía, dolía mucho.
Así fue día tras día, mes tras mes… año tras año, luchando por ser fuerte. Por lo menos lo pareció.
 
 
Durante el día era una mujer llena de vida, de amplias sonrisas pero sin aspavientos. Jamás le oyeron una carcajada pero tampoco privó a sus hijos de que las dibujaran por todas las paredes de la casa. Por las noches era un espíritu errante, un fantasma en vida, un pájaro enjaulado.
Y así fue hasta que él cumplió los catorce años, y empezó a trabajar en el barquito del tío Peque desde la mañana hasta casi entrada la noche.
Ella pudo dejar la limpieza de escaleras, cuidar su reuma, y ayudar a sus hermanos con los deberes del cole.
Siempre que regresaba de la mar su madre lo estaba esperando, vestida de negro, con la comida preparada sobre la mesa, y con signos de llanto en sus mejillas.
Y siempre el mismo ritual. Ella misma le quitaba la camisa, le abrazaba el torso desnudo, y le olía varias veces, embriagándose de un olor que la hacía sentir bien.
Juan no lo entendía, pero nunca fue capaz de decir nada.
Sí, le olía – pensó abrazado a la que había dejado de ser su madre – y no se atrevía a preguntarle porqué, aunque no lo entendiera. Sabía que le hacía sentir mejor, y con eso a él le bastaba. Poco a poco fue comprendiendo…
Con el tiempo se fue acostumbrando pues no había día en que dicho ritual no siguiera su curso.
Fue precisamente después de casarse, cinco años después, cuando se atrevió a preguntar a su madre por el significado de dicho ritual. Y si se lo preguntó fue porque lo echaba de menos.
– Siempre que llegabas a casa olías a él. Olías a mar y sudor… olías a tu padre. Le echo tanto de menos…   
Abrazado a un cuerpo muerto, pero aún caliente, recuerda todo guantando una catarata de emociones que no terminaban de pronunciarse, pero que hizo llorar a los demás.
– Juan – le dice su esposa, acercándose – ya se ha ido…
Pero él no la suelta porque sabe que jamás volverá a tenerla. Se siente cómodo abrazado a un cuerpo  que no huele a nada.
Quiere llorar como los demás, pero no puede. Y lo necesita, necesita llorar, desahogarse. Pero le resulta imposible, igual que respirar.
Yo nunca he olido a nada – le dice, oliéndose por entre la camisa antes de cerrar los botones y salir de la habitación. Por fin se atreve a llorar.
Su esposa le mira alejarse mientras piensa en lo equivocado que está. ¡Aún no ha pasado una noche en que no se eche sobre su pecho, aspire ese aroma de salitre, y se sienta segura.
Ese olor… el olor de la maldita almadraba.

EL MAR TAMBIÉN TIENE DERECHO

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She in Sitges, July 2017

Nadie piensa en ello nunca, pero el mar está vivo; y, por ende, como ser vivo también tiene sus derechos. Y es que a veces – solo a veces – y aunque nosotros no lo creamos, el mar también se cansa de ser siempre el observado y el disfrutado por los demás…

Por eso a veces – solo a veces – el mar también quiere disfrutar de las vistas de un bonito paisaje, como hacemos nosotros con él a diario…

Y, a veces – solo a veces – aparece alguien especial en lontananza, y, entonces, el mar lo consigue… Entonces – solo entonces – al mar le salen los colores… ¡Todos sus colores!

Pero eso solo pasa a veces… muy pocas veces. Solo cuando alguien como ella aparece ante él.

correr ¿"pa qué"?

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Queridas hijas: No tengáis prisa por crecer. No corráis tanto. Detened vuestros pasos, disfrutad del momento que, por si no lo sabéis, ya no volverá… ¡Corred hacia atrás, y llenad vuestra mente de la maravillosa niñez que aún tenéis!

Ah, y otra cosa. No hagáis caso a los mayores. La niñez siempre te acompañará, y solo huirá de ti si eres tú mismo quien la espanta.

PINTORES DE HOY

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DANIEL GERZHARTZ nació en Wisconsin en 1965, y es uno de los mas reconocidos pintores contemporáneos.

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EL QUE TEJE LAS SONRISAS DE OTROS

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A veces el que más risas despierta en todos aquellos que le rodean suele ser el que más tristezas duerme en su interior…

Pero esas tristezas son invisibles, y nadie las ve… Esas son solo de él. Y para él son todas… Nadie quiere que las comparta. Y él las vive dormido en la soledad de su cama durante la eterna noche, y allí se quedan, amortajando su vida, hasta que despierte, hasta que salga de su macabro sueño, y hasta que salga de sus largas noches de desvelo…

Después se disfrazará, saldrá de casa, y volverá a sonreír para todos los demás, como lleva haciendo ya toda su vida.