DORMIR NO ES MORIR

Cada vez que estoy a punto de dormirme – justo en ese instante del pestañeo final – pienso en las cosas que he vivido ese día… Y aparecen proyectadas dentro de esos párpados ya alejados de la poca luz que había. En casi todas las cosas bonitas que recuerdo siempre estás tú por ahí, merodeando siempre, queriendo o sin querer, unas veces a mi lado, otras más lejos, pero siempre visible, siempre coprotagonista, y siempre iluminando mis momentos… Como haces con todo desde que apareciste en mi vida.

A mí me gusta dormir, aunque no duerma mucho. Mucha gente piensa que dormir es algo parecido a morir, o a dejar de vivir. Yo no. Tú me hiciste comprender que no es así, que dormirme no es lo mismo que morirme… ¿Sabes por qué? porque dormido soy capaz de vivir contigo cosas que jamás me dejarías vivir estando despierto…

La imagen puede contener: una o varias personas, personas sentadas e interior

A pesar de ser mi mujer.

La partida más difícil

En tu cabeza se han jugado miles de partidas desde que eres niña, es verdad. Pero eran partidas de tres en raya, de parchís, de la oca, de cinquillo, de solitario… Y, aunque perdías algunas, ganabas casi todas. Y eso te hacía sentir fuerte ¿Verdad?

Ahora tu mundo ha cambiado, y también el juego. Ahora se está jugando una partida de ajedrez en tu cabeza, pero tú solo aprendiste a jugar a las damas. Ahora tú llevas las blancas, y, por más jugadas que piensas – y repiensas – las negras no hacen más que comerte piezas y dejar tus campo arlequinado vacío…

Sigue jugando, pero aprende a jugar. Analiza cada jugada de tu contrincante, aprende de él y contraataca… Es verdad que será muy difícil vencerle, pero sí es más fácil que puedas quedar en tablas…

Con un adversario como la ansiedad quedar en tablas es la mejor de las victorias.

“Pa la Consu”

La ansiedad no es tan “mala”. Lo malo es el juicio que hacemos de ella.

Leerla

Nada le gustaba más que imaginarse a él mismo dentro de esas historias que ella leía a diario, y entre las que ella pasaba tanto de su esquivo tiempo…

Hacértelo

Cada vez que me separo de ella, aunque sea solo por unos días, estos se convierten en cárceles para mi alma. Y, en solitario, la añoro como aquel niño que fui y que en septiembre tenía que irse de la playa hasta el verano siguiente. Cerrando los ojos y abriendo el alma pienso en sus caderas de piel trigueña por donde mis dedos pasean a su antojo; pienso en sus labios dormidos que los míos siempre despiertan a su pesar; pienso en su lengua caldosa y caliente que se entrelaza con la mía; pienso en sus senos flambeados, crujientes a mi boca; pienso en sus muslos calientes donde, siempre adrede, se queda atrapada mi mano; pienso en su sexo hiriente y profundo donde sé que un día moriré; y pienso, sobre todo, en hacerle eso que tanto me gusta hacerle…

¿No sabes qué es?
Pues te lo repetiré, como hago siempre que te miro: No hay nada que me guste más que… hacerte mía

OPEN ARMS

Dentro de cien años – seguro que antes también – se estudiará la existencia del OPEN ARMS. En esos estudios se debatirá sobre lo que pasó, y unos defenderán y aplaudirán que ese barco rescatara a personas para que no murieran ahogadas en el Mediterráneo, y los otros no podrán comprender cómo sus antepasados permitieron que sus gobiernos no les dejaran atracar en puerto sabiendo lo que allí estaba pasando…

¿De veras no se puede reescribir la historia? Antes no se podía. Ahora sí se puede. ¿Lo hacemos?