PREGUNTA A LA MARGARITA

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Me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, ¿no me quieres? me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere, no me quiere, me quiere…

¿Y qué más da, si quien tiene que querer soy yo?

TRÍPTICO DE LA NUEVA ANUNCIACIÓN

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A veces la Virgen, la Venus, o como cada uno quiera llamarla, aparece donde menos lo esperas… Eso es el arte.

ESE QUE TODO LO CURA

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¿Hablas de indiferencia? La indiferencia es algo de lo que es fácil hablar, pero difícil entender. Sobre todo si no eres la parte afectada por ella, sino la que la ejecuta. La indiferencia no es mas que un acto perfectamente recíproco, pero no todos lo saben.
Te recuerdo que nadie – ¡NADIE! – es imprescindible… Tú tampoco. Yo menos. El secreto de la felicidad está en el punto en el que aprendes a saber analizar eso.  Cuando lo tengas claro verás que todo es más sencillo.

Vivir con alguien puede ser igual que vivir sin él.

Firmado:  Yo, el tiempo… Algunos también me conocéis como “ese que todo lo cura”

FOTOS DE AMIGOS

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El sol de mañana estaba ya en camino hacia sus vidas, iluminándolas, dándoles un poco más de vida, y de calor… Pero no de amor, porque para eso no necesitaban más sol que el de los ojos que les miraban

¿Imaginas que ese día no hubiera salido? El sol siempre sale, aunque a veces lo haga un poco más tarde…

Ningún sol puede iluminar tu vida más que tú mismo y que todos los que van en ese barco contigo…  Felicidades, chicos, y gracias por compartir un poco de vosotros.

pdta: Haremos lo mismo.

CUENTO VERANIEGO: RAREZAS LLENAS DE NORMALIDAD

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Érase una vez un niño muy triste al que todos daban de lado, un niño con el que nadie quería jugar, aunque ninguno tuviera un motivo real para hacerlo. Le llamaban “el gordito”, “el zampón”, “el raro”, “el solitario”, “el triste aburrido”, y, algunos, incluso le llamaban “el extranjero”.
Juanito, que así se llamaba, pasaba las horas de sus días junto al mar, intentando pescar, aunque no supiera hacerlo, ni su objetivo fuera el de hacerse con los peces. A Juanito le gustaba observarlos,  incluso les hablaba, aunque nunca le contestaran.
Juanito, al ver los peces asomarse por la superficie, pensó que sus amigos querían volar como hacían los pájaros del aire a los que parecían mirar con envidia.
Un día, como tenía todo el tiempo del mundo, y poca gente con quien compartirlo, inventó una lienza de pescar unida a una cometa. Al principio los peces eran reacios a picar, y ninguno se acercaba. Juanito no ponía carnada para atraparles, como hacían el resto de los pescadores. Él hablaba con ellos, a la espera de que llegaran a entenderle. Los peces pasaban a su lado, se asomaban, incluso parecían escucharle, pero ninguno se acercaba hasta ese anzuelo de plástico, que, en realidad, era un medio para agarrarse y poder volar y soltarse cuando quisieran.
Juanito, día tras día, les pedía que mordieran ese anzuelo para poder volar, pero los peces no lo hacían. La persistencia de Juanito finalmente dio sus frutos. Un día uno de esos peces (uno que acudía allí a diario) se acercó hasta su anzuelo y lo mordió, apretando su boca para no soltarlo. Entonces Juanito, emocionado, soltó el hilo y el pez comenzó a volar, moviendo su cola alegremente hasta alcanzar varios metros de altura. Después, abriendo la boca, el pez se soltó y volvió al mar.
Juanito se emocionó, pero más aún cuando vio al pez repetir la jugada, enganchándose otra vez, y subiendo de nuevo al aire. En media hora no eran menos de doce los peces que allí repetían la acción, disfrutando del deleite de sentirse pájaro por momentos.
El espectáculo fue tal que no tardaron en acudir al muelle todos los niños del pueblo, comprendiendo que nuestro amigo Juanito era raro, sí, pero también era un ser maravilloso.

Y es que, a veces, las mayores rarezas están más llenas de normalidad de lo que pensamos…

ESTA NOCHE DE VERANO

, IMG_123906993854172Esta noche te he estado haciendo el amor hasta que él, el propio amor, me suplicó que, por favor, me detuviera, que le dejara descansar, que necesitaba un descanso…
Esta noche te he estado haciendo el amor hasta que el amor mismo me dijo que ya era suficiente…Que ya no cabía ni un poquito más de amor dentro del amor.