APRENDAMOS DE MÉXICO EN ESTO DE HALLOWEEN

Nunca fui muy de Halloween. Soy de la generación del “puente de los muertos” o “de los santos” y todo era triste, macabro y rancio. Me alegro de que mis hijas lo vivan de otra manera, pero de todas las cosas que he visto en este día me quedo con “el rollo” mejicano de mis amigas Teresa Camen y Jess Lobatón, una de Cádiz – pero ya muy mexicana – y otra mexicana – pero ya ya muy de aquí. Ole por las dos, y por enseñarnos a ver este día de otra manera

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a mi amiga Teresa se le murió la madre y, aunque la homenajea todos los días, en este tiene un recuerdo muy especial y bonito:

“Otro año más te ponemos algunas de tus cositas y algo de lo que te gusta para que picotees estos días.
Esta vez no te pongo un libro por que no creo que te de tiempo a leer nada con tanto jaleo y con tus nietos que no paran.
La Ginebra, he buscado Rives pero parece que esa marca solo la venden en Cádiz 🤷🏻‍♀️.
Te pongo las conchas, caracolas, orejitas que te encantaba recoger de la playa y una concha de ostión para que tengas un poquito de tu mar.
Unas bolitas de coco que solo a ti te gustaban , ahora ya no se quedan por que me las como yo 😀.
Tu colonia, tus collares , tus especias…
Sabes que no hay un solo día que no me acuerde de ti, te quiero mami.”

CONSEJOS PARA HALLOWEEN

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Nunca te hagas un “selfi” en el día de Halloween frente a un espejo… ¡Ni se te ocurra! Hay veces en las que esa fotografía te muestra tu verdadero tú, ese que tienes tan escondido que  ni tú mismo sabes de su terrible existencia…

Y ojo, porque si aparece ya no se irá, y esa misma noche, mientras tú duermes saldrá del espejo donde quedó atrapado… Y cuando salga no dudes que lo primero que querrá hacer será vengarse de ti y de todos los tuyos…

Y ya no despertarás más. O sí, pero con peinado diferente, con otra cara, y con miedo… Con mucho miedo.

CUENTO DE HALLOWEEN PARA TERCERO

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Cuando la seño Ana cerró la puerta de la clase, Gretel, David y Anna aún se estaban sentando. Ana se acercó a la pizarra, y empezó a escribir un nombre muy extraño: “Jack o’lattern
– ¿Qué es eso, seño? – preguntó Iván, llamando a Miguel
-¿No sabéis quién es? – preguntó Ana
– no – contestó Lucas
– Jack O’Lattern es el nombre de la calabaza de Halloween que tanto nos gusta
– ¡que nombre más raro! – dijeron al unísono Mateo, Hamza y Arteagabeitia.
Al escribir el nombre por tercera vez las luces de la clase tintinearon, y a a continuación se apagaron. Los niños, asustados, miraron la silueta de Ana, que seguía inmóvil, en silencio, con la mano aún sobre la pizarra.
– ¿Seño, estás bien? – preguntaron África y Redouan mientras Valentina se acercaba
– Seño, seño – repitieron asustadas Naomi y Celia
– ¿Por qué no contesta? – preguntaron Lope y Víctor
– ¿qué le pasa? – preguntó Joao a Pelayo
– ¿Y por qué no se muerve? – preguntaron Aaron y David
Fue cuando dos de los más valientes – Dani y Álvaro – se acercaron a ella cuando descubrieron que tras ese pelo no estaba la cara de su maestra. Los niños se asustaron tanto que corrieron hasta sus pupitres, escondiéndose bajo las mesas
– ¿qué pasa? – preguntaron Erik y Carmen
– ¡Es la seño! – gritaron Erica y Marcos, mientras Rodrigo y Gabriel se escondían también
– ¡Mirad! – la señaló Aitana mientras María cerraba los ojos – tiene la cara de la calabaza de Halloween.
Los niños se asustaron, Brian y Pablo gritaron, Erik y Hugo chillaron, y todos corrieron de un lado a otro, hasta que la propia seño les dijo que se tranquilizaran, que todo tenía una explicación.
– A ver, Aleksey, enciende las luces otra vez, y trae el libro de la estantería
– ¿qué libro, seño? – preguntó el bueno de Nico
– el libro de los conjuros para brujas
– no tenemos ningún libro de conjuros para brujas – dijeron Oliver y Emilia
– sí, mira bien, y verás como está ahí.
Los niños, asustados aún por el aspecto terrorífico de su seño,se acercaron a la estantería de los libros y allí estaba… ¡Ese libro no lo habían visto nunca! Era un libro de oro, con cuerdas y hierbas por dentro, y hacía ruidos raros… ¡Si hasta se movía solo, como si tuviera respiración propia!
Los niños le dieron el libro a la seño, y esta, señalando sus negros ojos vacíos en la calabaza que era su cabeza les dijo:
– ¿y cómo lo leo? tenéis que hacerlo vosotros.
Los niños buscaron el conjuro, hasta que África gritó: “aquí está, el conjuro de Jack O’Latern”
– Léelo, Alex – dijo la seño – o tú Yolanda…
– para quitar la cabeza de calabaza de quien haya escrito tres veces mi nombre en el día de Halloween, tendrá que enterrarla en el bosque más cercano, no estando nunca más alejado de diez acres del lugar del conjuro…
– ¡Rápido, vayamos al huerto de nuestro cole! – gritó Adrián
Bruno y Lucía llamaron a la seño Mari Ángeles para que fuera ella quien ayudara a Ana, y esta, ni corta ni perezosa, cogió a Ana de la mano y la llevó hasta el huerto mientras todos los niños les siguieron.
Todos estaban asustados mientras Mari Ángeles cavaba un pequeño agujero y en él metió la cabeza de Ana dejando su cuerpo fuera. El cielo se puso negro, se llenó de relámpagos y truenos. La seño no dejaba de moverse, como si su cabeza estuviera luchando allí dentro mientras los niños se apartaban sin saber qué hacer o decir. De pronto la lucha de la seño terminó,, y todo pareció calmarse. Cuando la seño estiró sus manos para que los niños le ayudaran a salir, todos sus alumnos, y Mari Ángeles, tiraron con fuerza hasta que la seño Ana pudo sacar su cabeza.
Cuando la seño ya estaba bien, y todos empezaron a vitorearla, descubrieron que todo el colegio estaba mirándoles por las ventanas de sus clases. Todos miraban preocupados, incluso asustados, y nuestra seño Ana cogió su varita con disimulo, apuntó con ella al agujero, y susurró: “dipiditarititum”
De repente el suelo comenzó a moverse como si fuera un terremoto, y del agujero comenzaron a salir cientos no, sino miles, de pequeñas calabazas de Halloween. Los niños se asustaron al verlas, pero al caer sobre ellos comprobaron que estaban repletas de chuches, y llamaron a todos los niños y maestros del cole para que bajaran a comérselas con ellos.
África y todos sus compañeros volvieron a casa diferentes aquel día… Su seño era una bruja, la bruja más divertida y buena del mundo… ¿Pero sabes lo mejor de todo? Que a todos les gustó la calabaza desde aquel día… En puré, en sopa, en cocido, y hasta frita.

Bueno, a todos menos a las “seños”, que acabaron algo indigestas con tanta calabaza aquel día.

 

¿Y SI CADA UNO CELEBRA LO QUE QUIERA CELEBRAR?

¿Y si dejamos que cada uno celebre lo que quiera celebrar, y, del mismo modo, dejamos que no lo celebre el que no lo quiera hacer? Las fiestas son para divertirse.
Los hay – y derecho tienen – que están en contra de las costumbres americanas, o de todo lo que venga de fuera de su país. Algunos están en contra de lo que venga de otra comunidad. Y los hay que están incluso en contra de todo lo que venga de fuera de su pueblo… A todos nos gusta lo nuestro, y nuestras tradiciones, y las cosas que conocemos, pero en el caso de Halloween reconozco que no solo me da igual, sino que lo prefiero como lo viven los niños ahora.
Cuando yo era pequeño el día de Halloween era la víspera de los muertos, y se iba al cementerio, y todo era serio y casi macabro. Al menos ahora los niños se divierten con algo tan natural como es la muerte (o como debería serlo)
¿Y si dejamos que cada uno celebre lo que quiera celebrar, y, del mismo modo, dejamos que no lo celebre el que no lo quiera hacer? Las fiestas son para divertirse.

¡ME GUSTA QUE MIS HIJAS CELEBREN HALLOWEEN!

Vagando por la eternidad: La noche de halloween

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Tras una eternidad vagando por este ya aburrido y monótono mundo fue en el año del 2018 – o eso creo recordar -cuando todo empezó a tener sentido otra vez. Jamás esperé encontrarlo en aquel pequeño pueblo en el que estaba de paso, como tantos otros, pero fue allí donde vi a aquella mujer tras aquella ventana, oculta entre sus cortinas, mientras se despojaba de esas ropas tan modernas. Verla desnudándose fue como volver a sentirme vivo otra vez… ¡Vivo! ¡Yo! Alguien que llevaba muerto ya más de dos siglos, justo desde que Electra decidiera poner fin a su eternidad.

Durante todos esos años había sufrido una más que aguda falta de emoción que se tradujo en una profunda crisis de identidad que mantenía mi pensamiento en suspensión de ideas y de deseos, y que flotaba por las noches al igual que mi cuerpo: sin ningún sentido, ni dirección concreta… Podía decirse que volaba por no estar parado… Nada más.
Aquella mujer me hizo izar de nuevo las alas, y frente a su ventana esperé hasta que el sueño se hiciera dueño de su alma. Juro que quería seguir de largo, como hacía todas las noches, deambulando por pueblos que aún no había visto, pero aquello me llamó tanto la atención que no pude resistirme… ¿Qué tenía que perder? ¿Tiempo?
Juro que sólo me colé en su alcoba para, mirarla, acariciarla, y, si acaso, con suerte suprema, para despertarla y besarla…

Ella dormía ajena a mí, y a todo lo que no fuera esa plácida noche de octubre que parecía casi de verano. Ella parecía un ángel, con el cabello caído sobre la almohada adrede, formando extrañas figuras circulares. Su cuello parecía de mármol, pero era caliente, como el resto de su cuerpo, que invitaba al deleite de la fiesta. No pude dejar de mirarla en ningún momento, hasta que mi dedo se acercó a su mejilla y la desperté.
Yo solo quería admirarla… Lo juro. Lo que no quería era matarla de esa forma tan violenta. Pero ya se sabe… Una cosa lleva a la otra.
Primero intenté besarla, pero ella no quiso recibir mi beso.
Después intenté calmarla, y la abracé, pero tampoco quiso recibir mi abrazo.
Entonces pensé en algo que sí recibiría – quisiera o no – y por eso saqué ese terrible y dulce cuchillo que tengo en mi boca y… ¡La tuve que besar sin compasión!
En total, recibió tres puñaladas en su cuello: una por el beso, otra por el abrazo, y otra, la tercera y definitiva, para que no sufriera más, para que dejara de gritar, y, sobre todo, para que dejara de mirarme con esa cara de miedo…

¿SABES EL NOMBRE DE LA CALABAZA DE HALLOWEEN?

Cuando los irlandeses llegaron a EEUU introdujeron la fiesta de la Noche de las Brujas, y también se llevaron consigo lo que sería el símbolo más famoso de la noche de Halloween: la Jack-o-lantern (la calabaza hueca con una vela dentro).

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Esta tradición viene de una leyenda irlandesa que decía que vivía en un pueblo un tal Jack que era la persona más mala imaginable – el mal en persona, decían – y cuando se murió se le prohibió la entrada tanto en el Cielo como en el Infierno. Desde entonces es condenado a vagar por el mundo buscando una entrada a uno de los dos sitios con la única ayuda de una col con una vela dentro. Los irlandeses americanos cambiaron la col por la calabaza, que era lo que tenían más a mano, y así es como nació la figura de esa calabaza llamada JACK O’LANTERN