Las doce uvas del egoísta

Por primera vez en muchos años he decidido ser totalmente egoísta a la hora de pedir mis doce deseos con las doce uvas. Por primera vez, cada uno de esos doce deseos será exclusivamente para mí, y no los compartiré con nadie más… ¡Todo exclusiva, y excluyentemente, para mí!

Es por eso por lo que cada una de esas uvas no llevará mi nombre tatuado a cada campanada, sino el tuyo.

“Ca uno es como es”

Mucha gente no sabe que aquellos que no están todo el día contando sus problemas también los tienen.

AWOLNATION: cuando mezclas ROCK AND ROLL con techno

Mezclas el rock y el techno, y te sale algo que puede gustar a todos

El barquero de los sueños

Ya te puedes dormir, cariño. No te demores. Es muy tarde ya. Recuerda que justo a media noche llegará el misterioso barquero que antes temíamos, y que ahora apremiamos…

Concilia el sueño, mi amor, que vuelve una noche más para llevarnos a aquella nuestra isla donde nuestro amor nos devuelve a la juventud, y donde solo se nos está permitido vivir unas pocas horas… muy pocas.
¡Y recuerda que hoy tenemos asuntos pendientes!

El regalo

¿Sabes qué es lo mejor de despertar a tu lado cada día, y no solo en navidad?
Que así Papa Noel no tiene siquiera que preguntar por mi regalo mas deseado…mpre eres tú, mi amor.
Y aquí estoy, embobado, mirándote embriagado, respirando tus alientos, acariciando tu piel… y deteniendo al asesino de besos que quiero ser en breve…

Sigue durmiendo, cariño… Duerme, duerme para mí. No se te ocurra despertar aún y acabar con la ilusión de un día tan especial.

¿SUPO ELLA QUE…?

¿SUPO ELLA QUE SU PIEL DE CELULOSA ESTABA LLENA DE HISTORIAS MARAVILLOSAS ESCRITAS POR MI MENTE?

¿O ERA MI MENTE PERTURBADA LA QUE ESTABA VACÍA POR CULPA DE LAS FRASES TACHADAS POR SU CUERPO?

HISTORIAS OSCURAS DE GRANDES GENIOS: MALVA, LA HIJA DE PABLO NERUDA.

Malva era la hija de Pablo Neruda y de Maria Hagenaar Vogelzang –Maruca. La pobre niña nació con hidrocefalia en un hospital de Madrid. Malva, flor de agua que crece cerca del mar, nació con una cabeza desproporcionada. Vicente Alexaindre dijo de ella que era «una criatura a la que no se podía mirar sin dolor»

Cuenta el premio nóbel que cuando fue al hospital a verla, el padre, emocionado, la cogió en brazos y se la mostró. “Tenía Una enorme cabeza, una implacable cabeza que hubiese devorado las facciones y fuese sólo eso: cabeza feroz, crecida sin piedad, sin interrupción, hasta perder su destino…».

Al estallar la Guerra Civil, la familia huyó a Montecarlo, donde el gran poeta se desentendió de su hija, a la que llamaba “un ser perfectamente ridículo”. Llegó a decir de ella que era «una especie de punto y coma»– y «vampiresa de tres kilos».

En 1936 el poeta abandona definitivamente a su mujer y a su niña. Las deja casi sin dinero en Montecarlo. Maruca cruza toda Francia con su niña enferma hasta llegar a Holanda. Maruca vive en pensiones y trabaja en lo que encuentra mientras a su niña la deja al cuidado de una familia cristiana. Suplica a Neruda que le mande dinero para poder darle de comer a su hija: «Mi último centavo lo gastaré en enviar esta carta».

Murió el 2 de marzo de 1943 en Gouda, donde está enterrada, lejos del mar donde crece la flor de la Malva Marina. Tenía ocho años. La madre de la niña avisa a Neruda de la muerte de la pequeña y le pide reunirse con él. Nunca más volvió a verle.

Que viene el Krampus (otro cuento diferente de navidad)

Eran más de las dos de la madrugada y Ramón no podía conciliar el sueño. Pensaba en su nueva Nintendo Switch, y por culpa del miedo a no recibirla, y de los nervios de una noche tan especial, ya no pudo dormir.
– ¡Cómo molaría despertar, que fuera ya de día, y tenerla por fin! – se decía, cerrando de nuevo los ojos, ocultándose bajo las mantas, e imaginando que ya se iba la noche. Cómo le encantaría poder llamar a Javi y a Sergio, y reírse de ellos porque sabía que sus padres nunca podrían comprársela.
Javi y Sergio habían sido sus amigos de guardería, y de barrio. Con ellos se había criado, pero el despido de los padres de estos hicieron que tuvieran que marcharse a otro barrio más pobre. Desde entonces nada fue igual. Años después compartían colegio de nuevo, pero de aquella amistad apenas quedaba nada. Él era popular, y ellos… ellos eran dos “pringaos” fuera de lugar.
Oculto entre sus sábanas no podía dejar de imaginar sus caras de envidia cuando vieran su nueva consola.
Los tiempos de robarles las chuches, de esconderles lápices de colores, o de perseguirles con sus otros amigos hasta acorrarlarlos en el viejo callejón tras el colegio para sacarles sus mochilas, habían pasado. Ahora tocaba reírse de ellos de otra manera… ¡Ya no eran unos simples críos como antes!
Por eso Ramón no podía dormir. A pesar de ser ese valiente del patio, ese que tenía a sus compañeros acobardados, tenía un terrible miedo a la oscuridad y, sobre todo, a esa puerta del armario que no había manera de dejar cerrada del todo.
Un ruido en el exterior le hizo levantarse y asomarse por la ventana. Aunque asustado no dudó, esperanzado de que el sonido fuera el del mismo Santa Claus entrando en alguna casa.
¡No podía creer lo que estaba viendo! Era el mismo Santa quien estaba entrando por la ventana de la casa de sus vecinos, dejando juguetes que sacaba de su saco. Estaba tan emocionado que no pudo volver a la cama, y decidió esperar a que entrara en la suya, y así sorprenderle… ¡Tenía que verlo con sus propios ojos!
Así, bajó al salón y se escondió tras un sillón. Estaba nervioso, y asustado, pero tenía que esperarle. El ruido de la ventana le alertó. ¡Dios, Estaba entrando en su casa! Unos pasos por la madera se acercaban hasta la chimenea…¡Era Santa! ¡En su casa! ¡Por fin!
Cuando Ramón salió de su escondite su sorpresa fue mayúscula. Ese Santa que allí había nada tenía que ver con lo imaginado siempre.Lo que había en su salón era, sin duda alguna, la criatura más horrible que había visto en su vida. Su rostro rojizo y horrible terminaba en unos cuernos sobre la frente. Tenía una larga lengua roja y una cabellera negra. Tenía todo el cuerpo cubierto de pelo, y sus patas parecían las de las cabras que vio unos días antes en su excursión a la granja. Ramón se asustó tanto que no supo reaccionar, y se quedó paralizado.
– Hola Ramoncito , mi más admirado discípulo – le dijo ese extraño ser, sonriendo de forma macabra
– ¿cómo sabes mi nombre? ¿quién eres? Tú no eres Santa Claus – dijo muy asustado
– ¿Santa Claus yo? Jajajajaja ¿No sabes quién soy,insensato?¡¡¡Yo soy el Krampus!!!
– ¿el Krampus? El Krampus no existe – dijo el niño, muy asustado
– ¿ah, no? ¿y esto qué es? – preguntó mientras abría la boca y su larga lengua se hacía de fuego
– ¡Mamaaaaaá! ¡Papaaaaaaá! – gritó aterrorizado mientras el terrible Krampus sonreía sentándose en uno de los sillones, dejando su saco que, por el movimiento de la tela, parecía estar lleno de niños.
– No grites Ramoncito … Nadie puede oírte. Soy el Krampus. Solo Santa podría oírte, pero no creo que venga a salvarte… En el reparto de regalos no te tenía en su lista
– ¿Santa no me quiso? ¿por qué no me quiso?
– Porque no eres bueno, Ramoncito . Tú eres de los míos,y tendrás que venir conmigo al infierno… Allí siempre hay una fiesta con mucha comida
– ¡no quiero tu comida!
– Jajajajaja – rió el Krampus otra vez – tú no vas a comer, tranquilo… Tú serás la comida… Yo me como todo lo que vuestro querido Santa no quiere
– ¿Están en ese saco Javi y Sergio?
–  ¿Javi y Sergio? No tengo ningún Javi ni ningún Sergio – dijo el Krrampus mientras leía la pequeña nota de sus víctimas
– ¿cómo que no? ¿por qué yo sí, y ellos no?
– pues supongo que porque ellos no son tan malos como tú. Todos los que no están en mi lista son para el aburrido barbas blancas
– ¡ellos son muy malos! Ellos me abandonaron cuando era niño, y se fueron juntos los dos
– ¿Y por eso te portas mal con ellos? ¿Por eso los odias?
– Sí, les odio por lo que me hicieron… Quiero que sufran como sufrí yo cuando me dejaron solo, sin ellos
– Está bien Ramoncito . Es la hora de que nos vayamos –dijo el Krampus, abriendo su saco y acercándose a él para meterle – y si Javi y Sergio son tan malos como dices, iremos a por ellos también.No tengo porqué no creerte
– ¿de veras? – preguntó asustado mientras la garra del terrible Krampus ya estaba sobre su pelo
– Sí, si es lo que quieres me los comeré y mataré a ellos primero… Te lo mereces
– ¿matarles? – preguntó Ramón horrorizado ¡Yo no quiero que los mates, ni que te los comas!
– Pero si los odias… Tú mismo verás como me los como antes de comerte a ti. Lo haré por ti
– Yo no quiero que los mates. Yo solo quiero que lo pasen tan mal como yo lo pasé mientras ellos eran felices… Yo los quiero. Son mis amigos del alma!!!
– Tarde, querido Ramoncito , tenemos que irnos. Tengo hambre – dijo el Krampus, cogiéndole, elevándole y llevándole hasta el saco,que a pesar de su pequeño tamaño, al abrirlo parecía un mundo entero
– ¡deja a Javi y a Sergio en paz! – gritó Ramoncito, mientras el krampus intentaba meterle en el saco – ¡no quiero que les hagas daño! ¡Ellos no son malos!
 Cuando el Krampus estaba a punto de soltar al niño para que cayera en el saco, un estruendoso ruido, acompañado de un humo blanco, se apoderó de la habitación.
-¡Fuera Krampus! ¡Vuelve al infierno! – gritó una voz, como de trueno, acompañada de una luz rojiza, que apareció de pronto, haciendo que elkrampus dejara a Ramón en el suelo
– ¡Santa, hicimos un trato! Ramón es mío
– Rompo el trato. Sabes que puedo hacerlo. Ramón acaba de demostrar que  no merece ser comido por ti
– No puedes romper un trato. Me lo llevaré y me lo comeré como dijimos
– No lo harás – dijo Santa, inmovilizando al Krampus con una especie de barita, mientras le decía a Ramón que corriera a su cuarto y se durmiera cuanto antes para que la noche de la Navidad no le devorara.
Ramón corrió a su cuarto, y se metió en su cama, y, sorprendentemente, se quedó dormido rápidamente, esquivando todos sus miedos y pesares.

Cuando a la mañana siguiente despertó seguía tan asustado que no se atrevió a salir de la cama… ¡Aquella pesadilla había parecido tan real! Sus padres y sus hermanos, como hacían todos los años, le levantaron y todos juntos bajaron para ver los regalos que había dejado Santa Claus.
Al llegar al salón todos se asustaron. La ventana estaba abierta, y había todo tipo de arañazos en el suelo. Era como si dos animales se hubieran peleado esa noche en su propio salón… No daban crédito a lo que estaban viendo, pero, por suerte, los muebles, el árbol, y los regalos, permanecían intactos.
¿Qué ha pasado aquí? – gritó su padre – ¿qué son esos arañazos en el suelo? Parece que hubiera entrado una cabra gigante… ¿Sabes algo de esto Ramoncito ?
–  ¿Yo? No, yo no sé nada, papá
–  ¿seguro?
–  Seguro
Cuando abrió su paquete y vio la tan deseada Nintendo Switch comenzó a llorar de emoción mientras repetía una vez tras otra: “gracias Santa, gracias por salvarme del Krampus”
 La consola llevaba tres mandos en su interior, y no solo uno como decía la caja. Cada mando tenía un nombre diferente. Tres nombres que pronto reconoció. Junto a uno de los mandos encontró una nota de Santa, que decía:

Han sido Sergio y Javi quienes me han convencido para que te de otra oportunidad. Ellos decían que tú eras bueno, y veo que no se equivocaron”

Fue ahí cuando comprendió que era otro regalo más que le hacía Santa Claus: Quizás el regalo más deseado, que no era otro que el del deseo de que volviera a llamar a sus amigos para que jugaran con él como hacían cuando eran niños. Y eso hizo esa misma mañana.
 
 
Y colorín colorado El Krampus derrotado