fotos de amigos: Volver a casa

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Allí estaba por fin. Nadie sabía como ella lo mucho que le había costado tomar la decisión de decir adiós a algo tan querido, y tan necesario, pero… Su pececito ya se había hecho mayor y la pecera de casa se le quedaba demasiado pequeña. No tenía dinero para una más grande… Demasiados gastos, poco trabajo, y un banco siempre amenazante con el maldito desahucio. Por eso se decidió a dar ese paso tan pensado como temido. No había más remedio que dejarle libre, sacarle de aquel mundo al que no pertenecía, y devolverle a su hábitat natural donde al menos tuviera una oportunidad. No era justo seguir allí, rodeado de soledad.
Aun así tenía miedo. Quería echarse atrás, volver sus pasos y pensarlo de nuevo. Lo que iba a hacer no tenía remedio posterior…
– Piensa, María, piensa – se decía a sí misma, sujetando con fuerza aquella bolsa transaparente – piensa bien.
Era verdad que aquella era la mejor salida, pero, a lo mejor, no la única. Era verdad que no podía seguir allí, donde tanto tiempo había vivido, pero también era verdad que allí había todo tipo de peces que lo podrían devorar, otras especies mayores y sin escrúpulos que estarían a la espera del fallo con el que devorarle, y también era verdad que ya estaba mayor y cansado… Esa era su única duda: ¿Cómo dejarle allí solo, sin una sola posibilidad de supervivencia? ¿Acaso tenía más oportunidades en el otro lado?
Con la bolsa en la mano cerró los ojos, caminó por el rebalaje notando cómo el agua les iba cubriendo… Abrió los ojos por última vez, quitó el nudo de la bolsa, y la dejó caer al agua. Después ella hizo lo mismo…

Por eso se metió en el agua… Para nunca más salir… Para escapar de los otros tiburones que le hacían la vida imposible… ¡Hasta ese momento!

PIETRO ARETINO ¿EL POETA MÁS RICO DE LA HISTORIA?

El 12 de Octubre de 1556 moría en Venecia el poeta más rico de todos los tiempos. Pietro Aretino dejó una fortuna de más de un millón de florines de oro, lo que nadie lograría, ni antes ni después, con la sola fuerza de los versos y el ingenio de su pluma.
A pesar de morir de una enfermedad normal corrió la voz de que lo había hecho de risa,  cayéndose de espaldas mientras reía a carcajada suelta.
Nació en Arezzo, hijo de un zapatero que no pudo pagarle los estudios. Siendo joven se fue a Peruggia donde trabajó como encuadernador hasta que con 25 años se fue a Roma siendo ya poeta del cardenal Julio de Medicis, quien le procuró la protección del papa León X.
Se hizo famoso por sus aceradas sátiras, lo que también le valió para ganarse enemigos que llegaron a atentar contra su vida.

Con el pintor Julio Romano ideó la serie de Los Sonetos Lujuriosos, con un constante juego de rimas sobre el sexo masculino (cazzo) el femenino (potta) y el indistinto (cul), escritos al pie de muchos dibujos obscenos.

Vivió siempre en la opulencia y el fasto, entreverado con episodios de desenfrenado libertinaje, y en su palacio veneciano, abierto a todas las corrientes, vivían con él sus 6 concubinas llamadas “las Aretinas”, a las que se sumó, ya en su madurez, Pernía Riccia, de la que se enamoró perdidamente.

Cuando ésta murió estuvo llorándola durante todas las noches de un año, encerrado en su habitación, al punto de la locura.

En su epitafio puso: qui gliace l´Arentin poeta tosco, di tutti parlo mal fuorche di Cristo, scusandosi col dir: “non lo conosco”

HEAVEN AND HELL

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Desde que él se fue en aquel barco que el mar se bebió, ella se quedó entre el cielo, entre el mar y entre la tierra… ¡Perdida a la deriva entre las tres!

Ahora ella vive perdida en el cielo de aquella boca que ya no volverá a besar nunca más… Ahora vive perdida también en el mar de aquel cuerpo donde no podrá volver a nadar nunca más… Ahora vive perdida en aquella tierra del color de una piel morena que nunca volverá a sentir suya nunca más… Y es que allí, frente a ese mar que un día fue tan de los dos, supo con una terrible verdad que la única manera de olvidar que él había desaparecido era desapareciendo ella también.

Ahora ella vive perdida en lo más infernal de un cielo que se va apagando poco a poco… ¿O es un infierno celestial?

A LAS… (EL PODER DEL VERANO)

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Aunque no dejaba de ser cierto que ya estaba harta de esas palabras rotas, de esos abrazos vacíos que nunca llegaban, y que estaba sin fuerzas para seguir adelante, al menos supe dibujar un cerco rojo en el mapa de mi deteriorado estado de ánimo con el que pude levantar una puerta que me mostrara que, aunque lejos, sí que había una salida de aquel caos absoluto donde me encontraba.

Ese era el poder del mar y del verano cuando se juntaban frente a mí. Allí yo era capaz de dejar ser ese pez atrapado en una pequeña y triste pecera, sin posibilidad del horizonte, y convertirme en ese pájaro de largo pelo en forma de alas dispuesto al despegue inmediato… ¡Y no volver!

A las una, a las dos, y alas…

LOS TRES INFINITIVOS

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Sé que no te volveré a ver, pero también sé que es lo que quieres y lo que necesitas… Yo, en realidad, no te necesito, ni necesito verte encerrado cuando sé que tienes tanto que ver y recorrer, y que no lo haces por culpa de este egoísmo mío…

Por eso utilizo estos tres infinitivos para despedirme de ti, tres infinitivos que juntos pueden ser menos duros que usarlos por separado: Saber dejar ir  (algo que todos deberíamos aprender a hacer, y algo que deberíamos practicar más).