SI ANDALUCÍA FUERA MUJER…

Si Andalucía fuera una mujer… ¿Acaso no lo es? Si no lo es ¿por qué Andalucía es tan luminosa, tan amable, tan acogedora, tan cariñosa, tan femenina? ¿y por qué te amamanta, por qué te deja vivir, por qué te da su calor, por qué eres siempre tú y no tanto ella? ¿Y por qué es puro amor, por qué es música de guitarra, por qué huele a madrugada y a rebalaje? 

Yo no sé si Andalucía es mujer, pero sí sé que es madre… Lo más parecido a mi Carmencita.

ESO QEU TROSO MALLAN “RACEH EL MORA”

FB_IMG_1462836278759.jpgHay en eso que otros llaman “hacer el amor” y que tú y yo llamamos subir al infierno del mismo cielo algo que escapa a mi cordura, como la misma frase que acabo de utilizar pensándote… Contigo, cariño, hay que despertar para que el sueño continúe, porque contigo los sueños comienzan justo en el momento del despertar.

Y es que, contigo, todo es al revés, contigo no existe ESO QEU TROSO MALLAN “RACEH EL MORA”

 

 

DICEN QUE ES JODIDAMENTE PARECIDO

 

fb_img_1461983520079De repente hace frío, mucho frío. De repente  aparece un calor sofocante… De nuevo frío, casi al punto de la congelación. Aparece también un dolor extraño, de esos que no eres capaz de saber en qué parte del cuerpo está, y se disfraza de todo tu tú, haciéndose dueño y señor de cada uno de los pelos de tu cuerpo.
Inmerso en una oscuridad silente te sientes tan solo como en realidad estás. Algo atenaza ese pequeño cuerpo que creías domar, y los nervios se tallan en mármol frío, alejándose de lo que por un momento creíste ser, pero nunca fuiste.
Un viento gélido acerca el eco lejano de un tétrico toque de corneta que suena desde hace ya tiempo, aunque no supiera de él. Entre el silencio se intuye un diálogo extraño entre vino y agua derramada… Y es el agua quien se hace esencia, y quien deshace ese espíritu cálido del buen vino que me gustaría escanciar sobre mi sedienta boca.
Hay también rumores de voces lejanas que se intentan comunicar pero que eres incapaz de entender. Hay rostros que se intuyen pero que no se pueden ver porque no recuerdas rostro alguno en ese pasillo angosto por el que te pierdes. Es irremediable el deseo de gritar y de llorar. El sufrimiento carnal – tu cuerpo se hace volcán – ondea sobre ti como esos cipreses que se mueven silenciosos cuando el viento les hace bailar en el silencio del viejo cementerio.
Oscuridad… Mucha oscuridad. De nuevo dolor. Todo se estrecha y todo se aprieta a ti. Hay una necesidad imperiosa de dejarse llevar, de escapar de allí. Te sientes confundido, como cuando quieres enviar una carta, pero no sabes la dirección; como cuando quieres detener la espuma de las olas, pero no sabes nadar.

De repente algo nuevo te arrastra, pero no huyes porque eres consciente de tu insignificancia, y la tierra manchada de fresca hierba que pisabas se abre ante ti y te muestra más tierra, pero desértica.
De repente una luz extraña te recuerda que tienes ojos, y que puedes ver.  Te deslizas como serpiente ciega hacia ella, pero todo sigue doliendo, todo se hace más frío aún, hasta que llegas a esa luz… Ahí, cuando por fin te bañas en ese estampido de calor blanco que te ciega, todo termina… ¿O todo empieza?
De repente una losa fría que se abre o se cierra… Nunca se sabe bien qué. Y es que, dicen que morir es muy parecido a nacer.