LA LEY (desvarío mental)

Todas las mañanas salía de casa siguiendo el mismo ritual. Paseo hasta el quiosco, primera ojeada a las portadas de Marca y As, algún escarceo visual hasta las portadas de las revistas para adultos, y nuevo paseo hasta el parque del Violón.

Mi ritmo cansino se aceleraba detrás de César, que disfrutaba de la arena, correteando por entre las plantas y haciendo sus primeras necesidades del día. Me gustaba verle feliz en la calle, y no encerrado en mi pequeño apartamento de apenas cincuenta metros cuadrados que él se encargaba de vigilar mientras yo descargaba sacos de cemento por unos miserables seiscientos euros.

No sabía bien porqué pero ese día algo me decía que mi vida iba a cambiar. Y lo necesitaba… ¡Vaya si lo necesitaba! Lo que no esperé nunca fue tanto cambio.

Cuando vi cómo atropellaban a César me quedé sin palabras. También sin respiración. En realidad, me quedé sin nada. No supe reaccionar. En ese momento no fui capaz de pensar en nada que no estuviera relacionado con la sangre que veía por todos lados, alrededor de ese coche de lujo que yo nunca podría tener.

Cuando el conductor – y culpable – detuvo el coche César ya estaba muerto. El muy cerdo bajó tranquilo, y ni se inmutó al verle espachurrado bajo la rueda trasera.

-Qué ha pasado, qué ha pasado? – gritó otro joven, intentando esconder una botella de Jack Daniels que el miedo le había impedido dejar en el asiento

-nada, un puto perro – dijo, mirando a César con cara de asco

-¡Qué susto! – dijo un tercero, bajando la luna trasera, mirando los restos del animal, que aún se movía por espasmos

-¡Joder, qué susto…Creía que habíamos  atropellado a un crío!

-¡Puto chucho de los cojones! – volvió a gritar el conductor, golpeando el cadáver del pobre César con esas violentas botas militares – ¡mira cómo me ha puesto el coche!

Después, con una frialdad increíble, sonrió, encendió un cigarro, y subió de nuevo al coche, dio otro trago de esa botella de licor, y el coche desapareció sin más.

Yo recogí el cadáver mutilado de mi César, ese que tantos años llevaba viviendo conmigo, y lo enterré en el patio de casa, donde tanto le gustaba jugar.

Lloré mucho al meterle en esa bolsa de basura negra, y en ese agujero que hice yo mismo. Nunca lloré tanto. Tampoco nunca sentí tanta rabia… Y enajenación.

Por la noche lo recordé todo, llorando, y pensé en la estúpida e inhumana sonrisa de aquel niñato mal criado. Entonces me sumergí profundamente en la desesperación y la impotencia de no haber hecho nada por César. Tan solo miré… y callé.

No pude conciliar el sueño. La noche era oscura y eso ayudó a dibujarla con los colores de la ira, el dolor y la desesperación.

Después pensé en la ley, sabedor de que tenía que ampararme en ella.

Lo malo es que esa maldita Ley no hizo sino empeorar las cosas, arrastrándome hasta esta maldita celda de la que no saldré en mucho tiempo… ¡MALDITA LEY DEL TALIÓN!

¿QUE NO CREES…? (microdesvarío mental)

¿Crees en los milagros?

si crees abre este archivo. Si no crees, no dudes en abrirlo.

Se lee en menos de treinta segundos, pero lo que dice, aunque parezca burdo, costaría escribirlo toda una vida (o más)

descarga – o abre – en pdf……………..Que no crees

CARRERA EN EL BOSQUE DE LOS FRESNOS CABIZBAJOS cuento infantil

Agila ratonPues señor: ese era, sin duda alguna, un día feliz en el bosque de los fresnos cabizbajos, ese bosque de árboles de gruesos y altos troncos, pero de frondosas copas ligeramente caídas hacia abajo.
Todos los lugareños, llamados también “cabizbajeros”, se dirigían, nerviosos y emocionados, hasta la explanada de los maizales recién cortados, donde algo importante iba a ocurrir en apenas unos minutos.
– Venga, corred – les gritaba una mamá a sus crías, observando cómo se quedaban las últimas – que va a empezar la carrera y llegamos tarde
– mamá, no podemos correr más. Somos tortugas.
Todos corrían y se dirigían hacia la amplia explanada, pero entre todos, era sin duda el viejo topo “Quetetopo” el que más preocupado estaba. En realidad parecía ser el único capaz de comprender lo peligroso de todo.
– Ya sabéis que es peligroso salir de la frondosidad de nuestros árboles, que tan bien nos protegen – dijo en más de una ocasión. En realidad, cualquier momento era bueno para repetirlo a todos y cada uno de los vecinos… en especial, a los dos interesados.
Pero todos estaban emocionados, y nadie hizo caso al sabio anciano…

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HUMOS (microcuento o desvarío mental… o vete tú a saber qué)

humo2udno tengo nada que decir sobre esto. Si te apetece lo lees. Si no pues…

Hoy no tengo ganas de decir nada. No hay ganas.

en pdf………….humos-_leno_

EL HOMBRE SIN CARA microcuento

caraverguenzaotro microcuento para que los papás se lean a sí mismos.

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BRILLAR POR SU AUSENCIA microcuento

bosqueaquí os dejo un microcuento de una sola página. Cuenta la historia de nuestra pequeña insecto Cruceta y sus miedos a la oscuridad, al enorme bosque, y a los demás animales. ¿Vencerá finalmente sus miedos? Adéntrate y compruébalo.

en pdf……………………0-brillar-por-su-ausencia

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MICROCUENTO CON TÍTULO AL FINAL (microcuent

cantarAquí os dejo otro microcuento de nuestros amiguitos del bosque. A ver si os gusta. Es cortito.  Para imprimir…………microcuento-con-titulo-al-final

El niño Juan vivía en casa con papá y mamá y su hermanita

Sus papás eran cantantes, y tenían mucho éxito. .

Tenían muchos discos. Incluso uno de oro.

Pero nunca, nunca, cantaban en casa.

Juan era tan travieso que en un mismo día

fue capaz de hacer treinta y nueve trastadas seguidas.

No se quiso levantar a tiempo, ni vestirse

No quiso lavarse los dientes, ni asearse

No quiso ir al cole, ni llevar los libros

Le pegó a su hermana, y le quitó su muñeca

Tiró la comida, y derramó el zumo

Se hizo pis encima, y no quiso lavarse

Y hasta hizo lo peor que puede hacer un niño…

EL FINAL AQUÍ……..microcuento-con-titulo-al-final1

MICROCUENTO DE AQUEL AL QUE SE LE CAYÓ LA CARA

sin-caraUn nuevo desvarío mental que se me ha ocurrido. Se trata de una serie de microcuentos.

Empezamos por el primero. A ver si os gustan. Son unas pequeñas tonterias que pasaron ayer noche por esta cabeza que el Gran Hacedor sigue sin querer arreglar.

microcuento uno en pdf…………………………………..cara-de-verguenza

PIPÍ microcuento n. 1 o micro desvarío mental

pajaro2

si quieres descargarlo aquí………………..pipi

Pipí era un pájaro libre, de no más de veinte centímetros, al que todos miraban de soslayo.

Su vuelo no era el más elegante a pesar de sus largas timoneras y su plumaje de vivos colores metálicos. Aun así poseía el vuelo más veloz de su bosque, lo que hacía que la confundieran con una mancha iridiscente de colores girando a gran velocidad. Sólo cuando se detenía ante una flor era posible observarla en vuelo, aunque sólo fuera por unos segundos.

Tenía un pico feo y curvo… demasiado alargado. Tampoco sus patas eran demasiado largas ni estilizadas… Aun así era un pájaro envidiado, y siempre estaba en el pico de todos los mordaces comentarios de la bandada.

Sin saber porqué la gran mayoría de aves de la pradera le mantenían alejado, a pesar de sus numerosos intentos por labrar una amistad.

Lo que no le perdonaba el bullicioso tropel de pájaros era que nunca tuviera contradicciones, que siempre piara lo que pensaba, a pesar de que no siempre gustaba a su interlocutor. Pero él se sentía bien así, sin mentiras, sin hipocresías… siendo él mismo en un ambiente que no aprobaba otra cosa que su propia condición. Lo que a los demás molestaba era algo contra lo que no se podía luchar… al menos él no quería.

Lo que no sabían todos – o sí, y les daba igual – es que, a pesar de decir cosas que a veces no gustaba escuchar, intentaba siempre ayudar a los demás. ¡Siempre!.

Quizás, lo que no le perdonaban era que fuera un pájaro que no se andaba por las ramas.