A MÍ ME GUSTA LA GENTE QUE ME GUSTA

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Nunca me gustó la gente aparente, esa gente que sólo le gusta que le gustes… Esa gente que va por la vida así, buscando gustar, simplemente. Tampoco me gusta la gente que te gusta que te guste… Esa gente que la ves y te gusta simplemente porque gusta a todo el mundo, y, por tanto, te tiene que gustar también a ti.
A mí me gusta esa gente que te gusta y no sabes por qué, ni quieres saberlo, esa gente que te gusta sin tener que gustarte que te guste. Me refiero a esa gente que tienes la suerte de conocer – a veces ni llegas a conocerla – pero te gusta así, sin más… Porque te gusta a pesar de las demás cosas, nunca por encima de todas las demás cosas. Me gusta esa gente que te gusta, que te gusta ver, que te gusta escuchar, que te gusta buscar, y que no tiene que competir con nadie más para que te guste. Me gusta esa gente que te gusta sin más y que hace que gustar sea como cuando eras niño, cuando las cosas te gustaban o no, y era algo que decidías tú. Me gusta hasta la gente que te gusta sin más explicaciones, aun sabiendo que, a veces, no es bueno que te guste… Esa gente que, cuando la miras, sabes que te gusta y no puedes evitarlo…
La miras, la escuchas, y sabes que te gusta… ¡Vaya si te gusta!

AYER FUE TU DÍA

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Felicidades. Ayer fue tu día si ayer fue el día de la poesía… ¿Y no dicen que la poesía es aquello que tienen todas las cosas cuando se mueven, y nos conmueven sólo con moverse? ¿No es la poesía el rocío que deja la luna sobre la tierra en esas noches en las que no pueden estar juntas? ¿No es la poesía esa brisa que llega a tu pituitaria cuando pisas descalzo la arena del Mediterráneo? ¿No es la poesía ese trozo de sábana aún caliente cuando te das la vuelta en la cama? ¿No es la poesía ese pelo que mece el viento como el trigo en los campos de Castilla? ¿No es la poesía, acaso, cerrar los ojos y que aparezcas – diría que sin esperarte, pero sería mentir – de repente? ¿Acaso no es la poesía el mayor, y más placentero, de todos los estados de ánimo, habidos y por haber? ¿Acaso no está la poesía en la risa de un niño, o en la mirada tierna de un anciano, o en una puesta de sol, o incluso entre las suaves notas que escapan de un piano?

Pues, querida, si todo eso es la poesía, felicidades… Ayer fue tu día.

HOMENAJE DEL EMPERADOR A SU CIUDAD

Me encuentro con esta fotografía, y con el mensaje “Gracias, Motril” de parte del pianista, premio nacional de la música, e hijo de la muy noble y leal ciudad, y no me queda más remedio que escribir algo al respecto. ¿Gracias? ¿Gracias a Motril? Querido Juan Carlos, creo que Motril y tú estáis ya empatados, y que somos los demás los que deberíamos de tener ese gesto con ambos. No conozco a nadie que repita más el nombre de Motril que usted (en oral y en escrito) y eso sí que es digno de mención… ¿Cuántos otros, con menos, no han olvidado sus raíces? Pero usted, lejos de eso, no hace mas que repetirlo una y otra vez ¿Y sabe? Yo le entiendo. Sólo los que nos vamos de nuestro Mediterráneo, y de nuestro trópico, sabemos lo que por allí hemos dejado ¿verdad? Eso que nunca se termina de dejar… Eso que siempre tenemos que volver a por él… Pero este caso es diferente. Él viaja por todo el mundo, él estudia culturas distintas, él tiene el don de la música, él lo tiene todo, y aun así sabe que parte de ese todo está en sus raíces, y por eso – además de por su talento – lo admiro desde hace tiempo.

Una vez más (vía fotografía) el homenaje se lo hace usted a nuestro querido pueblo. Gracias por tanto. Gracias por todo su arte a la hora de engrandecer algo ya mucho más grande de lo que pensamos. ¡GRACIAS Juan Carlos Garvayo por hacernos sentir con una fotografía casi lo mismo que con sus notas! Eso es arte, y el que lo tiene ¡lo tiene! ¡vaya si lo tiene!

Mi admiración por su música, mi respeto por su grandeza trabajada, mi cariño por su forma de ser, y la mayor de las envidias por todo ese arte que es capaz de derrochar con nada que haga… Si esto no se ha traducido bien, lo resumo: “hace muncho que me hací fan”

Desde aquí quiero recordar algo más de su grandeza. Era verano y, otra vez en su Motril, se le rindió un grandísimo homenaje (en realidad fue un regalo que él nos hizo a sus paisanos) En su momento más intenso, cuando el teatro entero le aplaudía, él tuvo EL DETALLAZO de compartir ese aplauso tan necesitado de su pueblo con un joven chaval, que le había pasado las hojas al piano, diciendo que pronto, en un futuro, sería otro gran artista. No sé si me emocionó más ver a mi querido Luis Barbero Maldonado allí, o el gesto en sí, pero sí sé que, con ese gesto, EL EMPERADOR me devolvió por un momento a mi añorado padrino, y esas cosas ya nunca se olvidan.
GRACIAS, Y MUY ORGULLOSO DE QUE ALGUIEN COMO USTED NOS REPRESENTE A BASE DE EMOCIONES