Desamores

Si uno de los dos cortó el hilo rojo fue porque, aunque en un principio todo fuera precioso y el hilo pareciera una prolongación más de su dedo, últimamente estaba demasiado tirante, e incluso dolía más de la cuenta. Últimamente el hilo ya no le seguía por donde quería ir, sino al contrario: era la fuerza del hilo quien decidía por donde se podía ir, y – quizás lo peor – por donde estaba prohibido hacerlo. Por eso, un día, al ver las tijeras…

Y pronto encontró otro hilo. Es verdad que aún no era del mismo tono rojo, pero con el tiempo…

cosas del rebalaje

Cuando cielo, mar y tierra se unen en un mismo instante, a los demás no nos queda sino callar, admirar, envidiar, y soñar… Callar por no saber qué decir que adorne el momento; admirar porque no te queda otra ante semejante espectáculo; envidiar porque sabes que ese momento es único, irrepetible, e incompatible; y soñar porque… ¡Porque es maravilloso soñar!

¿Y qué pasa cuando cielo, tierra y mar son una misma cosa, lugar, o persona?

Besos grabados en versos. Dibujo de Javi Ruz

No había pared que pudiera resistir cada uno de los martillazos que suponían cada uno de esos besos que ellos robaban al imposible más real. Y ellos  – solo ellos dos – sabían que daba igual el tipo de beso… Daba igual si ese beso era, o no, dado, si era solo soñado, o si era simplemente imaginado… ¡Todos eran igual! 

Todos los besos que ellos “nunca se dieron” parecieron siepre muy de verdad… Por muy de mentira que fueran…

Igual pasaba ya con su lápiz… Era una poderosa arma contra el tedio, que ellos -pintor y escritor – tenían que seguir aprovechando para que esos besos no vivieran solo allí, en aquellos papeles.